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Columna El Teatro
Guimerá no se decidió a traducir al catalán La venganza de la gleba, de Gamboa
Armando de Maria y Campos
Durante la misión diplomática extraordinaria que desempeñó Federico Gamboa al frente de una embajada especial que el Presidente Díaz envió a España como una muestra del reconocimiento de México por la también extraordinaria y especial que había encabezado el general Polavieja, con motivo de las fiestas del centenario de nuestra Independencia política y económica del régimen colonial, Gamboa visitó Barcelona, y fue agasajado por las altas autoridades de la ciudad condal.
Durante la recepción que a la embajada mexicana ofreció el gobierno civil de Barcelona y a una leve insinuación de ésta, preguntándole si no quería asistir a una representación teatral auténticamente catalana, Gamboa repuso sin titubeos cuánto le complacería fuera posible ver representada en catalán la muy popular en España e Hispanoamérica pieza dramática Tierra baja, de Ángel Guimerá, y hasta se atrevió a sugerir que el colmo de su satisfación sería verla al lado de su ilustre autor. "De anterior me sabía que Guimerá –escribe Gamboa en su Diario el 13 de marzo de 1911–, sin llegar a huraños si en sobradamente retraído, pero me sabía también que es ¡y con cuánta justicia! el ídolo de Cataluña entera, no obstante haber nacido, lo mismo que Pérez Galdós, en las islas Canarias. quedaron en conquistarlo, y como buenos, cumplieron. Hallábase el Romea, de bote; la temporada del año estaba a cargo de la compañía dramática catalana que dirigía el egregio artista catalán Pere Codina. El programa, que conservo se ha impreso en una rica lengua mediterránea, hija del proverzal:
'Gran Funció de Gala, en obsequio y honor del Ecm. Ser. Embaixador extraordinari de Méxic. D. Frederic Gamboa i del Seu ilustre acompanyment'. la función dio principio con L'Ase del Hortalá, de Emili Vilanova, y siguió con el grandioso drama de fama mundial, en tres actes, 'original del eximi poeta dramaturg. D. Angel Guimerá Terra Bajxa (amb assistencia del autor)'".
Poco sabían los catalanes de las andanzas como autor teatral del embajador Gamboa. Sin embargo la cortesía catalana no conoce fronteras. Me atrevo a suponer que el propio Guimerá ignoraba que el diplomático mexicano, en misión especial y extraordinaria, escribiera para el teatro, y, menos, obras de tipo social. No obstante, el encuentro de los dos autores fue de apoteosis, según las notas de Gamboa en su Diario: "Aisláronme a mi en un palco, donde la concurrencia me saludó con palmas efusivas. Pasó el sainete, muy gustado y reído; y momentos antes de que el drama comenzara, escoltado de autoridades y empresario que discretamente permaneciera en el pasillo, apareció el poeta. No, nada más me puse en pie –y conmigo todos los asistentes que llenaban la sala–, sino que le abrí los brazos y entre ellos lo retuve unos instantes sin que él ni yo nos dijéramos palabra ¡así estábamos de conmovidos! Y mientras el abrazo se prolongó, el entusiasmo del público rayó en delirio... Solo nos dejaron durante los tres actos y al final de cada uno de ellos, la evocación al escritor insigne volvía a estallar. Mucho conversamos (Guimerá maneja el español con elegante soltura, como cualquier castellano culto) sobre su obra, sobre sus proyectos literarios, sobre su vida. Es parco en palabras y no sonríe a menudo; su mirar es triste, cual si prefiriese la callada evocación de quien sabe qué lejanías; el rostro, inteligente y ya surcado por las primeras arrugas, heraldos de la vejez que llega; la testa, dolicocéfala, regada de canas en alboroto, el pergeño, aliñado pero sin espero; los ademanes, más tardos que acompasados. Las ovaciones de su público y mis alabanzas cordiales a su talento, a las claras lo conmovían... Quedamos en que me obsequiaría con su retrato, en que nos escribiríamos..."
No hay noticias en el metódico y muy rico en noticias Diario, de Gamboa, de si el diplomático mexicano en el zenit de su carrera y el dramaturgo catalán ya consagrado mantuvieron correspondencia epistolar. Pero algunos pliegos deben haberse cruzado entre los dos comediógrafos, porque el 10 de julio del mismo año Gamboa anota: "Despaché a Ángel Guimerá, en Barcelona, La venganza de la gleba, que bondadosamente me ofreció traducirla, si la hallaba apropiada para el público en Cataluña, que algo difiere del gusto español".
El 8 de diciembre Gamboa recibe una carta sincera y desconsoladora:
"Respetado señor mío y amigo: Antes de todo debo pedir a usted mil perdones por tanta tardanza en escribirle. A su llegada empecé a leer inmediatamente su hermoso drama de usted, La venganza de la gleba; y he de confesarle que cuando más avanzaba en la lectura, tanto más insuperable me iba pareciendo la versión acertada de la obra, en su letra y en su espíritu, a la lengua y a la manera de ser de Cataluña. Aplacé la carta de contestación a la que usted, para después de otra lectura, y he de manifestarle ahora con todo el dolor de mi alma que no me veo con fuerzas para llevar a las tablas de casa ese trozo especial de la vida mexicana que, aunque de pronto no lo parezca tanto, es en realidad muy diferente de la nuestra vida. Trasladar sus escenas a Cataluña como si pasara en Cataluña, no siéndolo, resultaría en grave perjuicio del éxito grande que merece la obra, y lo comprometería . Y dejar la escena en México no es posible tampoco, hablándola en catalán, porque la traducción exacta de las palabras no sería la traducción misma ya que quedaría sin traducir el color y la vida propia, o mejor dicho, el alma de la obra, que no es posible hacerla pasar de un cuerpo a otro cuerpo. Y otro inconveniente de orden más material se presenta aquí este años para que se represente La venganza de la gleba. A causa de una desatención del empresario del Teatro Principal a un autor dramático, el señor Iglesias, todos los autores de obras originales hemos retirado nuestro repertorio de ese teatro, el único en que representan obras en nuestra lengua. Y si bien se trata de abrir otro subvencionado por el ayuntamiento, será sólo para representar obras originales. Todo lo que he dicho no es, mi distinguido amigo, en desmérito (sic) de La venganza de la gleba, que es un drama de mucha fuerza, y mucho sentimiento, y grandes caracteres. ¡Cuánto quisiera yo que la representaran como es, sin quitar ni poner una coma, María Guerrero y Diaz de Mendoza! Yo tengo mucha amistad con ellos, y si usted me lo permite, cuando vaya a Madrid a estrenar La reina joven, les presentaré la obra de usted, recomendándola con el entusiasmo que siento por ella". Siempre su amigo y adminrador afectísimo (f) Ángel Guimerá. Barcelona, 5 diciembre de 1911. Calle Petritxol, principal."