FICHA TÉCNICA
Título obra Las moscas
Autoría Jean Paul Sartre
Dirección Alfonso de la Vega
Grupos y Compañías Teatro Arte Moderno de la Federación Universitaria de Teatro Experimental
Notas de grupos y compañías Jaime Cevallos y Rafael Olvera / directores
Elenco Pilar Pellicer, Enrique Lizaldi
Notas de Música Luis Mendoza López / dirección musical
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Las moscas por Estudiantes Universitarios". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de Las moscas por Estudiantes Universitarios
Armando de Maria y Campos
El fin de cursos en la Universidad Nacional Autónoma de México deja más tiempo libre a los estudiantes de sus facultades para cultivar sus aficiones al teatro. Por extraña coincidencia dos de los grupos que hacen teatro con la protección de las autoridades universitarias, han elegido piezas del autor francés Jean Paul Sartre, para probar sus facultades. El grupo Teatro Arte Moderno, que forma parte de la Federación Universitaria de teatro experimental, se presentó el miércoles 26 con el estreno en México de la pieza Las moscas, en tres actos y un epílogo, y el viernes 28 lo haría otro grupo de la propia Federación con Las manos sucias, ya conocida en México.
Un poco tarde llega a nosotros la primera producción teatral del autor de La náusea. Les mouches, data en 1943, y de aquella fecha a estos días ha evolucionado mucho el pensamiento existencialista y político de Sartre, y ha mejorado también bastante su técnica teatral. Como señala certeramente su biógrafo René Marill Albéres, Las moscas, provocan profundo cambió de la guerra, el cautiverio y la resistencia aportaron al pensamiento de Sartre. Hasta ese momento exigía que la libertad individual se desentendiera de las comedias, en las que se pierde y se sumerge, pero no había señalado los caminos de ese ascetismo, sino era una vigilancia lúcida que corría el riesgo de ser puramente crítica y negativa. En Las moscas, trae a la escena contemporánea –la Europa destrozada– al joven Orestes, quien educado en la comodidad, la irresponsabilidad y el estetismo, lejos de su verdadera familia, tendrá que vengar la muerte de su padre. Al principio, solo piensa en permanecer en la situación indecisa que no quiere complicaciones. Su maestro lo ha educado de manera que pueda gozar de la vida permaneciendo ajeno a todo lo que llora o sufre. Conoce el crimen, cuyos remordimientos pesan sobre la ciudad y comprende que su misión podría ser la de vengarlo. –"Zeus, te imploro: si las leyes que me has impuesto son la resignación y la abyecta humildad, manifiéstame tu voluntad por medio de alguna señal". Pero Orestes se da cuenta de que el pretendido Dios es sólo la imagen de la necesidad, de la acomodaticia tranquilidad que desea la mayoría de los hombres, y exclama: –"Entonces... ¿Es eso el Bien?... deslizarse dulce, muy dulcemente, y pronunciar a diestro y siniestro ¡perdón!, y ¡gracias!" Orestes no obedecerá a ese conformismo que siempre aconseja dejar las cosas como están, y decide actuar por sí mismo y vengar la muerte de su padre, por caro que deba costarle y al resolverse a actuar, a cometer por su libre albedrío un acto que le pertenece, aprende que la grandeza del hombre esta en esa actitud obligatoria y en la voluntad de hacerse responsable. No obstante su retraso es de llegar hasta nosotros, la idea sarireana continua vigente para actores y público universitarios.
Los jóvenes directores del grupo Teatro Arte Moderno, Jaime Cevallos y Rafael Olvera declaran que "la Federación Universitaria de Teatro Experimental, en un afán de dar a conocer el esfuerzo que las autoridades universitarias hacen por una difusión cultural... presenta esta obra... con la finalidad de que todas las clases tengan la oportunidad de conocer el pensamiento del país hermano", y aprovechan la oportunidad de enviarles sus sinceros y cordiales saludos. (El país hermano será Francia, suponemos). Pobre y raquítico nos parece el propósito, pero como nuestra misión principal es la de informar, a ella nos ceñimos simplemente.
El cronista ignora si todos los jóvenes elementos que intervienen en la representación son estudiantes universitarios. Probablemente así será. En tal caso, todos cumplen más o menos satisfactoriamente con su cometido y esto sólo merece nuestros parabienes. Pero ¿aquí debe parar todo? Creemos que no. Señalamos que no aparece por ninguna parte el nombre del traductor. Figura como director un joven actor muy experimentado no obstante su juventud –Alfonso de la Vega–. Los aficionados de la TV lo conocen bien, como director, lo encuentro inmaduro. Le preocupa más el movimiento de los actores, el juego plástico con los grupos, que la atención al verbo, es decir, a la palabra. Es importante que los actores actúen y se desenvuelvan con naturalidad, pero es más importante que hablen claro, de forma que el público oiga bien y entienda lo que dicen. El fraseo, pasando como es natural por el silabeo, es esencial en todo actor, pero de la mayor importancia lo debe ser entre actores que son a la vez estudiantes universitarios. En el teatro de raíz universitaria no sólo es indispensable, sino necesario, el respeto al texto. Alta fidelidad reclama la palabra del autor.
Esta clase de representaciones por jóvenes aficionados al teatro, son propicias a las revelaciones. Tengo para mí que con Las moscas, se ha revelado un gran temperamento de actriz en la joven Pilar Pellicer, que encarnó con mucho brío y juvenil entusiasmo el personaje de Electra. Imagino que así podrían haberse revelado, guardando las proporciones, Brigitte Bardot y Julieta Massina, cada una en su estilo y de acuerdo con su personal temperamento. Habría también que considerar qué sería de estas dos grandes actrices sin la dirección que logró situarlas. Pilar Pellicer –no confundirla con Pina, que ahora filma al lado de Marlo Brando– actúa sin dirección. Fue alumna de Waldeen en danza, y asistió a dos o tres clases en la Academia de Seki Sano. Alguna vez sustituyó a Marina Camacho en Una esfinge llamada Cordelia. Y para que se vea lo que son las cosas del cine, ya lleva hecho dos o tres bits. ¡Y yo creo que en ella hay un genio dramático en potencia! También merece la atención del público. Enrique Lizaldi, porque tiene una magnífica planta de actor. El resto, muy empeñoso. El decorado y el vestuario, pobrísimo.