FICHA TÉCNICA



Título obra El sueño de Jacqueline

Notas de Título Ay, no (título original)

Autoría Claude Magnier

Dirección Rafael Banquells

Elenco Fina Basser, Emilio Brillas, Rafael Banquells

Escenografía Javier Torres Torrija

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El sueño de Jacqueline, en el Teatro 5 de Diciembre, por Fina Basser". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El sueño de Jacqueline, en el Teatro 5 de Diciembre, por Fina Basser

Armando de Maria y Campos

La comedia francesa El sueño de Jacqueline, de Claude Magnier, tiene su pequeña historia. En Francia obtuvo en septiembre del año de 1955 el primer premio del concurso del Casino de Enghien Francia. No interesa la importancia del premio, sino el hecho de que se trata de una obra seleccionada entre otras muchas de su tipo y género. En francés tiene un sugerente título que dicho en castellano es una frase que inquieta: Ay, no. Un traductor para los teatros de España la tituló Dormir con ustedes. Por consejo del jefe de la Oficina de Espectáculos de esta metrópoli, la conocemos con el nombre de El sueño de Jacqueline. No importa el título pícaro, prometedor de secretos de alcoba o simplemente anodino, porque la comedia de Magnier –en la traducción que conocemos de Martín Rodríguez Mentasti– es divertida, interesante y a pesar de que conforme avanza la acción va a la deriva no deja de interesar vivamente al espectador.

Claude Magnier encontró una estupenda situación para arrancar su comedia. Una situación originalísima que lleva a una joven mujer a acostarse bajo los efectos de un somnífero al lado de un hombre al que no conoce, llegando de improviso a una casa de campo donde ella habita, a causa de un accidente automovilístico, y que es víctima también del somnífero. A poco llega el marido en fin de semana, y sin más ni más, rendido de sueño, se mete en el lecho en que se encuentran la esposa y el extraño visitante víctimas los dos del soporífero. El despertar de los tres se convierte en una apoteosis de carcajadas, que motiva una serie de situaciones originales y divertidas. Todo esto durante el primer acto. En el segundo las situaciones decaen porque la inicial se ha convertido en anécdota y la comedia toma los rumbos del juguete cómico mezclado con escenas de farsa llevadas por los actores al límite del sentido común, o sentimentales, empeñadas siempre por ese afán de los actores de hacer reír a toda costa y a costa de sus propios personajes a los que convierten en tipos y aun en tipejos. La incógnita de la trama es esta: ¿realmente pasó algo entre la esposa solitaria y el extraño visitante? No, no ocurrió nada y es lástima porque eso y más se merecía el tipo de marido que compone el actor encargado de habitarlo. El tercer acto se desempeña, francamente. El actor no sabe cómo desatar los nudos que ha hecho, y lo que pudo ser una comedia originalísima y graciosa concluye como cualquier obra cursilona y sentimental, y lo que es peor, carente de picardía.

Intervienen en El sueño de Jacqueline tres personajes. Ella, la esposa; él, el extraño visitante y el marido. Ella, Jacqueline, es Fina Basser, actriz argentina, que ha aparecido tres veces en nuestros escenarios, pero a la que hasta ahora conozco, por causas que no viene al caso mencionar, Fina Basser, es como su nombre de pila, fina actriz, joven y hermosa, bien torneada y de expresiva fisonomía; de inquietante blancura lechosa su piel, tal vez pelirroja al natural, es, fundamentalmente, una buena comediante. Esto se advierte en las primeras escenas en que se la ve. No es el género cómico –creo– la línea de trabajo que más conviene a su temperamento; ni el frívolo. Creo que hay en ella una actriz de alta comedia –como decía antes los españoles del género de teatro con conflicto entre personas de la sociedad refinada– o más bien una actriz dramática. Lo francamente, lo deliberadamente frívolo parece que le es ajeno. Revela su calidad de actriz con hondura durante la escena del segundo acto, en la que pregunta a su supuesto amante si cuando la halló bajo los efectos de un soporífero, se manifestó en forma extraña, dijo o hizo algo fuera de lo normal; actuó esta escena en forma excepcional. Para mí fue en este instante la revelación de una excelente comediante. En el resto de la obra estuvo bien, desenvuelta y profesional, pero ajena a cuanto sucedía en el movedizo terreno cómico a los otros personajes. Su actuación fue sobria, sería y natural. Graciosa y femenina, no posee la cuerda cómica, tan fácil de vibrar al primer contacto y... de desafinar.

Emilio Brillas es un actor extraordinario. Actúa con naturalidad excepcional, casi sin maquillaje y posee singular bis cómica. Pero no concibe que una sola palabra suya no cauce hilaridad en el público. Habla y se mueve exclusivamente con el propósito de hacer reír. Lástima. En el marido tanto de la comedia de Magnier está, sin embargo, en gran actor. Se dice de un lidiador de toros que es un torero fácil cuando lo hace todo bien, como si no hubiera dificultad con ello, ni peligro tampoco. Emilio Brillas es un actor fácil.

Rafael Banquells, actor y director, con muchas horas de vuelo, actuó con dominado oficio el personaje del extraño visitante, y no obstante que no se encuentra físicamente dotado para este tipo de galanes, cumplió como tercer ángulo de este triángulo accidental. Su dirección no se pierde de vista, pero tampoco merece reproches. El arquitecto Javier Torres Torrija, construyó una saleta tripartita de alcoba, comedor y sala de estar muy eficiente.