FICHA TÉCNICA



Título obra El error de estar vivo

Notas de Título Lo sbaglio di essere vivo (título en el idioma original)

Autoría Aldo Benedetti

Notas de autoría Amadeo Recanatti / traducción

Dirección Enrique Rambal

Elenco Wolf Ruvinskis, Narciso Busquets, Manola Saavedra

Escenografía Julio Prieto




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El error de estar vivo, de Aldo Benedetti". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El error de estar vivo, de Aldo Benedetti

Armando de Maria y Campos

Los italianos han inventado un género llamado "grotesco". En ocasión del estreno en México de La torre en el gallinero de Vittorio Calvino, por Pedro López Lagar y Andrea Palma, expliqué largamente en qué consiste esta modalidad teatral italiana, que no ha logrado tener imitadores de calidad fuera de aquella península, aunque si sus equivalentes en las piezas del español Carlos Armiches, que se conocen por tragi-comedias.

No está de más una ligera explicación sobre el grotesco italiano, que es fundamentalmente una comedia deformada por un aire de caricatura trágica, sentimental o romántica y con un ligero movimiento de farsa. Podría compararse el grotesco con esos rostros a los que ha marcado un ataque nervioso y se mantienen contraídos, como contrahechos, un si son o no son cómicos o trágicos.

El error de estar vivo, de Aldo de Benedetti, es un puro grotesco, moldeado como comedia pero en el que el actor mezcló los más eficaces ingredientes del género. Aldo de Benedetti es un autor de abolengo en Italia. No es un reformador ni ha aportado al teatro italiano nada nuevo o maravilloso. Se ha limitado a escribir buen teatro para divertir a su público, y sus obras han corrido fortuna en el extranjero. Andará muy cerca de los setenta años. En México lo conocimos en virtud de la curiosidad literaria del malogrado autor nuestro Víctor Manuel Diez Barroso, con la deliciosa comedia titulada Dos docenas de rosas escarlata, que después volvimos a ver a Gloria Guzmán, cuando nos visitó, con el título de Los maridos engañan de siete a nueve. Antes de la guerra última habían alcanzado éxitos resonantes sus piezas Non ti conosco píu, Militzia territoriale, La redención de tití. El éxito le volvió a sonreír después de la guerra con Lo sbaglio di essere vivo, Los últimos cinco minutos y Patrizia.

El argumento de este grotesco está inspirado en el famoso cuento El difunto Matías Pascal, de Pirandello, que lo dio a conocer al mundo entero. Un marido tiene que fingir que está muerto para disfrutar los beneficios de un seguro de trabajo, y en tal condición se da cuenta de cosas íntimas de la vida de su esposa –falsa viuda– que harían morir a cualquiera; el muerto vivo resuelve volver de verdad al sepulcro donde está supuestamente enterrado.

El director Enrique Rambal no entendió el espíritu de este grotesco, porque principió por suprimir el prólogo a cargo del sepulturero, en el que se crea el clima de la tragicomedia que vendrá después; el largo prólogo, que requiere un actor muy experimentado, fue trocado –como truco– por una breve intervención grabada, en tono de narrador radiofónico común y corriente. Al entrar a escena el personal central no encontró el clima propicio, y el público sufrió sorpresa y desconcierto durante el primer acto, muy lleno de trucos y matices, gratos a Rambal, quien también suprimió al personaje muerto y vivo a la vez al bigotillo que le marca el autor para justificar, después, una explicación al portentoso parecido del hermano que sustituye al muerto vivo, y a la vez no ser reconocido.

El grotesco de Benedetti es tan excelente, y está construido con tan singular maestría, que se salva por sí solo. El segundo acto es un ejemplo de cómo se puede jugar con las más peligrosas situaciones sin caer en el comicidad, en la farsa o la tragedia. Esta pieza merece ser considerada por el mejor público de México.

Para que el lector tenga una idea de la categoría que deben tener los intérpretes de El error de estar vivo, bastará recordar que los principales personajes masculinos corrieron a cargo de Vitorio de Sicca y de Luigi Cimarra –no recuerdo quién fue la actriz principal–, en 1947. Wolf Ruvinskis obtiene una sobria y tierna creación del protagonista y revela menos matices de su capacidad artística. Narciso Busquets actúa y dice con mucha sobriedad y emoción su difícil personaje, el único ajeno al conflicto grotesco, y por esto da prueba para todos los buenos actores. Líneas especiales merece la humana y conmovedora interpretación que a la protagonista da, Manola Saavedra, que en todo momento está dentro del personaje real y siempre comprometido de un grotesco clásico en el que fácilmente se puede caer en la actitud falsa, en el tono poco sincero o artificial. Luce bellísima y, sobre todo, revela un rico talento de actriz.

La escenografía es de Julio Prieto y sirve a la obra como función mejor que como decoración. Antes, se llamaba a la escenografía y a los telones en general, decoraciones.

El error de estar vivo, es un grotesco digno de un público enterado e inteligente como el nuestro.