FICHA TÉCNICA
Título obra La cobija
Autoría Aurelio González Carrasco
Notas de grupos y compañías Beatriz San Martín / directora de actividade teatrales de la CTM
Elenco Soledad Ruiz, Jorge Ponce, Lilia Ortega, Mario Iván Martínez
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Auditorio Carrillo Puerto de la CTM
Notas Funciones teatrales del Programa de Teatro Social de la Confederación de Trabajadores de México (CTM)
Título obra El grito de Independencia
Autoría Mariano Villanueva y Francesconi
Notas de grupos y compañías Beatriz San Martín / directora de actividades teatrales de la CTM
Elenco José Luis López, Jorge Ponce, Antonio de Alvarado, Leopoldo Saavedra, Mario Iván Martínez, Jesús Medina, Fernando Chávez, Graciela Ortega, Isaí Ullúa, José Ramírez, niño José Luis González
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Auditorio Carrillo Puerto de la CTM
Notas Funciones teatrales del Programa de Teatro Social de la Confederación de Trabajadores de México (CTM)
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Inicia su programa el teatro social de la CTM". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Inicia su programa el teatro social de la CTM
Armando de Maria y Campos
La Confederación de Trabajadores de México, por conducto de su Consejo Nacional de Educación, tiene formulado un programa de Teatro Social especialmente escrito para las clases trabajadoras a quienes va de preferencia dirigido. Ha convocado a un Concurso de autores para premiar las tres mejores que se presenten y que se ajusten al ambicioso e inteligente plan del dirigente obrero Fidel Velázquez, actual secretario general de la CTM. A lo que parece, los autores han respondido, porque no obstante lo precario del tiempo desde la Convocatoria inicial hasta la fecha en que se cerró el concurso, enviaron siete obras escritas con el pie forzado que va desde los movimientos obreristas de Las Vacas, Cananea y Río Blanco hasta nuestros días, con la participación de la mujer en la lucha cívica.
La CTM tiene ya formada una compañía en la que abundan los elementos extraídos de sus sindicatos y ha iniciado obras para convertir su amplio auditorio Carrillo Puerto, con capacidad para novecientos espectadores, en un teatro dotado de los elementos de luminotecnia indispensables para todo espectáculo moderno. Y ha echado a andar su bien madurado programa aprovechando la ocasión de las fiestas patrias septembrinas y para probar el interés que la clase trabajadora tiene por un teatro dirigido a ella. Por lo que se refiere a este punto, la CTM debe estar satisfecha. Las dos funciones celebradas el 14 y 15 se vieron concurridas hasta cubrirse el cupo del local. Los obreros y sus familiares, entre los que se contaban muchos que confesaban no haber asistido nunca a una representación teatral, se mostraron sorprendidos y entusiasmados. Es natural, porque el espíritu de un auditorio es como un niño a quien se le enseña a caminar y en el teatro se le deja solo hacer sus primeros pasos: nada tan eficaz. El teatro es un ejemplo viviente, contagioso e irresistible.
¿Qué fue lo que les ofreció la CTM a las clases trabajadoras? Todavía no teatro social propiamente. Un espectáculo histórico, sencillo, comprensible, porque se ha tenido en cuenta que nada hace sufrir a un trabajador que ser tratado como adolescente; se irrita al comprobar en el autor burgués, una condescendencia protectora, a fin de colocarse a su nivel.
La directora de actividades teatrales de la CTM, Beatriz San Martín, eligió un pintoresco diálogo de uno de los fundadores de nuestro teatro de costumbres: La cobija, de Aurelio González Carrasco. Una escena sencilla en una calle vieja barriada de la ciudad de México, en la que Cándido y Grigoria, casados, y Tanasio, de doce años, hijo de ambos, disputan por la posesión de una cobija, y de ella se hacen un símbolo de amor indivisible, porque partida en dos no da calor a ninguno, como el amor hogareño dividido o divorciado no hace feliz a ninguno. Este diálogo permanecía inédito para los escenarios y la directora lo tomó de Diálogos de cazuela, libro de González Carrasco, que merecía mayor difusión. Interpretaron esta piececita dos parejas, alternándose: Soledad Ruiz y Jorge Ponce y Lilia Ortega y Mario Iván Martínez. Los cuatro se hicieron aplaudir con verdadero entusiasmo, sobresaliendo el joven actor Ponce en razón a que tiene experiencia teatral.
Pero el atractivo central de estas veladas fue el descubrimiento y reposición de un autor del siglo pasado, Mariano Villanueva y Francesconi con su pieza El grito de Independencia, en un acto y tres cuadros, estrenado por los teatros México en 1884 y que no ha perdido vigencia porque el auto supo captar la verdadera esencia popular de aquel acto histórico, y hacer que los actores lo hablen en lenguaje sencillo, directo, sin faltar a la verdad histórica. Y se da la curiosa coincidencia que al imprimir esta comedia tuvo el gesto de dedicarla "a la benemérita clase obrera". En ella aparece el cura Hidalgo, su hermano Mariano, Santos Villa, Abasolo e Ignacio Allende, aparte de otros personajes episódicos. La acción ocurre en el instante en que el cura Hidalgo sabe que han sido descubiertos y en el momento en que da el histórico grito y arenga al pueblo de Dolores. El autor pide "indígenas armados, mujeres y muchachos indígenas, bandas militares" y deja al director la responsabilidad de darle a su obra "gran aparato escénico". De todos los aspectos históricos y espectaculares cuidó la excelente y documentada directora, y movió a los personajes y a los grandes conjuntos que le proporcionaron los sindicatos cetemistas y a las bandas de guerra, con una seguridad y con un sentido artístico pocas veces logrado en esta índole de funciones de perfiles populares.
La interpretación, y teniendo en cuenta que la mayoría de los jóvenes actores son de extracción obrera, fue inmejorable. José Luis López logró dar al público la emoción de un cura liberal alucinado y enérgico. La arenga que se supone dijo en el atrio de la Iglesia de Dolores tuvo tal aliento, que el público obrero aplaudió emocionado.
Jorge Ponce como Pedro, criado del cura; Antonio de Alvarado como Ignacio Allende, Leopoldo Saavedra como Aldama, Mario Iván Martínez como Abasolo, Jesús Medina como Santos Villa y Fernando Chávez como Mariano Hidalgo, actuaron con soltura y gran veracidad y todos salieron vestidos con ricos tajes de la época. Completaron el reparto con decoro Graciela Ortega, Isaí Ullúa, José Ramírez y el niño José Luis González.
El Teatro Social de la CTM entra con buen pie en el momento en que nuestros afanes teatrales precisan más de una reivindicación. Y es que el dirigente Fidel Velázquez, no ignora que el teatro es el medio más poderoso de educación y de unión entre hombres y la mejor esperanza de renovación nacional.