FICHA TÉCNICA



Título obra Mi bella dama

Notas de Título My fair lady (título en el idioma original)

Autoría Alan Jay Lerner

Notas de autoría Bernard Shaw / autor de Pygmalion, obra en la que se basó My Fair Lady; Luis de Llano y Berta Maldonado / traducción

Dirección Manolo Fábregas

Grupos y Compañías Compañía de Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Critina Rojas, Mario Alberto Rodríguez, Ana María Blanch, Salvador Quiroz, Miguel Suárez

Escenografía Oliver Smith

Notas de escenografía Julio Prieto / adaptación

Música Frederick Loewe

Notas de Música Mario Ruiz Armengol / dirección musica

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Productores Producciones Liza de México, S.A.

Notas El autor también comenta sobre el origen mexicano de la comedia musical o comedia de figurón




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno en México de Mi bella dama, por la Compañía de Manolo Fábregas". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en México de Mi bella dama, por la Compañía de Manolo Fábregas

Armando de Maria y Campos

El estreno en México de My fair lady (Mi bella dama), revista musical norteamericana en la que se utiliza lo mejor de la obra Pygmalion, de George Bernard Shaw, intercalándosele a trozos de música y canciones, era esperado con viva ansiedad. Desde hace varios meses se viene hablando de esta obra y de la imposibilidad material de que la conociera el público de la ciudad de México por el alto costo a que obligaba una fastuosa presentación, incosteable por los precios de entrada a los teatros –doce pesos por butaca–, ni aún cubriéndose los cupos de coliseos tan importantes como el de Los Insurgentes. Por fin, se llevó a Monterrey, porque los regiomontanos sí pudieron pagarla. (Hasta allá no llegan, como es natural, las disposiciones de la primera autoridad del Distrito Federal). Después bajó a Guadalajara, que se encuentra en idénticas condiciones, y por fin llegó a México el tan anunciado espectáculo, teniendo que ceñirse sus empresarios al precio máximo señalado para los teatros: doce pesos butaca.

¿Vale el espectáculo Mi bella dama más de doce pesos? De acuerdo con una inversión lógica, y sin tener noticias exactas de sueldos y costo de vestuario, hay que reconocer que a pesar del bajo nivel de nuestra moneda, Mi bella dama no es más espectáculo que el que los metropolitanos, con alguna o mediana edad, han visto, por ejemplo, presentados por Eulogio Velasco y Manuel Sugrañés, en el Iris; Luis T. Maurente y los escenógrafos Tarazona, en el Principal; por Manuel Penella, en el Arbeu –por las mismas calendas que Velasco–, y después en el Bellas Artes (Don Gil de Alcalá); por Esperanza Iris, en sus todavía insuperadas posturas de operetas; por Marcus, en el propio Bellas Artes, o por Soto –Rayando el sol o Alma de América–, en el mismo gran coliseo. La postura escénica de Mi bella dama –vestuario, decorado y atrezzo– no es inferior a aquellas que he mencionado, pero tampoco las supera. El alto costo del espectáculo de Producciones Liza de México, S. A.,organismo que presenta Mi bella dama, se debe, seguramente, a los salarios de quienes intervienen en su interpretación.

Las recientes experiencias del público metropolitano a propósito del teatro musical de los Estados Unidos lo tienen un tanto escamado, y aún más sus comediógrafos de estilo ligero. Pruebas al canto: Ring, ring, llama el amor, y La terrible Ginger, y Un caballo blanco. En este caso, el libreto no puede defraudar porque ya sabemos que se trata de la magnífica y muy popularizada pieza Pygmalion, de Shaw. Convertida en obra musical. El autor de la adaptación –y de algunas canciones, además– siguió un orden, el viejo orden de la ahora en desuso zarzuela española. Pero no logró hacer una buena zarzuela española. Alan Jay Lerner también tuvo presente el proceso de exposición del género vienés, conocido por opereta, y que deviene de la ópera cómica francesa. El autor de la música –Frederick Loewe–, compuso fáciles fondos musicales y algunos otros números inspirados en habaneras o en valses austríacos. En un concertante muy teatral no pudo prescindir de los aires cancanescos. Las canciones de Alan Jay Lerner son fáciles, de escaso vuelo y agradables al oído. Bien; ¿qué es, pues, My fair lady? En rigor de verdad, un espectáculo musical norteamericano para norteamericanos. Le deseamos la mejor fortuna en la República Mexicana, en todas las que recorra al sur de Guatemala y quisiéramos que alcanzase su apoteosis al llegar a los escenarios de Madrid...

Aunque parezca increíble, este género de espectáculo ingenuo y entretenido y bien montado, que creen haber inventado los autores norteamericanos, lo inventó un modesto actor mexicano el año de 1857. Diré cómo, brevemente. El año de 1854 se había escuchado por primera vez en México la zarzuela española. Se le discutió, se le aplaudió, gustó mucho, en fin. Mariano Osorno, actor que provenía de los coros operísticos y director de compañías, representó el 27 de marzo de 1857, en el desaparecido teatro de Nuevo México, una comedia titulada Moisés en Egipto, a la que "exornó", es decir, a la que le introdujo piezas de canto y baile procedentes de las óperas Semíramis, Capuletos y Montescos, Belisario, Hermani y Los lombardos, adaptando las letras a las situaciones de la comedia. Tuvo gran éxito. A esto se le llamó "comedia de figurón" y tuvo larga vida en nuestros escenarios hasta los primeros años del segundo imperio. Una degeneración de la zarzuela y la comedia; mixtura de ambas. Es curioso el dato, y por esto recojo, y también para contrarrestar la costumbre nuestra (mexicana) de asegurar que lo bueno que veremos esta noche ¡no se había visto en México!

La interpretación de My fair lady está muy dominada. Manolo Fábregas se repartió el personaje del primer actor cantante, y si nadie puede negar que está excelente como actor, nadie tampoco, con sentido común musical, puede asegurar que canta. La señorita Cristina Rojas, debutante, tiene a su cargo el primer rol musical de la obra. Poca voz, afinadita y con un gran porvenir. Su presencia es grata, pero su inexperiencia le impide habitar plenamente personaje de tan sólida calidad. Obtiene un éxito fácil –por sus concesiones al público grueso– el actor cómico Mario Alberto Rodríguez. El numeroso reparto, del que destacan Salvador Quiroz, que sí canta, y Anita Blanch y Miguel Suárez, que no cantan, compone en conjunto y en detalle lo que se llama un espectáculo de indiscutible categoría. Imposible citar, como lo merecen, a todos los técnicos que intervienen en esta postura escénica. Destaquemos de ellos a Julio Prieto, escenógrafo, que adaptó conveniente la escenografía de Oliver Smith, y al director de la excelente orquesta –que se oye poco a pesar de su buena calidad– Mario Ruiz Armengol.