FICHA TÉCNICA
Título obra Asesinato sin crimen
Notas de Título Murder without crime (título en el idioma original)
Autoría J. Lee Thompson
Notas de autoría Eleazar Canale / traducción
Dirección José de Jesús Aceves
Elenco Carlos Cores, Claudio Brook, María Idalia, Olivia Michel
Escenografía Jesús Berrospe
Espacios teatrales Teatro Milán
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Asesinato sin crimen, en el teatro Milán". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de Asesinato sin crimen, en el teatro Milán
Armando de Maria y Campos
Una experiencia sobre mis comentarios teatrales que me ha sido beneficiosa se la debo a un joven actor que tuvo la virtud de ser sincero conmigo. Me dijo una vez: "Yo comienzo a leer sus crónicas por el último párrafo, que es en el que encuentro el juicio que hace usted a los actores. Todo lo anterior me parece muy bien, y nos ilustra mucho, pero lo que a los jóvenes nos interesa, a los actores en general, es que los críticos nos den orientaciones y nos digan que piensan de nuestro trabajo".
Tiene razón el joven actor. En nuestro afán de divulgar temas generales del teatro, ocupamos un largo espacio que debíamos consagrar a lo inmediato, a enjuiciar y en ocasiones a orientar a los intérpretes. La representación de una comedia de misterio como Asesinato sin crimen (Murder without crime), es excelente oportunidad para darle la mayor importancia a la interpretación sobre los antecedentes o la calidad de la pieza representada. Digamos, de una vez, que Asesinato sin crimen es una excelente pieza del género, porque mantiene suspenso el interés del espectador hasta que el autor tiene a bien resolver satisfactoriamente el embrollo por él ideado para que el público siga con pasión los incidentes de una trama cuyo final no debe sospechar. A esto se llama, en términos generales, suspense, que no es otra cosa que tener suspendido de un hilo finísimo el interés del público.
Asesinato sin crimen, de J. Lee Thompson, según la traducción muy hábil y muy eficaz de don Eleazar Canale, no es una más entre las piezas buenas del género policiaco o de misterio, como denominan a este género los norteamericanos. Es excelente y lo que es aún más difícil, original, y tiene momentos –el segundo cuadro del segundo acto–, trazados con singular maestría, y que pueden quedar como creaciones de antología. El final es lógico, de un gran patetismo y no exento de dramatismo. El cronista no debe, ni puede, decir más sobre el argumento de una pieza policial, cuya trampa debe ignorar el público, y en esto las piezas policiales tienen gran semejanza con las trampas que el público sabe bien que hacen los prestigiadores, y que no les gusta conocerlas porque en su ignorancia de éstas está la lealtad de un juego... lleno de trampas.
Cuatro actores intervienen en la trama de Asesinato sin crimen; por su orden de importancia son, Carlos Cores, Claudio Brook, María Idalia y Olivia Michel, Carlos Cores actúa como lo que es : un gran actor. Se identifica con el personaje y lo desarrolla a la vista del público con gran verdad, es decir, que lo vive, humano. Su Esteban no está en escena como personaje de comedia de misterio. Cores lo presenta lógico, lo vive con lealtad en todas sus reacciones y le da a la representación en general un aire de realismo como sólo puede hacerlo un actor que no se limita a aprenderse el papel, porque hace más: se aprende al personaje. Creo que esta interpretación situará a Cores en el lugar a que tiene derecho entre nosotros, por su calidad de actor y su honradez profesional.
Claudio Brook crea un personaje interesantísimo con el inconfundible sabor de los mejores de este género, no por ingenuo menos entretenido y siempre interesante. Brook puede lograr una creación de un tipo maniático –muy del género– con facilidad aparente, porque ya tiene dominadas todas las dificultades para lograr lo que es un triunfo en la escena: la difícil facilidad que sólo está reservada a los artífices que mezclan, con inteligencia, el arte y el oficio, y hacen de él un valioso artificio.
A María Idalia la encontré fría, un poco ausente de su personaje y se le siente ajena, un poco ajena a la no por convencional honda tragedia que confronta su marido. Sin embargo, pisa siempre la escena en actriz excelente.
La Srita. Olivia Michel llega al teatro por uno de los innumerables y siempre sospechosos caminos –en el terreno artístico por supuesto– el camino del cine. Su presencia es atractiva; su juventud, subyuga. Pero, amita a una actriz francesa que goza ahora de gran predicamento, Brigitte Bardot. Estas imitaciones pasan, pero no dejan de hacer daño a quienes las hacen, porque no les permiten encontrarse a sí mismas en la mejor edad para crearse una personalidad propia. En ocasiones tuvimos la impresión de que la señorita Michel había dirigido a su director, en vez de que éste la dirigiera. En fin, la señorita Michel tiene mucha afición y es muy joven. ¿Quién se acuerda, ahora, de los cientos de imitadores que tuvo Chaplin cuando apareció en las pantallas de todo el mundo, causando sorpresa, admiración y entusiasmo?
La dirección de don José de Jesús Aceves es muy lenta durante el primer acto, pero se aviva y sirve con lealtad a la acción en el resto de la obra, particularmente en el segundo cuadro del segundo acto. La escenografía realizada por Jesús Berrospe es discreta y correcta.