FICHA TÉCNICA
Título obra La quinceañera impaciente
Autoría William Douglas Home
Dirección Fernando Mendoza
Elenco Manolita Saval, Tere Velázquez, Fernando Mendoza, Rosa Furman, Magda Arvizu, Luis Lomelí, Corzo Duarte
Espacios teatrales Teatro Sullivan
Notas de espacios teatrales Rita Macedo y Ernesto Alonso / empresarios
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Inauguración de la temporada teatral con La quinceañera impaciente en el Sullivan". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Inauguración de la temporada teatral con La quinceañera impaciente en el Sullivan
Armando de Maria y Campos
La actriz empresaria también, del teatro Sullivan, Rita Macedo, realizó un viaje a Londres con fines familiares –en las islas británicas reside su esposo– y, aprovechando el viaje, vio teatro y contrató para el local que administra en México en unión del también actor Ernesto Alonso, varias exclusivas de obras que pudo comprobar tenían éxito en aquellos coliseos. La primera muestra de su experiencia personal como espectadora y empresaria antes que actriz, puesto que en varias de las exclusivas que contrató no actuará, es la comedia apatochada –término francés– o astracanada –vocablo de origen teatral español– de William Douglas Home, que ha sido presentada como primera pieza de la Temporada 1957, en el teatro Sullivan, el viernes último (11 de enero), titulada La quinceañera impaciente.
Creo que esta pieza, que en ocasiones, tal vez por excesos de interpretación o por ligereza de dirección, desborda en farsa, porque las situaciones cómicas en que abundan no se ciñen al estricto juego de sorpresas que provocan la hilaridad, y parecen organizadas exclusivamente para hacer reír, con renuncia de toda consideración a un buen gusto elemental, ha sido muy arreglada para México y en particular para un público facilón y aburguesado, y con el propósito –esto me parece evidente– de interesar a esos personajes extraños y característicos de la vida contemporánea que son los productores de cine. Hay quien vive, escribe, se viste o se desnuda, únicamente para despertar la atención de los productores de películas. Sí, yo creo que La quinceañera impaciente, será pronto una película mexicana de taquilla... ...El cronista de teatros tiene a su alcance muchos medios de opinar. Uno de éstos es asegurar que una pieza de teatro puede ser llevada al cine. Otros, abandonar la sala a media representación, y hasta dormitar durante algunas de sus escenas. En este caso nos limitamos a augurarle a La quinceañera impaciente, éxito dentro del cine nacional, y de seguro con algunos de sus intérpretes principales: Manolita Saval, en la madre casamentera, una especie de culta dama inglesa, y Tere Velázquez, precioso pimpollo de mujer que por primera vez pisa las tablas, seductora silueta de adolescente, que se mueve con desenvoltura de mambos y cha-cha-chá, que habla con claridad y le pone atención a lo que dice. Es un hallazgo para la escena mexicana y sólo por esto, y nada más que por esto, quedará como efemérides teatral de estreno de La quinceañera impaciente. La traducción y adaptación parece hecha a la medida de la simpática personalidad de la actriz ya anciana Manolita Saval –se le da ocasión de que cante con comicidad y de que toque el piano–, pero lo más atractivo de la representación es la presencia de Tere Velázquez, que en el arreglo de la comedia inglesa baila, naturalmente empleando música grabada, el discutido rock and roll, ritmo viejísimo, como se sabe, puesto en moda por un andrógino norteamericano, que encuentro natural alborote a las adolescentes del tipo de la quinceañera tonta de la comedia inglesa y que, cómo serán los demás personajes, incluso la madre casamentera, a la postre resulta un pòrtento de inteligencia, discreción y sentido común.
El tema de La quinceañera impaciente, no puede ser menos pueril e inconsistente. Una madre rica, de la alta sociedad inglesa, se ha propuesto casar a su hija quinceañera, y no encuentra otro medio que organizar bailes y cocteles, asistir a bailes y cocteles, y naturalmente, a cabarés, para que su hija encuentre novio entre los muchachos disponibles que asisten a baile, cabarés, cocteles y fines de semana en el campo, donde se rozan materialmente con todos los adolescentes en estado de ser atrapados por las madres impacientes o por las chicas que están deseando ser atrapadas. Sobre este tema el autor escribe cuatro largos actos durante los que intervienen la madre casamentera, otra de este mismo tipo, pero menos tonta; un padre –hombre de negocios– tonto de remate; dos quinceañeras, una de ellas boba; y dos jóvenes, que usan el mismo nombre para facilitar el quid pro quo en que descansa la endeble anécdota, un tonto y el otro... también. Ese tema, en manos de un Muñoz Seca, de García Alverez, del binomio Paso y Abati, españoles tan denigrados hoy, se hubiera resuelto en una comedia de astracán divertidísima. Hasta Vital Aza, centenario ya, tal vez hubiera logrado una amena comedia de enredo, o un juguete cómico, como se decía en los días de María Cristina o en tiempos de don Porfirio.
Los devotos del incienso a todo evento, los tozudos del panerígico, los optimistas a ultranza –o a conveniencia, que también en esta vida hay de todo– dirán que La quinceañera impaciente es una comedia deliciosa y que Manolita Saval está magnífica. Allá ellos
También puede ocurrir que el público acuda a ver esta comedia, y que acudiendo ría mucho. Tendrá motivo. Puede suceder que La quinceañera impaciente, se convierta en película, trasladada su acción a México como es costumbre. Todo esto puede ocurrir, y, además, que resulte un buen negocio para los empresarios Rita Macedo y Ernesto Alonso. Pero, en resumen, no dejará de ser una de tantas, de enredo y sorpresa cómica, cuna de una promesa de buena actriz: Tere Velázquez.
Además de Manolita Saval y de Tere Velázquez, intervienen Fernando Mendoza –también como director–; Rosa Furman, Magda Arvizu, Luis Lomelí y Corzo Duarte, quien revela condiciones para hacerse buen actor. La escena está presentada con propiedad y hasta con lujo. La dirección de Mendoza es anticuada, atenta principalmente a provocar la sorpresa cómica, es decir, a hacer reír, que es el más cómodo de los caminos para pasar agradablemente un par de horas de sobra.