FICHA TÉCNICA
Título obra Fiesta musical
Elenco Carlos Amador, Lilia Guízar, Óscar Pulido, Leopoldo Ortín Campuzano, Carlota Solares, Carlos Amador, Tariácuri Amalia Mendoza, David Zaizar
Notas de coreografía Ballet de Felipe Segura; Ballet de Roberto Iglesias
Notas de Música Orquesta de Chico O’Farrill
Espacios teatrales Nuevo Teatro Ideal
Productores Luis G. Dillón / presidente de Espectáculos Mundiales, S. A.
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La revista Fiesta musical en el nuevo teatro Ideal". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La revista Fiesta musical en el nuevo teatro Ideal
Armando de Maria y Campos
Don Luis G. Dillón, presidente de Espectáculos Mundiales, S. A., ha querido dotar a la ciudad de México de un gran espectáculo frívolo como suelen presentarlo en ocasiones en Nueva York, Londres y París empresas profesionales del género, y no ha vacilado en gasto o en esfuerzo para lograrlo. El señor Dillón es un publicista muy experimentado y un entusiasta del teatro frívolo, que ha sabido conjugar publicidad, entusiasmo y dinamismo para crear un espectáculo en el que lógicamente están incluidos el entusiasmo, el dinamismo y la publicidad.
El señor Dillón ha realizado un esfuerzo gigantesco, pero no ha tenido en cuenta, a pesar de sus buenos deseos, una sólida tradición revisteril mexicana. Con más fastuosidad y más mujeres bellas que otros promotores de esta índole de espectáculos que le han precedido, creó el suyo, que no salva ninguno de los defectos fundamentales de los anteriores ni aporta en su organización nada realmente nuevo. Fiesta musical es una sucesión de números convenientemente agrupados, esta vez por países: México, las islas caribeñas y España. Para dar pretexto a una motivación lógica, se pensó en la necesidad de un argumento y, naturalmente, en un libreto, guión o escript, que son tres cosas distintas y difícilmente hacen una sola verdadera. No existe, propiamente, libreto; sí, un simple guión y como consecuencia de éste un vago escript. El clásico "paseante" de la revista española es aquí un locutor (Carlos Amador convertido en actor), cuya actuación personal es lamentable. Desventuradamente, el dinámico don Carlitos no logra una acertada actuación como animador, no puede hacerla como locutor y es una nulidad como actor. Como animador tuvo una idea que le fue rectificada de inmediato: invitó a las modelos que, semidesnudas, salieron al pórtico a tomar una copa con los espectadores, recomendándoles a las damas que acompañaban a éstos a que permanecieran por comodidad en sus asientos. Tan peregrina idea fue estrangulada de inmediato por los inspectores de espectáculos. Para muestra, basta una idea.
Bien; la interpretación del libreto nonato se confió a una bella muchacha, Lilia Guízar, a la que exponen a un ridículo injusto porque no le dan ocasión –salvo un pequeño número de canto al final–, de hacer lo mucho bueno que como artista de este género sabrá hacer. La intervención de los actores Óscar Pulido y Leopoldo Ortín Campuzano es, como de ellos, burda y morcillera. Interviene también la actriz de radio señora Carlota Solares, con igual fortuna que Pulido y Ortín. La lamentable actuación de Carlos Amador permite considerar como discreta la presencia en la escena de Oscar, Polito y de doña Carlota...
El espectáculo se divide en tres actos. El dedicado a México se limita a una aparición de un numeroso mariachi y del ballet mexicano que comanda Felipe Segura. Como solistas, intervienen la Tariácuri Amalia Mendoza y David Zaizar, llamado el rey del falsete. Amalia no luce lo que debiera, por falta de micrófono y porque esa noche se encontraba afónica. El ballet mexicano de Segura actuó con la disciplina y vistosidad que le son características.
Fiesta en el trópico es un espectáculo de números de origen caribeño en verdad deslumbrante. Desentona un poco la orquesta de jazz de Chico O'Farrill y sus discutibles arreglos. Esto equivale a llevar un poco el espectáculo del cabaré al teatro. Los bien disciplinados conjuntos de hermosísimas mujeres, fantásticamente vestidas sobre la base de que deben estar desnudas, es un espectáculo digno de uno de los mejores cabarés del mundo. Los números caribeños son excelentes todos, pero el llamado Calypso And Steel Band es realmente extraordinario. Revelación y emoción, sensualidad y sexualidad. Algo sin precedente en las múltiples y a veces monótonas manifestaciones artísticas caribeñas de origen negroide.
La intervención del ballet español de Roberto Iglesias no cabe, por su alta calidad artística, dentro de los límites normales de esta crónica informativa. Roberto Iglesias, mexicano de nacimiento –nació en las calles de la colonia de San Rafael– es un bailarín portentoso, el mejor para mi gusto de los contemporáneos españoles y uno de los más grandes que ha producido el arte milenario, embrujado y profundo que es el baile español, con hondas raíces morunas y gitanas. El espectáculo del señor Dillón adquiere, con la presencia del ballet de Roberto Iglesias, una categoría artística excepcional. Pero convengamos en que el espectáculo del señor Dillón no está en ningún momento a la altura del impar conjunto español de Roberto Iglesias.
El cronista cree de su deber dedicar en su oportunidad sendas crónicas a los bailes caribeños y al ballet de Iglesias, habida cuenta de que no obstante que también actúan en cabarés y centros nocturnos, se muestran al público en un gran escenario de teatro.