FICHA TÉCNICA
Título obra Sube y baja para dos
Autoría William Gibson
Dirección Luis de Llano y Manuel Calvo
Elenco Silvia Pinal, Ernesto Alonso
Escenografía Julio Prieto
Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Sube y baja para dos, estreno en el teatro de Los Insurgentes". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Sube y baja para dos, estreno en el teatro de Los Insurgentes
Armando de Maria y Campos
Los Estados Unidos vienen poniendo en práctica en cualquier lugar del mundo en que pueden hacerlo, diversos medios de filtración, es decir, de conquista pacífica, de invasión sin sangre y con dólares o para llevarse dólares, que de otra manera no se justificaría la filtración. Entre éstos figura el teatro, para esta clase de filtración los públicos mexicanos están, por lo pronto, inmunizados. Quién sabe si con los años...
Me refiero, no al teatro de un O'Neill, de Tennesse Williams, de Arthur Miller o de los que siguen en estas cumbres dramáticas, sino al teatro frívolo, al francamente comercial, al que tiene éxito de meses y aun de años en Broadway. Este género de teatro no logrará conquistarnos de primera intención.
Hace varios meses que viene rodando por las columnas de información teatral o cinematográfica la noticia de una pieza de gran éxito en la Vía de Plata de Nueva York: Sube y baja para dos, de Williams Gibson, en la que intervienen únicamente dos personajes, uno masculino, el otro femenino. Se eligió desde un principio para éste a la interesante actriz Silvia Pinal, pero antes de que los "productores" mexicanos se decidieran por el actor Ernesto Alonso, sonaron los nombres de otro muchos galanes. Por fin, tras de largas semanas de ensayos para memorizar un diálogo monótono y sin brillo, dirigidos por el actor Manuel Calvo y también por don Luis de Llano, la anunciada comedia norteamericana subió al escenario del teatro de Los Insurgentes, con dos premieres, antes de entregarla al público en general. La primera estuvo, como es costumbre, dedicada "a la prensa", con la asistencia de todo cuanto cuenta en alguna forma en el cine; la segunda fue de caridad. Asistimos a la primera y estuvimos toda la noche, igual que los intérpretes, con el alma en un hilo, en el hilo del teléfono que primero une o conecta los apartamientos de los protagonistas Gitel Mosca (Silvia Pinal) y Jerry Ryan (Ernesto Alonso), y luego la vida de éstos. El teléfono juega en la obra un papel tan importante como el bien definido carácter de Gitel y el difuso de Jerry. Sin teléfono, no se hubieran encontrado estos dos seres perdidos en la populosa Nueva York, y tal vez no hubiera sido fácil encontrar pretexto para que el autor Gibson escribiera esta obra. ¡Qué conflicto si el teléfono de descompone!
Sube y baja para dos debe tener cualidades que, vertida al español, hacen de esta comedia melodramática una de tantas, aburrida, sin esa calidad en el diálogo y ese suspenso en la acción que justifican la intervención de tan reducido número de personajes como son él y ella. Quienes han tenido ocasión de verla recientemente en Nueva York, dicen que su encanto y su interés radica en el slang en que está escrita. Sus traductores –que no aparecen en el programa– no acertaron a interpretar ese slang y a colocarlo dentro del que hablan en México personajes similares a esa desventurada, lista, tosca, tonta y luchona muchacha polaca nacida en Nueva York que es Gitel, y ella es toda la obra. El traductor debe ser de origen español, porque uno de los primeros términos que saltan de slang traducido, es el de "¡mecachis!", de oriundez madrileña y ya poco usado en comedias de los barrios bajos madrileños antes de la guerra española. Con este sentido del humor español y de la inactualidad entendieron los traductores que cumplían haciendo hablar a su personaje Gitel Mosca como una chica inculta, que no ha olvidado su origen judío, en Nueva York. A veces recurren a giros y modismos mexicanos, usados tal vez por los cómicos del Tívoli, pero sin colocarlos de manera que puedan dar al espectador la impresión de un lenguaje ininteligible, pero gráfico. Nada digo del personaje masculino, porque los traductores lo dejaron tan confuso, gris o indeciso, que en realidad sólo a través de otra interpretación y de distinta dirección se puede llegar a saber de dónde venía Jerry Ryan, qué hacía en Nueva York, por qué se encontró con Gitel Mosca, qué impulsos secretos de un amor frustrado (o latente) lo llevaron a despertarle una pasión por él a la pobre muchacha polaca y, finalmente, por qué la abandona y vuelve con su mujer, ya divorciados, para continuar una existencia inexplicable, gris, confusa.
Porque el tema de Sube y baja para dos no es otro que el de una aventura frustrada entre dos jóvenes solitarios, expuesta en un diálogo reiterado como tiene que ser todo lo que está confiado a dos personajes. La dirección no se pierde de vista; es discreta nada más y no desaprovecha ocasión para utilizar recursos de mal gusto. No los traigo a esta crónica para que el espectador, según su propia sensibilidad, los acepte o los rechace. No hay termómetro para registrar el buen gusto. Se tiene o no se tiene...
Silvia Pinal logra una magnífica creación de Gitel Mosca, inspirada seguramente en la de la actriz que estrenó esta obra en Nueva York, a la que, se afirma, se la vio varias veces. De cualquier manera, su versión española es para consagrar a una actriz, como ocurre con Silvia, inteligente y que ya sabe calar en lo hondo de un personaje que tiene hondura y profundidad. Ernesto Alonso, con un personaje difícil de habitar, sin el temperamento de la señora Pinal, con una voz característicamente dulce y ausente de matices, no logró rasguñar la piel de Jerry Ryan. Siguió a la Pinal en el curso de la comedia como la sombra al cuerpo.
Muy hábil la escenografía de Julio Prieto, utilizando, en escenarios separados, las áreas principales de actuación, que son los apartamientos de los dos personajes. Utilizó la estupenda maquinaria del escenario del Insurgentes para acercar o alejar el área de actuación en turno, bien iluminadas por cierto. Es una escenografía digna de Julio Prieto y del teatro de Los Insurgentes.