FICHA TÉCNICA



Elenco Jane Hading

Notas Semblanza de la actriz Jane Hading a petición de Porfirio Martínez Peñaloza, autor de Ensayo sobre el origen de la palabra azul




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Jane Hading, Manuel Gutiérrez Nájera y el nombre de la revista Azul". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Jane Hading, Manuel Gutiérrez Nájera y el nombre de la revista Azul

Armando de Maria y Campos

El ensayista e investigador Porfirio Martínez Peñaloza se refiere en su Ensayo sobre el origen de la palabra azul como título de la revista famosa de ese nombre, que editaron en 1894 Manuel Gutiérrez Nájera –cuyo centenario de su nacimiento que se celebra en este año motiva y motivará ensayos a cierta frase que decía lindamente la actriz Jane Hading en la pieza Nos intimes, de Victoriano Sardou. Reproduce la escena en la que la Hading, como Cecilia, pronuncia esta frase: –¡Un cielo azul, ¡azul!, ¡azul!

Martínez Peñaloza me preguntó, intrigado antes de dar para el Suplemento de la Cultura, de Novedades (11 de enero de 1959): –¿Quién fue Jane Hading? Yo le repuse: Una inteligente actriz francesa que tenía los ojos de color azul, azul, azul. –¿Podríamos situarla, identificarla?, me preguntó y a la vez me conminó el excelente escritor michoacano.

Jane Alfredine Trifouret conocida en el mundo del teatro por Jane Hading, había nacido en Marsella el 25 de noviembre de 1959. Hija de un actor del Gymnase de esa ciudad, apareció por primera vez en las tablas a la edad de tres años en el prólogo del drama Le Bussu, representando a la pequeña Blanca de Caylus que casi siempre había sido desempeñado por una muñeca. Admitida después en el Conservatorio de Marsella, se hizo notable por sus aptitudes tanto musicales como dramáticas. En 1873, a los catorce años de edad comenzó su carrera como damita ingenua y cantante de opereta en Argel; de allí pasó a El Cairo y a su regreso a Marsella en 1879 fue contratada para Le Palais Royal, de París donde debutó con La casta Susana. En el teatro de la Renaissance cantó con buen éxito La petite mariée La belle Lurette, L'oeil crevé y otras obras, desplegando las más brillantes cualidades. Eso no obstante, y renunciando al porvenir que ese género pudiera ofrecerle, en 1883 se presentó en Le Gymnase con la comedia Autour du mariage, de Gyp; en Le maitre, de Forges de M. Ohnet, con el felicísimo desempeño del papel de Clara de Beaulieu se colocó en un primer puesto entre las actrices francesas. En 1883 creó de un modo irreprochable Le prince Zilah, de Claretie, y Sapho de Daudet. En 1887 obtuvo el mismo triunfo en el estreno de la Comtesse Sarah, de Ohnet. El 18 de junio de 1884 y durante una excursión por Inglaterra se había casado en Londres con su empresario M. Koning, pero la unión no fue dichosa y Juana Hading se divorció de Koning en 1887, y admitió en 1888 las proposiciones que se le hicieron para recorrer la América en el cuadro de Coquelín Ainé.

Jane Hading vino a México en dos ocasiones, ambas como primera figura de la compañía de comedia francesa del gran Coquelín Ainé. La primera vez el año de 1889 y la segunda el año de 1894, la misma de la publicación de Azul de Gutiérrez Nájera y Díaz Dufoo. La temporada de 1889 dio principio el siete de enero y concluyó el 24 del mismo. La temporada de 1894, se inició el domingo 25 de marzo y terminó el miércoles 11 de abril. Fue en la segunda temporada cuando Jane Hading representó Nos intimes, de Victoriano Sardou, mediocre pieza con la que fue inaugurada dicha temporada. Nos intimes, se repitió la tarde del jueves 29 y... no volvió ser representada en México en francés ni en castellano. Seis veces, pues, pronunció la Hading la palabra ¡azul!, seguramente las dos ante el público del que formaba parte Manuel Gutiérrez Nájera. Así se refiere a Jane Hading un periodista que la vio durante su primera temporada: "Su aspecto, su ademán, su simpática belleza, su elegancia, le conquistaron desde luego el aplauso general, que creció hasta convertirse en una ovación entusiasta, conforme la obra fue llegando al punto en que la actriz hubo de expresar en su rostro en todo su ser, el dolor, la desesperación del personaje que allí ve hundirse, desaparecer para siempre sus esperanzas de regeneración social. Cómo cambió, entonces su fisonomía, exclamaba un cronista; aquello superó a todo fingimiento teatral: viósele hundirse los ojos dentro de las órbitas, pero brillantes como dos carbunclos; viósele cubrirse la frente del sudor de la angustia, palidecer intensamente, demudarse, temblar de coraje como los héroes del poema impotentes contra el destino, y siempre y cada vez más hermosa, tenerse rígida, insolente, rebelde contra la fatalidad, y contra la justicia con que se la arroja del seno de una familia que hasta allí la ha estimado y que ahora se creen mancillada con su presencia y su contacto".

La segunda visita de la Hading a México fue en la época en que se encontraba en el apogeo de su hermosura espléndida, de su belleza serena. La dulzura azul de sus ojos resultó inolvidable para muchos de sus admiradores, entre ellos Manuel Gutiérrez Nájera. No volvió más a México. Murió en París ya retirada de la escena, el año de 1911.

Poseo en mi archivo y colecciones tres preciosos retratos de este hermosa y notabilísima actriz. Uno, de fotografía ingenua, de la época de su primera visita, hecho en San Francisco, California, las otras dos deben corresponder a principios de siglo cuando se encontraba en el cenit de su carrera artística.

Está servido, mi amigo Porfirio Martínez Peñaloza y de paso los lectores de Novedades, que se interesen por Gutiérrez Nájera, cronista de teatros.