FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre Alfredo Gómez de la Vega como conferencista del arte escénico japonés




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Alfredo Gómez de la Vega y el arte teatral japones". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Alfredo Gómez de la Vega y el arte teatral japones

Armando de Maria y Campos

Los lectores de Novedades han podido seguir, casi paso a paso, el viaje de estudio y observación que nuestro gran actor Alfredo Gómez de la Vega realizó el año pasado y todavía a principios del presente por el Japón, la India y China, relacionado con el teatro de aquellos milenarios países, en virtud de las crónicas suyas que periódicamente aparecieron en estas páginas. El resultado de este viaje, convertidas en observación y experiencia de testigo presencial en el recuerdo vivo, lo empieza a condensar en interesantes, apasionantes ciclos conferenciales. El primero, sobre El arte escénico en el Japón, lo ha desarrollado bajo los auspicios, primero de la Universidad Nacional Autónoma de México, y después por el Seminario de Cultura Mexicana. De tres conferencias se compone este ciclo que don Alfredo Gómes de la Vega dio en la Casa del Arquitecto, de México, bajo el patrocinio de la UNA, y en la Universidad de Nuevo León. Anoche –21 de noviembre–, debe haber dicho una síntesis de este ciclo en la sala de conferencias de la Asociación Mexicana de Periodistas.

Gómez de la Vega vivió año y medio metido hasta el cuello en los teatros del Extremo Oriente –como hace años le ocurrió durante su visita a la URSS, de cuya experiencia quedó un magnífico libro–, y tan dentro de su sangre y de su médula lleva ya la experiencia teatral que vivió y gozó al visitar los grandes países del continente asiático; la India, el Japón, la China, que al hablarnos del desarrollo en aquel remoto y fabuloso por lo poco conocido mundo teatral, lo hace con pasión de convencido que rinde todas las voluntades y produce congoja y desesperación entre quienes lo escuchan encantados, pero seguros de que tal vez nunca puedan gozar del privilegio que su amor al teatro y sus espíritu iluminado por la aventura le pudieron proporcionar.

Imposible resumir en unas cuantas líneas lo que Gómez de la Vega nos dice vio en Japón, a que hasta ahora se ha reducido su labor como conferenciante. Es muy bella y afortunada la poética frase que asegura que en una flor se resumen todos los aromas de un jardín, pero no se puede aplicar en la práctica de una crónica breve e informativa. Los títulos de sus tres conferencias japonesas son: El Teatro clásico del Japón. Impresiones de conjunto, la primera; El arte escénico en el Japón y Teatro Clásico No, la segunda; y la tercera, Kabuki, el Teatro clásico popular del Japón. Pero los títulos son lo de menos. Lo esencial y trascendental está en la narración emocionada, cargada de experiencia, ilustrada con deslumbrantes anécdotas que Gómez de la Vega recita –en la acepción que en el italiano tiene este término–, que declama, y aún más, que pinta con su palabra rica en matices y escenifica con su sabia gesticulación, con sus ademanes elocuentes. Y todo ello dejándose llevar, con voluptuosa complacencia, por ráfagas de inspiración.

No sé de nadie que se precie de ser un buen cronista de conferenciantes, entendida por esta actividad la responsable misión de dar al lector una impresión viva y fiel de lo que ha sido una conferencia. Envidiable actividad –si existiera–, porque quien tal la desempeña podía ser él mismo un extraordinario conferenciante sintético, y aún atómico, si lograra dar la versión exacta y comunicara la emoción de cuanto había oído y sentido en una conferencia excepcional. yo sé bien que jamás podría reflejar en un comentario una conferencia de Gómez de la Vega, sólo he conocido a otro gran conferenciante que actúa mientras habla, aunque como actor de medio tono, Alfonso Reyes.

Gómez de la Vega, conferenciante después de testigo, enriquece sus recuerdos y apuntes con referencias a lecturas de quienes han estudiado el desarrollo histórico del arte teatral en el Japón. Esto hace aún más interesante su labor de charlista excepcional y, por esto, imposible de reducir a los límites de un simple comentario, no obstante que mi amor al teatro universal me ha llevado a estudiar El desarrollo del arte teatral japonés, de Shiguetoshi Kawatake; Los orígenes sociales del teatro japonés, por Eikichi Hayashiya, y, muy recientemente, Teatro y danza en el Japón, de J. Vicenta Arnal.

Alfredo Gómez de la Vega, actor conferenciante, es víctima inexcusable de un doble arte efímero. El arte del comediante, y en el caso a que me refiero, en el del conferenciante, es dolorosamente efímero, pues con él muelo justo de la apreciación. De poco nos sirve que los contemporáneos de un actor se esfuercen ponderando sus merecimientos. Teniendo mucha fe en la palabra de quien nos habla, podremos creer en la autenticidad del recuerdo pero la sugestión del arte no se lega por escrito ni por relato. A la fama de los artistas de teatro, poco vale el pasado. Hay que renovarla cotidianamente, y en la noche de hoy reverdecer los laureles de la noche pasada. El encanto de la voz, la elegancia al frasear, la elocuencia en el ademán, la belleza en la justa expresión del sentimiento, no se perpetúa; dura lo que la sensación del momento. Así, de bien poco sirve recordar; porque, de entre los buenos, los últimos suelen parecernos los mejores. Aun impresas las conferencias sobre el Japón, y su arte en el teatro –o las que nos anuncia Gómez de la Vega que recitará sobre el de la India o el de China–, nunca tendrá la elocuencia humana y la emoción fulgurante que cuando las crea este gran actor.

Que lo dicho por el monarcal filósofo de la existencia mundana pueda aplicarse tan bien en el arte del comediante como el arte del conferenciante:

"Hoy es el hombre y mañana no parecerá. En quitándolo de los ojos, se va presto de la memoria..."