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Columna El Teatro
En el cincuentenario de la muerte de Ibsen. Cómo y por quién fue representado por primera vez en México. III
Armando de Maria y Campos
Nuestros críticos de fines del siglo XIX no entendieron el drama Espectros, de Ibsen, ¿Qué son los Espectros? Desde luego que no son los morbos hereditarios que andan por las venas de Oswaldo, sino los prejuicios, los ideales hipócritas, los deberes morales sin fundamento que merodean como fantasmas alrededor de los hombhres, ensombrecen los hogares y asfixian todo goce de vivir. No es Oswaldo el protagonista de la obra, sino su madre. y lo genial de Espectros reside en que el observatorio del tremendo drama de ese hogar está dentro de la conciencia de una mujer –la señora Alving–, quien poco a poco se va liberando de "las ideas corrientes que el mundo admite sin examen". Hasta que, cuando acaba de emanciparse, es para enfrentar la última víctima de esos espectros, su propio hijo Oswaldo.
En ocasión del estreno de Espectros, el propio Ibsen creyó oportuno decir algo sobre el fondo y significado de su obra: "Se trata de atribuirme las opiniones expuestar por algunos personajes. Sin embargo, no hay en toda la obra una sola réplica que exteriorice la opinión del autor. Me he guardado mucho de incurrir en semejante falta. Mi intención ha sido dar al público la impresión de hechos observados en la vida real. De ninguno de mis dramas la personalidad del autor está tan ausente como de este... Se ha dicho que la obra predica el nihilismo. No predica nada. Contiene solamente la advertencia de que el nihilismo existe en estado latente de nuestro país como en todas partes. No puede ser de otro modo. Siempre un pastor Manderes hará surgir una señora Alving. Y precisamente porque está es mujer, abrazará las opiniones extremas en el camino que haya emprendido". Ibsen esperaba las propuestas que provocó la obra entre los elementos regresivos y los reaccionarios; pero ante la alarma con que fue recibida por los campeones de la libertad hubo de preguntarse sorprendidos: "¿Acaso la obra de emancipación está permitida únicamente en el terreno político? ¿No importa ante todo emancipar los espíritus? Esas almas de esclavo –añadía– son incapaces de sacar partido de las libertades que posee la Nación." Reconocía Ibsen que tal vez la obra sea por muchos conceptos atrevida. Pero afirmaba que le pareció llegada la hora de ensanchar los límites de la audacia. la tarea erale más fácil a él ya viejo en el oficio de escritor, que a los jóvenes autores animados de un deseo semejante, que vinieron a decir lo que Ibsen en Espectros, pero muchos años después.
Pasaron los años; ningún actor, gran actor por supuesto, español o mexicano, se atrevió a representar en castellano esta u otra obra de Ibsen. Tuvo que volver Andrea Maggi en 1910 –debutó en febrero, en el teatro Arbeu– para que el publico de México viera representar de nuevo Los aparecidos. ¿Cómo fue recibida, catorce años después y por un público en su mayoría distinto, la nueva versión, en realidad la misma, tal vez más madura, de Espectros por Andrea Maggi?
El gran cronista Luis G. Urbina, escribió en El Imparcial lo que sigue: "En los dramas de Ibsen hay toda la complejidad de la vida moderna y toda la filosofía. Quizá sean los únicos que hoy satisfagan a los espíritus intelectuales. Llegamos con ellos a los más hondos conflictos de la conciencia...".
"Ibsen quiere demostrar que nuestra desgracia proviene de nosotros mismos; que nosotros mismos la tejemos a todas horas, ya queriendo ahogar nuestros instintos naturales para obedecer a determinados perjuicios, ya mostrándonos débiles ante las pasiones viciosas creadas y desarrolladas en la lucha por la vida ya prestando atención a cuaquier sentimiento anormal.
"Son Los aparecidos una terrible exposición de la fatalidad atávica, y constituye una vigorosa muestra de literatura nórdica, "densa" de ideas, muy intelectual, y todo pensamiento, reverso de la medalla de la meridional, que es no pocas veces, toda sensación.
"Es Oswaldo no un individuo, sino una idea encarnada, personaje profundamente trágico por lo falta del destino que sobreél pesa; tiene mucho de Hamlet, de su tristeza y de su desfallecimiento de voluntad, y como el infeliz Príncipe de Dinamarca, está no muy lejos de la demencia, y por eso nos conmueve y nos agita sobre todo en el fin de la obra, muy lógico, pues en Ibsen no hay convencionalismos, sino pura y rigurosa lógica, y a la manera del filósofo griego va siempre con el 'porqué' en la pluma, y pese a quien pese nos lo da completo, real, verdadero, tal y como la vida presenta las circunstancias que nos rodean.
"La Ley de la herencia es falta, es inevitable hay que sufrirlos, y la marcada neurosis de Oswaldo es un legado macábrico que un padre infiltró en la sangre al dar vida al hijo. Todo ello penetra como ascuas de fuego en nuestro espíritu lo vemos y nos apesadumbra, y al salir del teatro decimos ¡que verdad tan triste!... ¡qué horrores encierran algunas existencias!..."
Otro comentarista que gozaba de sólida reputación entre el público culto que cubría los abonos que abrían las empresas de temporadas extranjeras, era don Manuel Torres Torija, que firmaba Tristán de Lyria y que publicaba sus crónicas en el semanario Arte y Letras; al que estaba suscrita la élite porfiriana Crónicas superficial pero muy leído, formaba opinión Resulta útil traer a esta reseña –en próxima crónica– su comentario sobre la nueva representación en italiano de Los aparecidos –Espectros– de Ibsen el año 1910.