FICHA TÉCNICA
Título obra La muerte de Dantón
Autoría George Buchner
Notas de autoría Fernando Wagner / traducción
Dirección Fernando Wagner
Elenco Sergio Bustamante, Carlos Fernández, Ángel Merino, Mario Orea, Leonor Llausás, Pilar Pellicer
Escenografía Antonio López Mancera
Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La muerte de Dantón, de George Buchner, en el teatro de Bellas Artes". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La muerte de Dantón, de George Buchner, en el teatro de Bellas Artes
Armando de Maria y Campos
Contando con el patrocinio del Excmo. señor embajador de Alemania en México, Walter Hess, el Instituto Cultural Mexicanoalemán, ha organizado una breve temporada teatral en el escenario del Palacio de las Bellas Artes, para presentar durante quince noches, el drama La muerte de Dantón, del dramaturgo alemán Georg Buchner, en dos largos actos y veinticuatro escenas o cambios de escenario.
Hace muchos años que esta difícil y valiosa pieza teatral no se representa en Europa, y no podría precisar el año, no muy reciente, en que fue dada a conocer a las generaciones contemporáneas al través de una versión del regisseur judío Reinhardt. No había sido representada en México, hasta ahora.
Georg Buchner es un poeta alemán que nació en Goddelan, cerca de Darmstadt, en 1813, y murió en Zurich en 1837. Afiliado a las sociedades secretas de su país, tomo parte activa en los movimientos políticos de aquellos años y publicó varios folletos inspirados en episodios de la Revolución francesa, por cuyo motivo, vigilado como revolucionario, hubo de huir de su país natal andando un poco de la Ceca a la Meca. Se dijo siempre que su drama La muerte de Dantón. Había sido escrito en varias semanas. Es una obra de juventud, desde luego, en el que el pueblo francés es personaje principal. En su tiempo fue calificado como una pintura llena de fantasía, vigor y muy respetuoso con la verdad histórica. Buchner escribió, también, una comedia rebosante de gracia y travesura titulada Leons und Lena, que, como aquella, fue representada muy poco en el siglo pasado y menos, aún, en el que corre. Fue traductor de quien debía hacerlo en ese tiempo, de Victor Hugo, y gracias a el Lucrecia Borgia y María Tudor, fueron conocidas por el pueblo alemán.
La muerte de Dantón recoge varios episodios de los últimos meses de la vida de este extraordinario revolucionario francés –Jorge Jacobo Dantón– nacido en Arsis del Aube en 1759, y ejecutado en París en 1794. La acción arranca poco más o menos cuando Dantón volvió a París en 1793 decidió a emplear toda su influencia para poner en orden los horrores que cometían los revolucionarios en el poder, con el formidable Robespierre, más astuto y menos generoso que Dantón, a la cabeza. Preso Dantón en la noche del 31 de marzo al 1o. de abril de 1794, compareció tres días más tarde, en unión de sus amigos Desmoulins, Wasterman, Lacroix y Philipeaux ante el tribunal, que para poder condenarlo, no reparó ante ninguna ilegalidad. Fue condenado a morir en la guillotina, y cuando iba a ser victimado dijo al verdugo: "–Enseñarás mi cabeza al pueblo; ¡bien vale la pena! el primer monumento a Dantón, tengo para mi, que fue el drama de Buchner. El segundo se lo erigió su pueblo natal en 1888: una estatua. No fue sino hasta 1886 cuando se imprimió su larga y profunda obra literaria."
Buchner compuso con elementos que tomo de la historia un extraordinario fresco teatral, anticipándose a juegos escénicos y de luces, y a la incorporación de escenarios giratorios. Los elementos de que ahora dispone la postura teatral hace viable como nunca la representación de esta gran pieza dramática a la altura de la obra de arte que fue la corta vida del genial agitador Dantón. Para nosotros, el mérito principal de la pieza de Buchner es la elección de historia viva y siempre actual –manifestación de un credo político admirablemente realizado– que permite al espectador enterado de los grandes movimientos revolucionarios, comprobar como las reacciones entre los revolucionarios, según tengan en sus manos o no el poder, son idénticas en cualquier tiempo y no importa en que espacio. Y como el pueblo sigue cómplice el mutuo devorarse de los jefes revolucionarios. Hubo instantes en que creíamos ver a nuestro pueblo exigiéndoles cuentas a los jefes revolucionarios Madero o Carranza, para no citar a más de dos y como aprobaban su tiempo el sacrificio de las vidas de quienes habían hecho realidad anhelos libertarios.
Estimo como buena la versión castellana que de esta obra ha hecho el director Fernando Wagner. Se oye sin tropiezos, porque corre fluida. Lo que es extraordinaria en verdad, es la postura escénica. Robándole al lunetario espacial para ser mayor el escenario en que se desarrollan las escenas en la vía pública parisiense, y reduciendo el espacio escénico a los límites del disco giratorio empleado para el cambio de escenas, o como se decía antes, para facilitar las mutaciones, Wagner logra darle vida apasionante a frío suceso histórico. En detalle y en conjunto este juego escénico constituye uno de los más extraordinarios espectáculos que se pueden ver en cualquier gran teatro del mundo. Iluminación y vestuario subrayan y acentúan esta magnífica postura escénica a la altura del arte y creo que la mejor de muchos años a la fecha.
No está a la misma altura, por razones obvias, la interpretación, no obstante que en ella abundan los aciertos. La verdad es que nuestras actrices y nuestros actores están en periodo de madurez, cuando no simplemente en formación. Y los personajes, históricos desde luego, de la obra de George Buchner son muchos personajes, tienen mucha estatura histórica y dramática. Guardadas las proporciones, considerando los intérpretes como elementos aún inmaduros. Sergio de Bustamante y Carlos Fernández, están excelentes como Dantón y como Robespierre, respectivamente, no obstante que lucen bisoños. Le sigue en categoría Angel Merino y Mario Orea. Las jóvenes actrices Leonor Llausás y Pilar Pellicer tuvieron, cada una su momento culminante en sus respectivas relaciones. El resto más del medio centenar de actores cumple como multitud e integra un adecuado paisaje.
Magnífica, como la dirección de Wagner, la escenografía de Antonio López Mancera, La muerte de Dantón quedará como una de las más significativas y valiosas efemérides de nuestra vida teatral.