FICHA TÉCNICA
Título obra El jugo de la tierra
Autoría Carlos Prieto
Dirección Virgilio Mariel
Elenco Pilar Crespo (Pin), Antonio Raxel, Jorge Russek, Guillermo Zetina, Mario García González, Octavio Esquerra, Tomás Bárcenas, Roberto Rivero
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Teatro La Rotonda
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El jugo de la tierra, de Carlos Prieto, en el teatro La Rotonda". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
El jugo de la tierra, de Carlos Prieto, en el teatro La Rotonda
Armando de Maria y Campos
Reanudó el teatro La Rotonda su temporada de obras de autores mexicanos con el estreno de El jugo de la tierra, pieza en tres actos, de carácter melodramático, que no llega a drama, así mueran dos personajes, uno fuera de escena y el otro muy cerca de las áreas de actuación porque recibe el balazo que le priva de la vida estando en escena con tiempo para morir "en cajas". El jugo de la tierra es propiamente un melodrama inspirado en uno de los muchos episodios crueles durante los que los dueños indígenas de las tierras en que se presumía había petróleo fueron despojados de estas compraventas irrisorias, cohechos, contratos cómplices y asesinatos, sí era necesario.
Antes que Carlos Prieto intentaron llevar a escena episodios semejantes Francisco Monteverde y Mauricio Magdaleno. Monteverde estrenó Oro negro, pieza en tres actos, el 12 de octubre de 1930, en el desaparecido teatro Ideal, y Mauricio Magdaleno dos años después estrenó su pieza Pánuco 137 en el teatro Hidalgo, también desaparecido. Ambas piezas corren impresas. No es nuevo el tema, pues, como asunto teatral, y no es nueva en ningún aspecto la pieza de Carlos Prieto, cuya acción se desarrolla, violenta, en un clima de barbarie y de frialdad al mismo tiempo, fincado sobre un asunto amorosoa cargo, afortunadamente, de tres norteamericanos, que forman el triángulo tradicional, ella una ebria consuetudinaria, terriblemente ambiciosa, que por su vandálico vivir lleva a la muerte a su marido, y al amante, victimando personalmente al compañero de su atormentada existencia, todo sobre la ambición de comprar en una cantidad insignificante un riquísimo manto petrolífero. Todo esto ocurre precisamente a la víspera de la fecha memorable en que el presidente de México, Lázaro Cárdenas, declaraba propiedad nacional el subsuelo mexicano. Tal vez por esto le cuadraría mejor a la pieza de Prieto este título: Muertes inútiles o el 18 de Marzo.
El tratamiento que el joven Prieto da a este tema es tremendo. Desde el principio hasta el fin se respira un clima de violencia, sostenido por la norteamericana Helen, la borracha, que es un tipo falso de principio a fin. Cuesta trabajo a la imaginación más exaltada creer que exista una mujer tan perversa, tan malvada, tan puerca y tan artificial. También el autor hace odiosos a los otros dos norteamericanos, y esto no basta para que el espectador se sienta inclinado a ver con simpatía a los nativos, o mexicanos. Un tonto listo –como hay tantos en el teatro rural español– y pistoleros asesinos, y jueces vendidos a las compañías norteamericanas. No se salva nadie. El tratamiento de tema tan amargo y violento logra su fin de estremecer al espectador con una serie de visiones crueles y cínicas. No faltan las frases ni las palabras francamente escatológicas, que si se suprimieran no harían ganar nada a la obra, pero por lo menos disiparían el mal olor que se difunde por la sala cuando son pronunciadas.
Pilar Crespo, la única mujer de la obra, se entrega a su difícil, por artificial personaje, y convence como actriz de buen gusto que no cae en el melodrama como el personaje le exige, pero su labor es lamentablemente estéril porque anima una serie de situaciones que yo considero infructuosas. El buen actor Antonio Raxel, que con dos ensayos salió a hacer el personaje del gerente de la compañía petrolera norteamericana, como desconocía el texto, que se limitó a repetir con la ayuda del apuntador electrónico, cumplió sobriamente pero le imprimió extraordinaria lentitud a la acción. Está bien y convenció el actor Jorge Russek, y compusieron con cariño esa especie de pastiche que son sus personajes Guillermo Zetina en el Juan Tonto, Mario García González, en el pistolero a las órdenes de la compañía petrolera norteamericana, secundándolos, con estudio y buena interpretación Octavio Esquerra, Tomás Bárcenas y Roberto Rivero.
El director Virgilio Mariel cumplió con habilidad su difícil tarea de dirigir esta pieza incongruente y ambiciosa. Con mucho carácter y con el mejor propósito funcional la escenografía de David Antón.