FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios del autor sobre el teatro medieval religioso y en torno a la misa como representación de la pasión de Jesús




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El sacrificio de la misa como representación simbólica de la pasión y muerte de Jesús". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



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Columna El Teatro

El sacrificio de la misa como representación simbólica de la pasión y muerte de Jesús

Armando de Maria y Campos

Durante largos, anchos siglos, se aceptó, sin mayor investigación, junto con la leyenda de una Edad Media cargada de sombras, bárbara e inculta, la leyenda de la inexistencia del teatro medieval. Afortunadamente se ha hecho la luz, y ahora nadie duda que el teatro medieval existe. Se imita a los clásicos griegos y latinos, y escritores religiosos, que intentan la conciliación del nuevo espíritu religioso con las antiguas formas paganas, escriben dramas sacros en un estilo más o menos clásico. También aparece un teatro popular, el de los mismos y las farsas plebeyas y otro, nacido de los ritos cristianos. Este llegará a su máximo esplendor a fines de la Edad Media, y fructificará luego en el gran teatro español del mil quinientos y seiscientos. También alcanza la áurea época de Shakespeare y ejerce influencia a otros autores de máxima importancia.

Nos interesa, para los fines de este ensayo, la corriente que desemboca en las piezas francamente religiosas. Sin embargo, es ineludible andar entre sombras. El único drama que ha llegado íntegro hasta nosotros –según Silvio d' Amico– es el Cristós páschon (Christus patiens), durante mucho tiempo atribuido a San Gregorio Nacianceno (siglo IV), pero ahora considerando como obra del siglo XI. Se trata de un extraño centón donde se dramatiza la pasión de Cristo; toda la obra, comprendidos los coros, está compuesta con versos o hemistiquios de trágicos griegos, Esquilo, Licofrón, Eurípides). "En esta obra –dice el historiador D'Ancona– María demuestra sus actos y en su lenguaje más el carácter de la mujer pagana que el de la Virgen tan exaltada por el cristianismo; impreca con las palabras de Hécuba y Medea, y, como la nodriza de Fedra, acaricia en su dolor ideas suicidas".

La primacía de la sede de San Pedro propagaba sin descanso la liturgia de sus ritos por todo el mundo católico. Esto influyó de manera definitiva en la formación del teatro dramático religioso. Ya se conocía un canon del Concilio de Constantinopla, del siglo VII, que contiene prescripciones sobre la manera de representar la figura de Jesús en la Pasión, con términos que parecen referirse a representaciones sagradas. La liturgia, tras el simbolismo que la impregna, contiene evidentes elementos dramáticos. Aún hoy, el Parroquiano Romano interpreta el acto del culto que constituye el centro de toda vida católica, el sacrificio de la Misa, como una representación simbólica de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús. Léalo el curioso lector y piense cuánta representación teatral hay en él:

"El Introito significa el deseo que tenían los Santos Padres que bajara el Señor. El Kyrie Eleison representa la voz de esos mismos patriarcas y profetas, que solicitaban a Dios esa llegada, durante tanto tiempo deseada. El Gloria in Excelsis significa el nacimiento del Señor. Las Oraciones significan la presentación y ofrecimiento en el templo. La Epístola significa la predicación de San Juan Bautista, que invitaba a los hombres a acercarse a Cristo. El Gradual significa la conversación de las gentes por las prédicas de San Juan. El Evangelio significa la predicación del Señor, que nos transfiere de la derecha a la izquierda, es decir, de las cosas temporales a las espirituales y eternas, y del pecado a la gracia; y juntos se llevan las luces y el incienso para significar que el santo evangelio ha iluminado al mundo y lo ha llenado con el perfume de la gracia de Dios. El Credo significa la conversación de los Santos Apóstoles y de los otros discípulos del Señor. Las Secretas, que empiezan después del Credo, significan los conciliábudos ocultos de los judíos contra Cristo. El Prefario, que termina con el Hosanna in Excelsis, significa la solemne entrada que hizo Cristo en Jerusalén el día de Ramos. Las otras Secretas, que siguen, significan la Pasión del Señor. La Elevación de la Hostia significa la elevación de Cristo en la Cruz. El Pater Noster significa la oración del Señor cuando estaba en la Cruz. La Ruptura de la Historia significa la herida de la lanza. El Agnus Dei significa el llanto de las Marías al bajar a Cristo de la cruz. La Comunión del Sacerdote significa la sepultura. La Poscomunión significa la Resurrección. El Ite Missa Est significa la ascención. La Bendición del sacerdote significa la venida del Espíritu Santo. El Evangelio, al terminar la misa, significa la predicción de los Santos Apóstoles, cuando llenos del Espíritu Santo empezaron a predicar el Evangelio por todo el mundo, y a convertir a las gentes".

Si a esto se agrega que todo se desarrolla, por lo menos parcialmente, en forma dialogada entre el celebrante y sus ayudantes, su teatralidad como espectáculo no puede ser más evidente. En la misa cantada de la Semana Santa, la lectura de la Pasión de Cristo está dividida en tres oficiantes, uno de los cuales oficia de "historiador", otro dice las palabras de Jesús y el tercero las de los otros personajes de la narración, haciendo de coro.

Se conoce el brevísimo texto de un Officium Sepulchri utilizado en Monte Cassino. El altar representa el sepulcro de Jesús y el rápido diálogo se desarrolla entre un sacerdote y dos clérigos:

"Terminada la procesión, el sacerdote va detrás del altar y dice en voz alta hacia el coro: –¿A quién buscáis..., y otros dos clérigos, en medio del coro, responden: –A Jesús Nazareno. Y el sacerdote: –No está aquí. Y aquéllos, vueltos hacia el coro, dicen: –¡Aleluya!.