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Columna El Teatro
Gutiérrez Nájera y el estreno de Carmen*
Armando de Maria y Campos
¡Qué deliciosos trajes los de las gitanas! Gutiérrez Nájera ve como circasianas a las gitanas andaluzas, porque en seguida agrega: ¡Así se visten las mujeres en Circasia!, y continúa su crónica: "Para un francés no hay más mundo civilizado que el que se divisa desde la Cúpula de los Inválidos en España no tiene para ellos más que tres formas únicas el fraile, el bandido y el torero. Las señoras de la corte española usan navaja en la liga y los príncipes de la sangre clavan banderillas en honor de sus dulcineas. No hay más que tres tipos de españoles: Diego Corrientes, Pepe Hillo y el cura Merino. Para un francés, la marsellesa de los españoles es una jota.
"Durante el acto se aquieta un tanto cuanto el movimiento de los gomosos en el escenario. Este escenario es el mismo que describió el novelista parisiense en Naná. Los mismos cuartos sucios, los mismos aires colados, las mismas manchas vinosas en el terciopelo chafado de los sillones. Todo igual. Diez o doce infelices vestidas a la última moda del Paraíso, tiemblan de frío apoyadas en los bastidores. Los telones están viejos. Todo paisaje escénico, hasta el que representa el Valle Chamounix para Linda, es parecido aquí a la Selva Negra.
"La ópera cómica más acabada que ha puesto en escena la compañía francesa es, sin duda, la Carmen, de Bizet."
El estreno en México de Carmen, tuvo verificación la noche del 11 de febrero de 1881, en la décima función de abono, y se encargó de cantar la protagonista la tiple Marié, a quien acompañaron Helene Leroux, el tenor Joseph Maurás, en el rol de José, y en otros menores Nigri, Poyant la Gregoire y la Merle.
Gutiérrez Nájera exhibe su prematura erudición haciendo una semblanza de Bizet, según lo que "dice un famoso crítico alemán". Nos revela que fue yerno de Halevy, el autor del libreto –en colaboración con Mailhac–, y proporciona al lector algunos datos que ahora nos resultan manidos. Era ópera cómica se había cantado por primera vez en París el año de 1875. Estaba, aún, sin consagrar.
Es en seguida de formar una ficha sobre Jorge Bizet cuando Gutiérrez Nájera principia a pintar con palabras el retrato de Cecile Gregoire. Se complace en los detalles como buen retratista que no ignora que los tres elementos fundamentales de un buen retrato son el parecido, la composición del lugar en que se halla el modelo y la calidad de los materiales empleados. Todo ello hay en el retrato que de Cecile hizo Gutiérrez Nájera:
"Un viajero que mucho se parecía a M. de la Pallase observó que si no todas las conchas tenían perlas, casi todas las perlas se encontraban en las conchas. Para las mujeres la concha se llama el matrimonio. Cecile Gregoire es casada. Yo siempre temo entrar en el cuarto de una actriz y ver de cerca las decoraciones. Soy algo conservador en política, en dinero y en ilusiones. Las mujeres de teatro son como esas serpientes de Pharaón, formadas por una débil y caprichosa espiral de humo; al menor contacto se desvanecen. Por fortuna, tratándose de la bella Cecile, no se corre, ni remotamente, ese peligro. Es una mujer que resiste la prueba de la conversación. Sus ojos pueden examinarse de cerca, siempre que los bomberos no están lejos. Me hielo de espanto y de pavor imaginando lo que ocurriría si la Gregoire contemplara con su mirada intensa un cajón de dinamita.
"Cecile vive tranquila y sosegadamente, en compañía de Poyard, su marido, y de dos pequeñuelas cotorritas. Poyard es un corazón de oro... asegurado de ladrones. Las dos alegres cotorritas aprenden el francés interiormente, y pasan su existencia mordiendo terrones de azúcar en la graciosa mano de Cecile. Adentro, en grandes ajas, se adivinan los trajes de teatro. Madame Gregoire tiene un admirable guardarropa. Si yo tuviera la aguja de Valeria, escribiría con ella una admirable crónica sobre esos trajes.
"Por desgracia, cuando miro a Cecile, no pienso en sus vestidos. Su voz no es muy extensa, pero perfectamente entonada. Jamás asciende con esos gritos agudos que arrancan aplausos a los ignorantes y desgarran el oído de los inteligentes. Es una voz como ella, honrada.
"La biografía refiere que Cecile nació en Italia. Es una obra italiana con pasta parisiense".
Hasta aquí Gutiérrez Nájera. Otro testigo de esta temporada, Enrique de Olavarría, historiador de aquella época "retoca" el retrato de la Gregoire con las siguientes frases: "La Gregoire fue sin duda el mejor cuerpo femenil de la Compañía: su voz era limpia y tersa, pero escasa, un revistero, elogiando los hermosos labios de la Gregoire, decía que las notas son muy necias, pues si tuvieran alma no saldrían de la prisión de aquella boca de terciopelo y de granada en nuestro sentir, no fueron esas notas tan necias como se las suponía, pues si bien es cierto que pugnaban por salir de sus delicados labios, no siempre lo lograban sino a medias".
Notas
* La crónica no fue publicada en esta fecha. Sin embargo, respetamos el registro hecho por la recopiladora, ya que el tema aquí tratado coincide con la serie dedicada a Gutiérrez Nájera en este mes.