FICHA TÉCNICA



Título obra Un cuarto lleno de rosas

Notas de Título Room full of roses (título en el idioma original)

Autoría Edith Sommer

Notas de autoría Manuel Sánchez Navarro / traducción

Elenco Amparo Rivelles, Manolo Fábregas, Antonio Raxel, Silvia Suarez, niño Javier Gómez, Manolita Saval, Eloísa de la Vega, Guillermo Herrera

Escenografía Julio Prieto

Productores Manolo Fábregas

Notas Manolo Fábregas es Manuel Sánchez Navarro




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Un cuarto lleno de rosas y presentación de Amparo Rivelles". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Un cuarto lleno de rosas y presentación de Amparo Rivelles

Armando de Maria y Campos

Un éxito social contundente resultó –el jueves 4– la función inaugural de la nueva temporada de comedia durante la que habrá de representarse la comedia norteamericana Room full of roses, de Edith Sommer, traducida por Manuel Sánchez Navarro con el título riguroso y sugeridor de Un cuarto lleno de rosas y presentarse la actriz española Amparo Rivelles, contratada no única, ni precisamente, para actuar en esta pieza, , sino para trabajar durante un largo periodo en México en teatro, en cine y en TV.

El actor empresario Manolo Fábregas marchó hace unos meses a los Estados Unidos y Europa en busca de novedades. Vió en Nueva York la comedia de la Sommer, que había sido estrenada en The Playhose en octubre de 1955, y desde luego adquirió los derechos para representarla en México, seguro de que esta pieza tan norteamericana por su tema, por su tratamiento y por su construcción, y por la postura a que daría lugar, gustaría al público de México. Siguió su viaje a Europa y en Madrid se encontró con Amparo Rivelles, una de las jóvenes actrices con profesión madura, más estimadas en España. Actriz de cine también con éxitos que han llevado su nombre en alas de la propaganda a remotos rincones del mundo. Y la contrató para México, consciente de que traía con ella un excelente valor humano si no indispensable en nuestro medio, si útil y aprovechable. Con estos dos elementos y contando con Julio Prieto, nuestro mago de la escenografía, montó en forma espectacular, con riqueza y propiedad, la comedia Un cuarto lleno de rosas, no superior a ninguna de las piezas de autores mexicanos en juego, pero que ensayada con cuidado y representada con suntuosidad resulta un espectáculo entretenido.

La acción se desarrolla en la población de Didlothian, a treinta y cinco millas de Chicago, en los Estados Unidos. Bueno; la comedia es lo de menos. Un asunto alrededor de un divorcio, del cual resulta víctima una joven quinceañera, como hay miles y miles en el país del norte. Nosotros aun no llegamos ni remotamente a ese récord. El asunto no interesa como asunto, pero reconocemos que está metido en una comedia con corrección. Gira todo en torno a la chica quinceañera a la que su padre, quien volverá a casarse, ha utilizado como instrumento en contra de la madre, casada a su vez, y con un pequeñuelo de seis años. La chica, Cristina, es una resentida, pero al fin y al cabo se convence de que no hay cariño más verdadero que el de la madre. La madre es un personaje borroso, como tantas mujeres norteamericanas, que se limita a esperar, actuando guiada únicamente por su instinto entrañable. Ni el marido número dos (Joe, Manolo Fábregas), ni el marido número uno (Carlos, Antonio Raxel), son otra cosa en la comedia que lo que en el cine se llama bits agradecidos. Figuran, además, una alocada cerebral, cuya frivolidad exhibe su vacío interior; los hijos de ésta, un pequeñuelo de seis años, y, sobre todo, la chica quinceañera sobre la que sin trampa ni cartón descansa el interés de la obra y la responsabilidad de la interpretación.

La joven quinceañera fue confiada a la novel actriz Silvia Suárez. Sin experiencia anterior ni siquiera conciencia de lo que hace por la fragante edad en la que vive, aunque actúa con el papel aprendido, deja mucho qué desear al buen catador de teatro. Yo, personalmente, prefiero a una dama joven con edad, que en la escena sea auténticamente dama joven, a buscar la realidad, cuando esta está aún inmadura. Amparo Rivelles es una actriz que, como quien dice, ha nacido en las tablas. Se encuentra en la edad que Balzac estimó mejor para la mujer hermosa e inteligente. Reboza el personaje en señorío, en dicción clara y modulada, en ademán que subraya la palabra, y posee esa verticalidad y ese saber estar en la escena que sólo se logra con la diaria labor de representar. En realidad, Amparo Rivelles aún no se presenta al público de México. De ella se nos ha ofrecido una especie de avances o trylers de lo que es en verdad. El niño Javier Gómez está admirable, como niño. Manolita Saval, en el personaje alocado, cumple con simpatía y donaire y no desentonan en el conjunto Eloísa de la Vega y Guillermo Herrera, Fábregas juega con su bit lo mismo que con el suyo Raxel. La escenografía de Julio Prieto, imponente, por lo realista. Supo trasladar al escenario un trozo de una mansión como las más ricas y confortables de nuestras colonias residenciales por Chapultepec o el Pedregal.

El éxito de público ha continuado, no así el artístico, que es discutido.