FICHA TÉCNICA



Título obra La cigüeña dijo sí

Autoría Carlos Llopis

Dirección Salvador Novo

Elenco Ana Blanch, Francisco Jambrina, Corzo Duarte, Alberto Catalá, Lya Engel

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Moderno




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno en el teatro Moderno, de La cigüeña dijo sí, de Carlos Llopis.". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno en el teatro Moderno, de La cigüeña dijo sí, de Carlos Llopis.

Armando de Maria y Campos

Poco a poco se vuelve al teatro francamente comercial, porque el negocio teatral es difícil y nadie se siente satisfecho si en la sala no hay público. ¿En qué consiste es éxito el teatro? En contar con el público. Los patronatos, las subvenciones, las cooperaciones –que estuvieron tan de moda en nuestro medio y que aún practica la Unión Mexicana de Actores– ayudan a montar decorosamente el espectáculo, que una vez inaugurado, es decir, levantado el telón, queda a merced del público que de manera permanente lo patrocina.

Después de cerca de una década de experimentos, se vuelve al principio: a la obra escrita sin más prestaciones que la de hacer pasar un rato agradable al público que paga. Los teatros experimentales, de ensayo, vocacionales, etcétera, quedan para los héroes, pero no para los cómicos de profesión, que si bien ya no se preocupan mucho del apuntador, quien, por cierto, a pesar de que no se esconde en la concha, muchas veces cobra si lo siguiera haciendo, siguen considerando la plantilla de tramoyistas, utileros, electricistas, traspuntes, representantes, además de que nadie puede pisar un escenario sin haber firmado un contrato que ampara la ANDA. En fin, que el teatro es, además de un juego peligroso, un negocio difícil.

Durante cerca de un cuarto de siglo las hermanitas Blanch –así se les comenzó a llamar cuando se presentaron al frente de una modesta compañía en el antiguo, demolido teatro Ideal; así se les llamaba todavía por los cuarenta– sostuvieron exitosas temporadas, en realidad una sola, larga y accidentada, con obras españolas, francesas, italianas y aún mexicanas, sin grandes aspiraciones de arte. Casi todas cómicas. Y que les acompañó el éxito, lo prueba el hecho de su larga temporada.

Desaparecieron de su escenario cuando aparecieron los grupos de teatro experimental, que siempre representaron a la cuarta pregunta, es decir, a la prángana, más claro, sin ganar un centavo, y, ergo: sin público verdadero y numeroso. Ahora vuelve Anita, la menor de las dos, hecha una gran actriz, como no lo fue nunca antes, madura, segura de su arte, y ¿con qué clase de teatro, se preguntarán ustedes? Con el de ayer. Comedias graciosas, un poco disparatadas, para hacer pasar el rato y reir continuamente. Mismo procedimiento que ha seguido Marilú Elízaga en su teatro, con probado éxito. Que otros hagan temporadas de teatro experimental, vocacional o de ensayo. Marilú Elízaga y Anita Blanch hacen teatro comercial. Al final cada quien hablará de la feria según le vaya en ella.

Anita Blanch ha elegido una graciosísima comedia de un autor español, fino humorista e ingenioso creador de chistes y situaciones que en España goza de prestigio y cotiza bien sus obras: Carlos Llopis, no desconocido entre nosotros si se recuerda El Amor tiene su aquel, que hizo Maricruz Olivier en el Trianón, y otras que se presentaron en el antiguo Fábregas. Esta se titula La cigüeña dijo sí, y es un divertimiento muy ingenioso, con el pretexto de que la cigüeña visita por la misma fecha a un matrimonio joven, y a los padres de esa misma pareja. Nada, en realidad, pero sí mucha maña para construir una comedieta, mucha jovialidad y risa para dos horas y media.

Si en una obra de tan escasa altura se puede estar eminente, lo están Anita Blanch y Paco Jambrina. Ambos se hallan en la plenitud de su arte de intérpretes, y logran lo más que en el género se puede conseguir. Yo compararía su actuación en esta obra con el epigrama de Marcial: nada en realidad y, sin embargo, verdad y dominio, talento y espíritu.

La pareja joven a la que visita la cigüeña, pertenece a la generación de acá, de este lado. Él, de nombre Corzo Duarte, aún inmaduro, pero empeñoso; ella, nacida italiana –vino a México con el espectáculo italiano Señoritas garantizadas, que actuó en el Fábregas– muy guapa y gentil, con un raro acento que cautiva, pero tampoco cuajada como actriz, lo que es natural, porque es ésta la primera vez que actúa en escena. Pero puede hacer carrera, porque condiciones y figura no le faltan. Alberto Catalá, en un papel episódico revela su oficio, y cumple. Lya Engel, empeñosa actriz además de cronista de teatro, en la indispensable criada de toda comedia española que sirve de comodín para explicar situaciones y ligar escenas, cumple discretamente.

Salvador Novo dirigió con su reconocida maestría esta comedieta y gracias a él lucen muchos de los finos matices en que abunda la divertida comedia de Llopis. El escenógrafo de moda o de actualidad. Toño López Mancera, hizo construir una sala de estar muy cómoda, elegante y funcional.

¡Ay!, parece que estamos viviendo las temporadas del Ideal de hace más de un cuarto de siglo, solo que todos –o los más– con el cabello cano y el ánimo marchito.