FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza de Manuel Gutiérrez Nájera como cronista teatral




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Gutiérrez Nájera retrata a los empresarios del año 80". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Gutiérrez Nájera retrata a los empresarios del año 80

Armando de Maria y Campos

Por lo visto, Cecile Gregoire impresionó agradablemente al joven Gutiérrez Nájera, porque el retrato literario que le hizo a lo largo de las crónicas que dedicó a la Gran Compañía de Ópera Francesa, de Mauricio Grau, es francamente benévolo. Ya verá el lector por qué.

Gutiérrez Nájera, nacido en 1859, contaba 22 años aquel de 1881, en cuyo mes de enero debutó la compañía de Grau. La primera figura lo fue Paola Marié, anunciada como primadonna principal de Les Folies Dramatiques, Les Varietes y Les Bouffes parisiens. Exigencias artísticas obligaron a Grau a anunciar con idéntica categoría a Mary Albert. En seguida venían, anunciadas con el mismo crédito, Helene Leroux, prima donna principal del Gran Teatro de San Petersburgo, Covent Garden, de Londres, y principales teatros de París; Cecile Gregoire, del teatro Les Bouffes Parisiens, y de los teatros principales de Francia; Paulina Merle, de los teatros principales de Nantés y Bordeaux; Felicie Delorme, de los teatros Les Folies Dramatiques, de París, y Les Fantaisies Parisiennes, de Bruselas. Omito los nombres de las segundas figuras femeninas; unas francesas, otras italianas que integraban un conjunto de quince muchachas detrás de las cuales andaban día y noche los pollos de nuestra alta sociedad. El tenor Mauras lo había sido de la Ópera Cómica, de París, y del Gran Teatro de San Petersburgo. Y así todas las primeras figuras fueron anunciadas como procedentes de los principales coliseos del mundo. Un coro de cuarenta voces fue completado con algunas coristas contratadas en México, pero la orquesta de treinta músicos fue conjuntada íntegramente en México. El director de orquesta fue un maestro de apellido Almeráz, pero el personaje que nos importa es el del representante, encargado de proporcionar las entradas de favor, o "pases" que decimos ahora, a los periodistas, entre los que se encontraba nuestro Manuel Gutiérrez Nájera. Este representante se apellidaba Comeli, y lo recordamos ahora y se le recordará por muchos años porque Gutiérrez Nájera recogió su cumbre en la crónica que vengo glosando.

Dejemos unos instantes a la señora Gregoire en su camarín mientras Gutiérrez Nájera nos describe el tipo de empresarios al que pertenecía el señor Grau. Recuerda Gutiérrez Nájera haber leído en la Naná, de Emilio Zolá, un trozo de observación finísima y de naturalismo delicioso; "es el primer capítulo –dice– en que se habla del teatro, del empresario Sordenave, de las coristas y los accesorios. Así es en verdad, así es el teatro. Pasad el ancho pórtico del Nacional, subid los cuatro o cinco escalones que os separan de la sala, recorred los corredores, entrad luego al escenario y decidme después, con el estudio de Zolá en la mano, si hay exageración, mentira o simple disimulo en ese croquis trazado sobre papel 'velin' con lápiz rojo, por un hombre que hace retratos con la pluma, como Daubet hace paisajes y como esculpía Gautier estatuas. Preciso es atender por de contado a la enorme preferencia que hay entre los grandes centros parisienses y nuestra sociedad pobre y raquítica. Por eso mismo he puesto en parangón el mejor teatro de México con el teatro mezquino y segundón del empresario Bordenave. Habrá, sin duda, grandes diferencias, pero las líneas principales son las mismas. La levita varía de forma, está cortada por Dambourgés o mal zurcida por el humilde remendón de algún portal pero el hombre que la lleva es el mismo".

En seguida Gutiérrez Nájera describe, por su cuenta, cómo es el empresario en México. Si nos atenemos a lo que pudo haber visto en sus escasos 22 años debemos conceder que su experiencia era bien precaria, pero como todo era imaginación en él no vaciló en afirmar: "Así En seguida Gutiérrez Nájera describe, por su cuenta, cómo es el empresario en México. Si nos atenemos a lo que pudo haber visto en sus escasos 22 años debemos conceder que su experiencia era bien precaria, pero como todo era imaginación en él no vaciló en afirmar: "Así es por lo común el empresario: un vividor, goloso, gruñón, lleno de deudas, procaz y crudo en el hablar; un Júpiter aglomerador de nubes que lanza rayos desde la contaduría; un sultán de siete colas, cuyo harén es el escenario y que, como el famoso príncipe de Hohenzenllern, dice a sus amadas: Tengo una pierna de plata, ¿quiere usted arañarla? Por lo común también a fuerza de pellizcos y de araños, el empresario se va quedando sin su pierna, y muere como Miirger, como los grandes poetas echadores: en el hospital. Los periodistas tutean al viejo zorro que les envía billetes para cada función y los presenta con las actrices más en boga. Allí, tras la angosta reja de la contaduría, muy más terrible aún que la rejilla del confesonario, se forja ese monstruo de cien cabezas y cien bocas que se llama la opinión pública. Las actrices van allí a desgreñarse y a cobrar el sueldo. El empresario preside, como Júpiter en las tempestades: jura y blasfema como un carretero o un gomoso, raja la mesa a fuerza de golpearla con su bastón poder ejecutivo, y paga... cuando quiere.

Es por lo común el empresario: un vividor, goloso, gruñón, lleno de deudas, procaz y crudo en el hablar; un Júpiter aglomerador de nubes que lanza rayos desde la contaduría; un sultán de siete colas, cuyo haren es el escenario y que, como el famoso príncipe de Hohenzenllern, dice a sus amadas: Tengo una pierna de plata, ¿quiere usted arañarla? Por lo común también a fuerza de pellizcos y de araños, el empresario se va quedando sin su pierna, y muere como Miirger, como los grandes poetas echadores: en el hospital. Los periodistas tutean al viejo zorro que les envía billetes para cada función y los presenta con las actrices más en boga. Allí, tras la angosta reja de la contaduría, muy más terrible aún que la rejilla del confesonario, se forja ese monstruo de cien cabezas y cien bocas que se llama la opinión pública. Las actrices van allí a desgreñarse y a cobrar el sueldo. El empresario preside, como Júpiter en las tempestades: jura y blasfema como un carretero o un gomoso, raja la mesa a fuerza de golpearla con su bastón poder ejecutivo, y paga... cuando quiere.

Continuaré reproduciendo y glosando a Gutiérrez Nájera.