FICHA TÉCNICA



Título obra Canasta de niños

Notas de Título La visita de la cigüeña (título original)

Autoría André Roussin

Dirección Julián Duprez

Elenco Francisco Jambrina, Emperatriz Carvajal, Aracelia Chavira, Raúl Farell

Escenografía Vicente Echeverría

Espacios teatrales Teatro Ariel




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Canasta de niños, en el teatro Ariel". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Canasta de niños, en el teatro Ariel

Armando de Maria y Campos

Hace siete años, durante un período de crisis económica que padecía el país, semejante a la que en estos días sufrimos con resignación y esperanza, la compañía de comedias de Anita Blanch que actuaba en el antiguo teatro Ideal, en la calle de Dolores, y al que el cronista español Arturo Mori gustaba llamar "la bombonera", en recuerdo de una salita madrileña lugar de cita de la burguesía teatral y oficialmente conocida por Teatro Lara, anunció el estreno de una comedia que estaba obteniendo éxito en algún teatro de París, titulada en español, según la versión de Magda Donato, La visita de la cigüeña, del autor y actor francés contemporáneo André Roussin. Entonces, como ahora, agonizaba un auge del género teatral conocido por vodevil, invención de los autores franceses como es bien sabido. La compañía de Anita Blanch estrenaba La visita de la cigüeña, comedia de costumbres, y que por su argumento atrevido podía pasar por vodevil y calentar, como se dice en argot teatral, aquella claudicante y fría temporada. Interpretaron entonces La visita de la cigüeña la mencionada Anita Blanch, el gran actor Francisco Jambrina, una dama joven que después casó y abandonó el teatro, Rosario Gálvez y el galán cómico Alberto Catalá. Aquellas representaciones tendrán, sí se quiere, el carácter de una efemérides teatral, porque por primera vez pisó la escena mexicana una joven refugiada, Ofelia Guilmáin, interpretando el papel de una doncellita frívola y traviesa. Pasó inadvertido el estreno de la magnífica comedia de Roussin, que apenas si llegó a una semana de representaciones, y nadie más se habría acordado de ella si no fuera porque la inquieta actriz Emperatriz Carvajal decidió reestrenarla en el teatro Ariel con el título de Canasta de niños.

En esta ocasión Canasta de niños subió al escenario del Ariel precedida de un modesto preámbulo de chismes y chismorreos teatrales que a la postre resultó favorable, porque estamos en un momento crucial para los vodeviles franceses en México. ¿Cómo autorizar la representación de un vodevil más, cuando las autoridades de la ciudad tratan de reducir los estrenos y las reposiciones de este género teatral que amenaza con invadir la mayoría de nuestros teatros? Incluso llegó a calificársele, para los efectos de los impuestos municipales, como vodevil y aún se recomendó, según se dice, que director y actores se comportaran con sobriedad y respeto al público.

Lo cierto es que La visita de la cigüeña –o Canasta de niños– es una gran comedia en la que con el característico humor e ingenio del autor boulevardiero que es el comediante André Roussin, se aborda el tema de los conflictos que en el hogar de un político francés entrado en años y con hijos adolescentes –una damita y un jovenzuelo– provoca la anunciada visita de la cigüeña. El matrimonio maduro, él, ministro de la familia en un supuesto gabinete que gobierna Francia, y que se pronuncia en contra de la llegada de la cigüeña, aconseja en su hogar que se le tuerza el cuello a la inoportuna ave que ha anunciado una sorpresiva visita a la ministra. El hijo veinteañero ha apresurado sus relaciones con la secretaria de su padre y... la cigüeña está a punto de llegar. Por su parte, la hija adolescente, en vísperas de casarse, espera, a su vez con terror y con ilusión... la visita de la cigüeña. Roussain compone con este tema una gran comedia en la que con singular habilidad juega escenas, se recrea en los caracteres de sus personajes, particularmente en el del padre ministro, que sabe justificar ampliamente sus dos morales, una para el hogar, y otra como miembro moralista en un gabinete político en el que, por un cambio imprevisto, pasa de pronto al ministerio de guerra. Sátira pura, ingenio vivo y audaz y cuatro personajes arrancados de la realidad... francesa. Aunque, a decir verdad, si el autor la hiciera de Diablo Cojuelo y levantara los techos de las casas en cualquier ciudad del mundo, podría contemplar escenas semejantes. Su comedia no tiene o contiene una sola frase picaresca que no se ajuste a la realidad, grata para uno, cargada de temores para otros, de una visita de la cigüeña.

Para llevar al público el hondo mensaje de esta pieza de Roussini es indispensable contar con buenos actores. Francisco Jambrina repite su inédita gran creación de hace siete años y aun la mejora, porque tengo para mí que está en el zenit de su carrera de comediante sobrio y responsable que no se limita a aprenderse el papel, sino que va a la verdad, a aprenderse el personaje, que es lo que debían hacer todos los actores o comediantes que de verdad lo son. Su escena en el primer cuadro del segundo acto, con Emperatriz Carvajal, dándole doble interpretación a la visita de la cigüeña, está reservada para grandes actores. El demuestra que es uno de éstos, y me atrevo a asegurar que en México no hay más primer gran actor que Francisco Jambrina. Véalo el público en el ministro de Canasta de niños.

Emperatriz Carvajal, como la esposa madura o ministra hace gala de su oficio de gran actriz y sabe darle a su difícil personaje una ternura y una verdad que son el resultado lógico de una carrera ininterrumpida de estudio y respeto al teatro. Se revela dulce y tierna, frívola y humana, la hermosa Aracelia Chavira, en la hija, que sabe mantener una línea de ingenua, muy difícil de llevar. Raúl Farell es el otro ángulo de este cuadrilátero que contribuye a hacerlo perfecto. Su Jorge, hijo del ministro, parece cortado a su medida.

La dirección de Julián Duprez, sobria y medida, sirve a la obra y se ciñe a la idea del autor. La escenografía de Vicente Echeverría luce elegante y es cómoda para los actores. El público debe ver con confianza esta comedia calumniada como vodevil, que tantas ideas graciosas y honradas a la vez avienta el público a propósito de las inevitables visitas de la cigüeña.