FICHA TÉCNICA



Título obra Un cuento galante

Autoría Georges Manoir y Armando Verhyille

Notas de autoría Eleazar Canale / traducción

Dirección Víctor O. Moya

Elenco Carlos Riquelme, Alonso Castaño, Tere Velázquez, Magda Donato, Sonia Bécquer, Julieta Velasco, Ignacio Navarro

Escenografía Mimi Fogt

Espacios teatrales Teatro Milán




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Un cuento galante en el teatro Milán". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Columna El Teatro

Un cuento galante en el teatro Milán

Armando de Maria y Campos

De una comedia en tres actos de Georges Manoir y Armando Verhylle, escrita en francés y representada con éxito en París, don Eleazar Canale ha compuesto una nueva, que ha titulado Un cuento galante. Me atrevo a asegurar esto porque conozco la inspiración fecunda de Canale para recrear piezas teatrales. Este Cuento galante escrito en el mejor castellano imitativo del italiano del siglo XIV es una reproducción muy fiel de la vida en Mantua, Italia, según la vio, la gozó y la reprodujo Bocaccio, el todavía leído y siempre fresco gran escritor erótico. Eleazar Canale estudió la época y con la colaboración de Mimí Fogt, muy documentada en suntuaria, utilería y atrezzo ha logrado recrear aquellos años de galantería y aventura amorosa y hacer de la comedia de Manoir y Verhylle una deliciosa pieza picaresca, con situaciones de lo más audaces y en la que se dicen cosas tremendas sobre el amor como conquista pasajera y sobre los maridos que tienen la desgracia de caer en el ridículo por culpa de sus livianas mujeres.

¿En esto un vodevil? No, propiamente. O en todo caso un remotísimo antecedente de este género, en el que los franceses han logrado obras maestras, o como La mandrágora, de Maquiavelo, una crónica de una época licenciosa. Pero, ¿cuál época no es licenciosa?

En Un cuento galante, de Manoir, Verhylle y Canale se utilizan tres cuentos de Bocaccio, muy hábilmente enlazados, de manera que los tres forman una intriga deliciosa y muy entretenida. Alguno de estos cuentos está inspirado en aquel suceso antiquísimo, como que data de la época de los faraones, que relata como el famoso general Putifar una saeta lo hiere de forma que lo deja inutilizado para cualquier aventura amorosa. Bocaccio aprovecha esta remota anécdota y la incluye en uno de sus cuentos, y este cuento está injertado en la comedia que acaba de ser estrenada en el teatro Milán. No se puede narrar en las columnas de un diario respetable todo lo que pasa o lo que no pasa en esta divertida pieza, a la que le auguro una larga carrera en nuestro medio tan afecto a espectáculos de esta índole. Lo mejor del espectáculo es, sin regateos, la traducción, porque casi recrea la comedia original, que parece escrita originalmente en el más fluido y brillante idioma castellano.

Creo que el director, Victor Moya, acentuó demasiado un aire de farsa que no le va bien a la picardía que perfuma toda la acción. Principia este acento de farsa con los trajes que ostentan los protagonistas Saturnino Malatesta, Buffalmacco Cavalcanti y Ptolomeo el Florentino. Pero el atuendo, ajustado a la época, sería lo de menos. Lo que torna en farsa una auténtica comedia es la interpretación supuestamente cómica que se empeñan en imprimirle los actores Carlos Riquelme (Cavalcanti) y Alonso Castaño (Ptolomeo); los dos hacen alarde de recursos no sólo cómicos, sino chocarreros. Castaño compone un astrólogo de cuento para niños, semejante a otros tipos que le ha tocado interpretar en comedias de época; está fuera de la naturalidad que debe producir un ambiente de realidad, puesto que el teatro es espejo de costumbres, y a menos que el espejo no tenga características especiales no tiene por qué deformar las figuras que a él se asoman. Riquelme, en cambio, sólo tiene una preocupación que cada palabra que sale de su boca, o cada movimiento suyo, produzcan risa en el público. En este caso se hace un galán amador que desde su entrada se revela como una facha, y marcha contra la corriente de todos los amadores que han sido en la historia y que lograron imponer su erotismo rehuyendo el ridículo. Un hombre que sólo inspira risas no lo concebimos como un Casanova o un Don Juan...

En cambió el equipo de mujeres acertó plenamente en la interpretación. Destaca entre toda la encantadora y bellísima Tere Velázquez, que hace una Colomba Malatesta sencillamente ideal, encantadora. Se encuentra en la florida edad que requiere este primaveral personaje y lo dice y lo actúa con una flexibilidad y una gracia insuperables. Por ver a Tere Velázquez convertida en Colomba Malatesta, preciosa, ingenua, antecedente de la niña boba, de Lope, el público debe acudir, y acudirá seguramente, al teatro Milán. Tere Velázquez es ya una de las más inteligentes y prometdoras actrices jóvenes con que cuenta México. La veteranía y el gran oficio de Magda Donato, extraordinaria actriz de carácter, le permiten hacer con su personaje Donna Severa auténticos prodigios de interpretación. Sonia Bécquer y Julieta Velasco lucen muy bellas y contribuyen a que la interpretación resulte armónica. Un personaje que no aparece en la comedia original, el enano incluido por Canale, le da mucho sabor de estampa a esta época en que abundaban los bufones y los enanos. Ignacio Navarro, no obstante que crea un galán del siglo XIV, no logró desprenderse de algunos vicios que heredó del galán gigoló francés que se le ha metido en la médula.

La escenografía de Mimí Fogt evoca con mucha precisión la Mantua del siglo XIV, y un fondo musical con temas de aquellas remotas calendas ayudan a que el espectador imagine cómo fueron las aventuras galantes que inspiraron a Bocaccio cuentos deliciosos.