FICHA TÉCNICA



Título obra La Llorona

Autoría Carmen Toscano

Espacios teatrales Plaza Federico Gamboa, Chimalistac

Notas Comentarios sobre los orígenes novohispanos de la leyenda de La Llorona y del significado de Malinche




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Sobre La Llorona, de Chimalistac". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Sobre La Llorona, de Chimalistac

Armando de Maria y Campos

Decíamos ayer... –apenas en las vísperas de las representaciones de La Llorona, de Carmen Toscano en la plaza de Chimalistac, en San Angel– algo sobre los orígenes de esta leyenda mexicana. Tuvimos que interrumpir nuestro relato. Ahora lo reanudo, en el punto y coma, en que lo dejé volando a los aires de la tradición...

Habla Bernal Díaz del Castillo, el insuperable cronista de la conquista de México por el capitán Hernán Cortés, y una bella e inteligente india y princesa de estas tierras: ... "y de vueltos Chistianos se llamó a la vieja Marta y al hijo Lázaro, y ésto sélo muy bien, porque en el año de mil quinientos y veinte tres, después de ganado México, y otras provincias, ya se había alzado Christóbal de Olid en las Higüeras, fue Cortés allá, y pasó por Guazacualco, fuimos con él aquel viaje toda la mayor parte de los vecinos de aquella villa, y como doña Marina en todas las guerras de la Nueva España, Tlascala, y México fue tan excelente mujer, y buena lengua (intérprete), como adelante diré: a esta causa la traía siempre Cortés consigo, y en aquel a sazón y viaje se casó con ella un hidalgo que se decía Juan Xaramillo en un pueblo que se decía Orizava, delante de ciertos testigos, que unos de ellos se decía de Aranda, y aquel contaba el casamiento, y no como lo dice el cronista Gomara: y la Doña Marina tenía mucho ser, y mandaba absolutamente entre los indios de la Nueva España. Y estando Cortés en la Villa de Guazacualco, envió a llamar a todos los caciques de aquella provincia, y entonces vino la madre de doña Marina y su hermano de madre Lázaro, con otros caciques. Díaz sabía que me había dicho la doña Marina, que era de aquella provincia, y señora de vasallos, y bien lo sabía el capitán Cortés, y Aguilar, la lengua, por manera que vino la madre y su hija, y el hermano, y conocieron que claramente era su hija porque se le parecían mucho. Tuvieron miedo de ella, que creyeron que los enviaba a llamar para matarlos y lloraban; y como los vio llorar doña Marina, los consoló y dijo, que no tubiesen miedo, que cuando la traspusieron con los de Xicalango, que no supieron lo que hacían, y se los perdonaba, y les dio muchas joyas de oro y de ropa, y que se volviesen a su pueblo; y que Dios le había hecho mucha merced en quitarla de adorar ídolos y agora, y ser Christiana, y tener un hijo de su amo y señor Cortés, y ser casada con un caballero, como era su marido Juan Xaramillo, que aunque la hicieran cacica de todas cuantas Provincias había en la Nueva España no lo sería, que en más tenía servir a su marido e a Cortés, que cuanto en el mundo hay: y todo esto que digo, se lo oí muy certificadamente, y se lo juro, amén. Y esto me parece que quiere remedar a lo que acaeció con sus hermanos en Egipto a Joseph, que vinieron a su poder cuando lo del trigo... Doña Marina sabía la lengua de Guazacualco, que es la propia de México, y sabía la de Tabasco, que es todo una; entendíase bien, y el Aguilar lo declaraba en castellano a Cortés; fue gran principio para nuestra conquista; y así se nos hacían las cosas, loado sea Dios, muy prósperamente".

Eso dice la historia de la famosa india, querida de Hernán Cortés, que está incrustada en la historia de México, con el nombre de Malinchi, por corrupción posterior, naturalmente, Malinche.

¿Cuál es el origen del nombre Malinchi?

Preciso es que recurramos a quienes nos han precedido en saber y gobierno, que nosotros nada inventamos, cuando nos atenemos a la historia. Cuando más, le corregimos alguna arruga al severo manto de Clío.

El sabio Cecilio A. Robelo, que en los mejores años de su fecunda erudición fue director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, por cierto en plena epoca huertiana, lo que le costó con erudición y todos los constitucionalistas lo arrinconaron como trasto viejo al entrar a la ciudad de México, escribió a propósito del vocablo Malinchi:

"Como los indios no tienen la letra R en su alfabeto, la sustituyen en las palabras castellanas con L, así que Marina la convirtieron en Malina; pero como los indios la estimaban grandemente, agregaron a su nombre la partícula tzín, que expresa los efectos de amor, estimación o respeto, y se convirtió el nombre de Malitzín, que, adulterado, ha llegado hasta nosotros en la forma de Malinchi", y más adulterado todavía ahora, en éstos días, se pronuncia Malinche, provocando el verbo malinchear, de malinchismo, o sea "entreguísimo femenino", sin recato y sin tapujo.

Pero aún hay más. El sabio y erudito Alfredo Chavero, autor de teatro también, dice al respecto lo siguiente: "Los tlaxcaltecas daban toda clase de muestras de amistad al conquistador (Hernán Cortés). No le podían llamar por su nombre, y le decían Malitzin, por verlo siempre en compañía de ésta, y en su honor desde entonces la soberbia montaña Matlacueye apellidase la Malinche".