FICHA TÉCNICA



Notas Panorama del teatro escenificado en los espacio teatrales de la ciudad de México




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Desalentador panorama teatral de títulos equivocados". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Desalentador panorama teatral de títulos equivocados

Armando de Maria y Campos

¿Será verdad, amarga y dolorosa verdad, que cada pueblo tiene el teatro que se merece? Entonces, el pueblo de la Ciudad de México es un de los más desdichados del mundo. Veintidós teatros, de todos tamaños, por todos los rumbos de la ciudad, tienen abiertas sus puertas en espera de que por ellas entre y colme sus salas de butacas, también de todos tamaños, ese conglomerado tan difícil de definir porque lo integran diversas clases sociales, que se llama público, y al que algunos cómicos viejos todavía tratan de respetable. Rubén Darío llamaba a eso "pueblo espeso y municipal".

De estos veintidós teatros dos están dedicados al género revisteril, y veinte a hacer comedias. Por los últimos de éstas se advierte desde luego el contenido de ellas o la voraz ambición de quienes económicamente los administran. Siguiendo un riguroso orden alfabético, éstos son los títulos de las comedias que llaman, con malicioso guiño de invitación al pecado, al espectador transeúnte. Ariel: Mi mujer necesita marido; Arlequín: El amante de madame Vidal; Bon Soir: ¡Sí... tío!; Caballito: Separada del marido; 5 de Diciembre: Mujeres; Comedia: El cornudo es el amante; Chopin: Tulipanes rojos; Gante: Se solicita amante con referencias; Globo: Ha entrado un hombre desnudo; Fábregas: El mundo de cristal; Juárez: El mal de la juventud; Insurgentes: Un cuarto lleno de rosas; Milán: Locura de juventud; Moderno: La cigüeña dijo sí; Músico: Ana Karenina; Rotonda: Buenos días, tristeza; Stagram: Una bomba llamada Abelardo; Sullivan: Réquiem por una monja; Trianón: Tu mujer me engaña; y Granero: Viaje de un largo día hacia la noche.

De los veinte teatros que hacen comedia, trece se dedican al género que un tiempo fue conocido por vaudeville y que ahora es mixto de "encuerismo", situaciones de adulterio o problemas francamente sexuales. Es evidente que el primer paso que han dado los productores de este género que ahora priva en México, es el de cambiar el título a la comedia, olvidándose del que nada sugería en materia sexual, pero que correspondía al espíritu de la pieza, por uno que despierte la morbosidad del adolescente, de los hombres maduros y de quienes se acercan, contra su voluntad, a las laderas de la montaña augusta de la serenidad. Alguna de estas comedias son del género blanco, como las que se representan en El Caballito y el Moderno, pero los títulos dicen más de lo que la obra da al espectador, y esto siempre repercute en la taquilla. En cambio otras como las que se representan en el Ariel y en La Rotonda, son francamente pornográficas. La que está a punto de representarse en el Trianón ni siquiera lleva ese título engañoso en italiano; es el de Aldo de Benedetti y ya se estrenó en México hace más de un cuarto de siglo. También ya es conocida de nuestro público, y hasta repudiada, la que está a punto de representarse en el Juárez, obra de Ferdinand Brückner, que exhibe un problema de lesbianas y que corresponde de descomposición de la sociedad alemana, hace muchos años superada. ¿Porqué volver sobre estos pasos perdidos?

Devoto de la libertad irrestricta, no me atrevería a insinuar cierto control oficial por lomenos sobre los títulos de estas obras que dan tan miserable idea de la mentalidad y de la sensibilidad de una población como la de la ciudad de México, tan fina, exquisita y cultivada en otras manifestaciones artísticas. Pero... ¡quién sabe si habría necesidad de hacer algo! Porque la culpa es únicamente de los empresarios llegados a última hora, hombres y mujeres, que quieren hacer una fortuna en cuatro meses, o en seis, con una pieza que alcance trescientas o cuatrocientas representaciones y a la postre haga daño a todos.

Escribo esto cuando me disponía a asistir al estreno de El cornudo es el amante, al que, finalmente no pude asistir, porque al pretender hacer alguna reservación de localidades, incluso pagándolas a su justo precio, no pude lograrlo porque el teatro, de bolsillo, claro está, estaba totalmente repartido entre las amistades de la empresaria, la inquieta señora Bucky Gutiérrez y quienes creen que porque la incipiente actriz Aída Araceli, que debe su triste y limitada popularidad al hecho de haber aparecido desnuda en alguna cinta cinematográfica, podría ser vista en esas condiciones en la comedia que ya inspira reservas por su título. Quédese, pues, para mañana, el comentario del estreno del teatro Comedia.