FICHA TÉCNICA
Título obra Malditos
Autoría Wilberto Cantón
Dirección Fernando Wagner
Elenco Antonio de Hud, Fernando Luján, Enrique Aguilar, Raúl Roma, David Hayat, Hugo Moreno, de ellos, y de ellas Socorro Avelar, Aurora Walker, Celia Manzano, Marta Patricia, Arcelia Chavira, Norma Lazareno, Maité Carol
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Teatro Degollado, Guadalajara
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Malditos en el Teatro Degollado de Guadalajara". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de Malditos en el Teatro Degollado de Guadalajara
Armando de Maria y Campos
Por tratarse de una primera representación fuera de la capital de la República de una pieza de autor mexicano de categoría, porque el estreno de esta obra fue suspendido por las autoridades del Distrito Federal a título de que la producción teatral a que me refiero era francamente inmoral y porque empresa y autor de Malditos resolvieron darla a conocer primero en otro lugar del país ante el público de una ciudad tan celosa de sus tradiciones y las buenas costumbres como Guadalajara, me decidí a asistir a la primera representación de la nueva obra del dramaturgo yucateco Wilberto Cantón, en el teatro Degollado, el martes último.
De Malditos se ha hablado mucho en la prensa metropolitana, y no obstante que no llegó a estrenarse hubo cronista –don Rafael Solana– que dio a sus lectores amplia y detallada crónica de una representación, seguramente estrictamente privada. El propio Solana, en unión de otros autores, fue convocado por el Departamento del Distrito Federal para que opinara sobre el fondo moral de esta pieza y su respuesta fue contundente: "Obra de gran valor artístico... sus orientaciones son valientes y de gran utilidad social". Al llegar a Guadalajara conocimos las declaraciones de Solana, pero no como crítico de teatro sino como miembro de la Legión Mexicana de la Decencia. ¡No cabe duda que los viajes ilustran! Otro periódico tapatío negaba que el señor Solana perteneciera a esta Legión.
Con un ambiente de zozobra y de expectación, con el teatro rodeado por policías uniformados y con la consigna de vigilar que no tuvieran acceso a él menores de edad, media Guadalajara –la Guadalajara de las ideas liberales–, se volcó en el vetusto Degollado. Había curiosidad e interés y un ambiente de incredulidad. Se rumoreaba que la obra estaba suspendida, pero que se representaría. En efecto, un funcionario municipal y amigo mío me mostró un oficio firmado ese mismo día por el presidente municipal de Guadalajara, José María Ramos, que es un documento para la historia de nuestro teatro por su valor como disposición no cumplida. Dice así: "En relación a la solicitud elevada por usted ante esta presidencia municipal para que se le permita representar en el teatro Degollado a obra Malditos, de la cual es usted autor, se le comunica que en virtud de que la comisión designada para determinar sobre la moralidad o inmoralidad de la obra opino que no es conveniente su representación y tomando en cuenta además las múltiples peticiones recibidas es esta oficina de instituciones, asociaciones y particulares, en el sentido de que no se autorizara esa obra, no es posible obsequiar en esta ocasión a sus deseos".
Se comentaba en corillos que la comisión, integrada por el doctor Emmanuel Palacios, oficial mayor del ayuntamiento, licenciado Víctores Prieto, presidente de la junta municipal de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, y don Jorge Agnesi, en representación de la Cámara de Comercio de Guadalajara, había deliberado, para llegar a la conclusión conocida, durante más de tres horas.
El telón se levantó y dio comienzo la representación de una comedia que no tiene más aspiraciones que la de llegar a un público ansioso de espectáculos morbosos... que a la postre no lo son. Sería interminable citar con este motivo los títulos de tantas obras que han exhibido en la escena las malas costumbres de las sociedades. Malditos, de Wilberto Cantón, es una más, con la circunstancia de que se refiere precisamente a la juventud mexicana de estos días, como Ferdinad Brunker lo hizo en su tiempo con la de su época en El mal de la juventud, que recientemente vimos con el título de Juventud desenfrenada, y en la que pasan cosas espantosas, que en verdad pasaron en la vida real alemana Wilberto Cantón se inspiró en infinidad de gacetillas policíacas, en varios hechos de la vida real, en media docena de películas norteamericanas que exhiben so pretexto de moralizar costumbres depravadas de la juventud de los Estados Unidos y con todo ello compuso escenas, cuadros y sketchs; los organizó, ensartándolos en el hilo de un argumento que a base de concesiones al público y de hacer a un lado la lógica, obtuvo de tal mixtura una pieza teatral en dos actos y en cuatro cuadros interesantes, apasionante por su realismo, en la que sobran muchas escenas de franco mal gusto y en las que no escasean certeros efectos teatrales para públicos dispuestos a conmoverse con ellos, bien por lo melodramáticos, bien por lo crudos y hasta por su veracidad.
Wilberto Cantón se propuso escribir una obra de teatro comercial, y ha visto cumplido su propósito. La pieza, como producción literaria, está muy por abajo de lo que pudiera esperarsse de tan distinguido escritor, aunque no creo que se haya propuesto realizar obra de calidad. Considerada como pieza de teatro, la pierden sus múltiples concesiones al vulgo. Esta clase de teatro es un teatro sin futuro. No pasa de ser documento de una época; acaso, testimonio. Para ser esto último le falta que sus personajes sean humanos; en manos de Wilberto, ellos –los personajes– y sus pasiones no obedecen a las leyes estrictas del destino, sino al capricho del autor y a la necesidad de una moraleja. Carece de mensaje constructivo, aunque otra cosa se pretenda. Un distinguido periodista tapatío, Fernando Laroca, tuvo un comentario que puede ser aplicado a cualquier Estado de la República en donde se representé Malditos : "Es una octava plana de El sol de Guadalajara, porque hay de todo: robos, amores clandestinos, revelaciones de vidas aparentemente honradas que ocultan sus miserias. En fin, todas las calamidades humanas".
La interpretación abunda en aciertos. Un grupo de actores jóvenes logra identificarse con los personajes y se apoderan del interés del público. Los cito en el orden en que creo merecieron la consideración del público: Antonio de Hud, Fernando Luján, Enrique Aguilar, Raúl Roma, David Hayat, Hugo Moreno, de ellos, y de ellas Socorro Avelar, Aurora Walker, Celia Manzano, Marta Patricia, Arcelia Chavira, Norma Lazareno y Maité Carol. La dirección de Fernando Wagner, realista y con el ritmo acelerado que le impone la acción. La escenografía es de David Antón, es sobria y sirve a la obra.
La tempestad que provocó la representación de Malditos la aplacó, finalmente, el gobernador Yáñez, con una sola frase ¡Que siga representando!