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Columna El Teatro
Manuel Gutiérrez Nájera, cronista teatral
Armando de Maria y Campos
El maestro José Juan Tablada me dijo alguna vez, y de esto hace ya muchos años, en el curso de una conversación: ¡Cuídese usted de los enterados, porque son los que no se enteran de nada!... Y es verdad. Quien presume de enterado de alguna cosa cree que con saber que lo es le basta, y no se preocupe de más.
Este año se cumplirá el primer centenario del poeta y cronista Manuel Gutiérrez Nájera, quien, como se sabe, ejerció el periodismo en las más variadas formas para poder subsistir. Como periodista fue un cronista de personalidad todavía extraordinaria, no superada dentro del marco de su tiempo. En este género de la crónica dedicó muchas a comentar los espectáculos teatrales de su época, que merecen ser conocidas porque Gutiérrez Nájera actuó como cronista profesional, esto es, como cronista de teatros y no como escritor que escribía accidentalmente comentarios de teatro. Desde hace algún tiempo me he dedicado a rescatar de las tumbas que son las colecciones de periódicos empastadas, las crónicas de teatro de Manuel Gutiérrez Nájera, y me proponía publicarlas este año, como ya en otra ocasión he dicho, pero al saber que la Universidad Nacional de México había encargado al doctor E. K. Mapes, de la Universidad de Iowa, la edición de su obra completa, puse a disposición de la propia universidad mi entusiasta trabajo, y ésta acordó, con la aprobación del doctor Mapes, que figurara dentro del trabajo del investigador norteamericano.
Viene esto a cuento –o a crónica aclaratoria– porque recientemente se publicó una, revelando que Manuel Gutiérrez Nájera había escrito sólo ocho crónicas de teatro y que éstas habían sido publicadas en el periódico El Correo Germánico, según el profesor Boyd G. Carter, en su trabajo Manuel Gutiérrez Nájera. –Estudios y escritos inéditos. La moderada relevación del profesor Carter ha sido acogida como cierta por quienes se tienen por enterados y resulta que no lo están.
Manuel Gutiérrez Nájera escribió muchas crónicas de teatro porque fue cronista de esta rama periodística durante varios años, lo mismo de joven que cuando se encontraba en la edad madura; murió, como se sabe, a la todavía temprana edad de 36 años.
No sé si la Universidad Nacional de México llegue a publicar la ópera de Gutiérrez Nájera y ante el temor de que se pierda la oportunidad de revelar a la crítica teatral de ahora y a quienes se interesen por las cosas de nuestro teatro, la calidad y la maestría de Gutiérrez Nájera como cronista teatral, me propongo glosar –reproduciendo de preferencia– trozos de sus mejores crónicas.
Gustaba de retratar en sus crónicas a las actrices y a las cantantes. El empresario Mauricio Grau, que periódicamente nos traía compañías en lengua francesa, presentó a nuestro público a la cantante Cecile Gregorie.
"La conocí –dice Gutiérrez Nájera– en el restaurante de Recamier, al día siguiente de su llegada. Vestía un inmenso paletot de viaje y devoraba un pedazo enorme de pastel. Los polvos de arroz no habían sustituido aún al pegajoso polvo del camino. En sus oídos debía sonar todavía el ruido de la locomotora. Hacía una mañana hermosísima para vender brillantes, como dice un joyero amigo mío. El cielo, bien cubierto con su espeso chaleco de franela, tosía asmáticamente, imitando el estrépito del trueno. Mi paraguas, un mueble perfectamente imbécil, descansaba en un rincón, escurriendo con gravedad diplomática el agua de los cielos...
"No tiene esa hermosura teatral que puede contemplarse a ojo desnudo, siguiendo las pronunciadas curvas del busto escultural. Cecile es una belleza suave y delicada, una mujer de porcelana de Sevres, correcta como su voz y amable como su carácter. Pertenece a esa raza privilegiada de mujeres que compran flores para ponérselas en el cabello, y no cabello para ponérselo en las flores. Puede exhibirse a la curiosidad del público, a la luz cruda de las tablas y a la luz de la bomba deslustrada que alumbra los secretos de su tocador: su vida y su escuela de canto son irreprochables. ¿Por qué equivocación de su destino canta Cecile el repertorio de Offenbach, en vez de interpretar únicamente la gran ópera cómica francesa? Gregoire no tiene ciertamente ese talento de los brincos ni las dislocaciones que arrancan tantos aplausos en la ópera bufa y en el circo. La mirada no parte de sus ojos con esa provocación resuelta e insolente que hace bajar los párpados de la mujer honesta. Jamás lo hemos visto, ni aún cuando ha representado el papel peligroso de la Bella Elena, en traje de carta de confianza, es decir, sin cubierta. Las pestañas negras ponen un velo de honestidad a sus miradas, y el escote discreto de sus trajes, nos prohíbe decirle lo que podíamos decir a más de una corista".
"–Se ha equivocado usted de puerta, el baño está en la esquina".
"Tales virtudes en semejante sitio, son raras, como el talento en el periodismo y como la originalidad en la poesía. Cecile es una de las que han pasado a pie enjuto, como los israelitas, ese mar rojo de Borgoña y de Carmín".
La sabrosa crónica de Gutiérrez Nájera merece un comentario más amplio. Se lo prometo al lector.