FICHA TÉCNICA
Título obra La vida triste de las mujeres alegres
Notas de Título Escuela de cocotes (tiítulo original)
Autoría Paul Armont y Marcel Gerbidon
Notas de autoría Antonio Haro Oliva y Carlos León / traducción
Dirección Ricardo Mondragón
Grupos y Compañías Compañía de Nadia Haro Oliva
Elenco Nadia Haro Oliva, Carmen Salas, Luis Beristáin, Guillermo Orea, Miguel Córcega,José Luis JIménez, Natalia Gentil Arcos
Escenografía Graciela Castillo del Valle
Espacios teatrales Teatro Arlequín
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La vida triste de las mujeres alegres, en el teatro Arlequín". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La vida triste de las mujeres alegres, en el teatro Arlequín
Armando de Maria y Campos
El teatro francés de bulevar, que es propiamente el teatro frívolo de todo el mundo, tiene sus clásicos. Los nombres de autores de este género ágil y picaresco que la tradición francesa ha incorporado a su lista de inmortales del género es larga. Armont y Gerbidon son de los últimos, pero con el tiempo pueden llegar a ser de los primeros, según reza refrán popular. Armonty y Gerbidon son los autores de la encantadora comedia con puntas y ribetes de vaudeville Escuela de cocotes, que conoció París antes de la década de los veinte. Con el nombre de El profesor de buenos modales fue conocida en México al través de la versión argentina que presentó el teatro Arbeu la compañía de Camila Quiroga. Se presentó pocas veces, porque la compañía de la Quiroga tenía su repertorio, particularmente de las obras de autores argentinos, y renovaba su cartel dos o tres veces por semana. Recuerdo a Camila, actriz de oficio y encantadora, muy frívola e insinuante al lado de Olarra y Serrano, sus dos primeros actores. Acababa de ver representar esta comedia en París y la traía muy bien reproducida según el modelo persistente. Esto ocurría a principios de los veinte.
Meses después la compañía mexicana de María Tereza Montoya y Julio C. Rodríguez, que ocupaba el teatro Fábregas, la estreno para nuestro público en general, es una versión muy ágil del excelente traductor Teodoro J. Remírez. No cito fechas precisas porque he prometido a María Tereza Montoya no hacerlo cuando me refiera a ella en particular. –Tú tienes la manía de las fechas... –me dijo recientemente– y yo tengo horror a ellas. A buen entendedor... María Tereza Montoya, que acababa de salir de la adolescencia y ya era actriz eminente que tocaba por igual los géneros de comedia dramático o frívolo, incluso el cómico, estuvo deliciosa en la protagonista Ginette, ingenua, cómica, y dramática al final. La comedia de Armont y Gerbidon se tituló entonces El profesor de buenas costumbres, y tuvo una interpretación homogénea y magnífica. Julio Rodríguez como Stanislas, Lola Tinoco como Amelia, Ricardo Mondragón como Roberto, y Alfredo Macías y Consuelo Segarra... Por supuesto, la versión era para familias y toda la picardía de la obra palpitaba únicamente en las situaciones, en los diálogos.
Escuela de cocotes ha vuelto con éxito a los escenarios de París, como una de las mejores obras de género de teatro de bulevar. Y pronto volverá a recorrer Europa entera. En México, la ha acogido la compañía de Nadia Haro Oliva, que tiene a esta bella e inteligente actriz por capitana. El triple personaje de Ginette, Genoveva y Ginebra, la misma mujer en tres distintas etapas de su vida, encuentra una feliz intérprete en Nadia. Su esposo Antonio Haro Oliva y el ingenioso humorista Carlos León han traducido de nuevo la pieza de Armont y Gerbidon, y la han dejado contemporánea y hasta más ágil, graciosa, insinuante y picaresca en su diálogo que en el original francés; modificaron poco las situaciones, pero León ha espolvoreado a lo largo de ella chispazos de ingenio y fino humor que tienen al público entretenido y en permanente estado de carcajada. Bajo la dirección de Ricardo Mondragón – el Roberto en la versión de la compañía de la Montoya–, todos los que en la comedia intervienen parece que visten personajes a la medida. Mondragón ha decidido el imperativo de las costumbres desnudistas de esta época, y permite que Nadia exhiba en ropas íntimas su seductora y elástica silueta y le ha dado en general la acción un tono de picardía comicidad deliciosos.
El tema de la obra, es una frívola versión del mito de Pigmaleón y Galatea. Un aristócrata arruinado prepara a jovencitas bellas e inexpertas para que ejerzan tan seductora y saludable profesión de mujeres galantes. De Ginette, joven y modesta aspirante a cocote, logra hacer la mujer galante más codiciada de París. Pigmaleón modela su Galatea, la empuja a las cumbres del éxito galante, pero no logra hacerle feliz, porque la vida de las mujeres alegres es generalmente muy triste. Esa es la moraleja, la gotita de acíbar, la escondida lagrima de todas las sacerdotisas del placer.
Nadia de Haro Oliva se muestra en todo momento muy hecha como actriz. Logra tres personajes distintos de manera clara y precisa, con riqueza de matices frívolos y con estrujante emoción al final, cuando se perfila el sentido dramático que no escapa a las vidas que tienen por misión derramar la alegría. Carmen Salas se incorpora a este conjunto, y está en todo momento en gran actriz, particularmente en las escenas de tonta ingenuidad, contra luz de la inteligencia que en todo instante denuncia la protagonista. Luis Beristáin hace un profesor de buenas costumbres de una pieza y Guillermo Orea, como el amante burgués, confirma su gran calidad de actor cómico. Miguel Córcega –el amante joven– y José Luis Jiménez, el protector viejo, actúan con dominio y componen con calidad e inteligencia sus respectivos personajes. Natalia Gentil Arcos, como la señora Bernoux, supo dar la intención a las peligrosas escenas en que interviene. La escenógrafa Graciela Castillo del Valle compuso tres escenarios con el ambiente necesario para revelar el cambio de posición social de la cocote que, gracias a una buena dirección social, en su frívola carrera.
El público de México pasará deliciosas veladas sí, como esperamos, acude al Arlequín a ver y gozar esta interesante pieza clásica del teatro frívolo o francés.