FICHA TÉCNICA



Título obra Mesas separadas

Notas de Título Separate tables (título en el idioma original)

Autoría Terence Rattingan

Notas de autoría Salvador Novo / traducción

Dirección Salvador Novo

Elenco Rita Macedo, Enrnesto AlonsoAurora Walker, Georgina Barragán, Aurora Cortés, Violette Gabriel, Encarnación de Rodríguez, Felipe Santander, Salvador Novo

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Mesas separadas, de Terence Rattingan, por Rita Macedo y Ernesto Alonso". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Mesas separadas, de Terence Rattingan, por Rita Macedo y Ernesto Alonso

Armando de Maria y Campos

Terence Rattingan ocupa en la actualidad un sitio cumbreño en los principales escenarios del mundo teatral por su pieza Mesas separadas, que ha sido muy aplaudida y consagrada por los públicos de Londres y Nueva York, estrenada en ambas grandes ciudades por Eric Portman y Margaret Leighton; en Buenos Aires hasta hace pocas semanas representada por Nelly Meden y Francisco Petrone, y en otras grandes capitales, pero no poseo de datos concretos sobre su intérpretes aunque si tengo noticias de su éxito.

Dos piezas vinculadas por el mismo ambiente escénico y el mismo símbolo, integran el espectáculo titulado Mesas separadas. Los lugares que sirven de marco común a ambas son el comedor y el salón de un pequeño hotel inglés. En aquel, el aislamiento de las mesas señala las soledades paralelas de los pensionistas en éste, la formal conversación británica marca el punto máximo de sus transitorios momentos comunitarios. Tanto un recinto como el otro constituyen la atmósfera adecuada para subrayar la decadencia y el desarraigo de los huéspedes permanentes, reliquias de hogares prósperos, jubilados de actividades útiles y fugitivos del pasado.

Un símbolo se repite en los dos argumentos: el de la reconciliación destacada por el hecho de que los seres comprometidos sentimentalmente en las dos tramas, luego del momento dramático culminante que debía haberlos separado para siempre, se sientan en la misma mesa en el comedor. El autor emplea en ambas situaciones un juego de tensiones crecientes que acaban por relajarse y someterse a una conciliación final, todo ello gracias a la intervención de la hotelera, dotada de un sexto sentido para captar lo hondo y lo turbio del alma de sus huéspedes.

La pareja central que provoca cada conflicto es distinta, otra, en cada uno de los dos actos, y los huéspedes que observan, analizan, enjuician y al final sentencian, son los mismos, permanentes en el hotel y cada uno con su mesa separada.

En piezas de esta índole lo fundamental es la capacidad de conmover a cargo de los actores y el ritmo de la acción, que es responsabilidad del director. En la riqueza, en los matices del diálogo radican las tensiones emocionales, y en la forma en que se desenvuelva al acción la posibilidad de interesar al auditorio. Ambos problemas están resueltos satisfactoriamente en la versión mexicana de Mesas separadas, según la traducción de Salvador Novo, dirigida por él mismo y aun actuada, ocasionalmente, por enfermedad de un actor. En rigor de verdad, el espectáculo se descompone en dos obras. La primera es tal vez menos interesante que la que le sigue. Estrictamente inglesa por lo que se refiere a la composición de los personajes y a su forma de expresarse y conducirse, llena se sutilezas de ingenio, el conflicto entre Mrs. Shankland y Mr. Malcolm, que se encuentran después de las vicisitudes de un divorcio, que llevaron a ella a formar otro hogar y a él a la embriaguez, entretiene y aun interesa como una estampa extranjera. En este caso, una estampa inglesa, ingeniosa y amarga.

La otra pieza, el segundo acto, es más interesante porque el conflicto entre un veterano de la guerra, aunque la haya servido en almacenes, y una retrasada mental y tímida, provoca escenas más movidas y más cargadas de la intransigencia inglesa, adherida a su vida social como la yedra al muro, que logra agarrar la atención del público, aunque sin sacudirlo. Mesas separadas está de moda en el mundo teatral, y como todas las modas ha llegado a México. Si no fuera por esta moda...

Las dos piezas de Rattingan están muy bien interpretadas, Rita Macedo, convertida en actriz, hace primero una mujer fatal convincente –muy bella y elegantemente vestida– pero se supera en la tímida retrasada mental que representa en el segundo acto, muy bien caracterizada y haciendo alarde de excelente facultad para matizar.

Una sabia selección de actores para personajes tan típicos y tan cargados de tópicos ha dado por resultado una homogénea y excelente interpretación, que citamos en este orden siguiendo nuestra calificación personal: Aurora Walker, Georgina Barragán, Aurora Cortés, Violette Gabriel y Encarnación de Rodríguez. Felipe Santander señala como galán muy seguro y desenvuelto. El polifacético Salvador Novo substituyendo a Luis Manuel Pelayo, le dio con su presencia y con su voz prestancia y solidez al conjunto de interpretación. La escenografía de Antonio López Mancera aúna buen gusto y sentido funcional.

De los comediógrafos ingleses de ayer y de hoy Terence Rattigan es el único que ha tenido la satisfacción de ver que dos obras suyas sobrepasen las mil representaciones consecutivas: Franch without tears (1936) y While the sun shines (1943). Nacido en Londres el 10 de junio de 1911 se dio a conocer como autor teatral en 1934 con First episode. Se le considera por la crítica londinense como un artífice, un virtuoso, un cratfsman del teatro, que conoce bien lo que vale una palabra puesta en su exacto sitio en la escena. Así lo confirma esta excelente pieza suya. Separate tables, que ha traducido limpiamente Salvador Novo y que ha servido para que Rita Macedo y Ernesto Alonso –en los papeles que en Londres encarnaron en el St. James Theatre la actriz Phyllis Neilson-Terry y el actor Eric Portman, a partir de su estreno el 22 de septiembre de –1954– inauguren su nueva temporada en el moderno Teatro Virginia Fábregas el viernes 24 de este mes.