FICHA TÉCNICA
Título obra Miércoles de ceniza
Autoría Luis G. Basurto
Dirección Ricardo Mondragón
Elenco Ofelia Guilmain, Carlos Navarro, Hortensia Santoveña, Héctor López Portillo, Luz María Núñez
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Sala Chopin
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Miércoles de Ceniza, obra en tres actos de Luis G. Basurto, en la Sala Chopin". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Miércoles de Ceniza, obra en tres actos de Luis G. Basurto, en la Sala Chopin
Armando de Maria y Campos
Por tercera vez, sin interrupción, sube a la escena de la Sala Chopin una obra de esencia y tema católicos. ¿Es pura coincidencia? ¿Se busca con ésta el éxito económico, provocado, en parte, por la discusión que alcanzaron recientemente La muralla de Joaquín Calvo Sotelo y La herida luminosa de José María Sagarra? ¿Se pretende establecer en México una corriente de teatro católico –cuando en las esferas dirigentes de México se encierran el catolicismo, aun cuando detrás de ellas se practique de un modo vergonzante (como ha afirmado en ocasión del estreno de la obra a que me vengo refiriendo, Celestino Gorostiza, depositario o conductor oficial del teatro en México)?
Subió a la escena de la Sala Chopin –jueves 11– la obra de Luis G. Basurto. escritor de formación católica, con evidente éxito de público y de seguro de crítica, Miércoles de ceniza, se titula la obra de Basurto –después del Carnaval, pecado y orgía, llega la ceniza, que es meditación y arrepentimiento; volver a Dios–, y en ella el ya maduro autor plantea con naturalidad pero con valor, y desde luego, con sinceridad, un caso amoral que desemboca en el arrepentimiento y conduce a la verdad. La esencia del problema no es discutible, y está manejada con gran serenidad y sobra –por que a Basurto ya empiezan a sobrarle recursos teatrales legítimos– de teatralidad. Un sacerdote joven, que no revela su condición al encontrarse en el andén de una estación de ferrocarril con una mujer joven y hermosa, dueña de una mancebía y víctima de pasado tormentoso, con el corazón saturado de rencor; líder de su religión, que conduce a la mujer, sabiéndola protagonista de un carnaval, desenfrenado, a su miércoles de ceniza. Pero apóstol y hombre, ciñe al fin a un arrepentimiento bien conducido teatralmente a la orgullosa, desventura y perversa mujer, que, como todas las hijas de Cristo, tiene también su corazoncito. Y de paso, aprovechando el viaje apostólico, salva también a la amiga pecadora de la protagonista y aun antiguo e inútil amante de ésta. Todo ello adobado con los mejores procedimientos técnicos que brinda la experiencia a un autor que se encuentra en un punto de madurez indudable. Como obra de teatro, Miércoles de ceniza se enriquece con escenas de perdurabilidad legítima, como aquella, durante el segundo acto, en la que las dos administradoras de lenocinios, amigas desde la infancia, abren la carne viva de su pasado aventurero; no importa que esta escena se inspire en una memorable de Pepa Doncel, de Benavente, que los buenos aficionados al teatro español conocen y no olvidan. En estas escenas anecdóticas que enriquecen la esencia católica de la obra de Badóticas que enriquece la esencia católica de la obra de Basurto es donde más se advierte el dominio a que a llegado nuestro joven y ya madura autor.
Todos los personajes en juego tienen calidad humana, y el autor los mueve con la naturalidad de quien transita por senderos reales, humanos. La construcción de la obra es lógica el desarrollo de la acción tan claro como fluido y el desenlace de una evidencia que sólo discutirán quienes no sepan ver el límite preciso entre el deber apostólico y la debilidad de hombre del protagonista, el sacerdote Federico, y la reacción física y espiritual de la rencorosa dueña de mancebía que en un minuto de sincero arrepentimiento lava una vida de culpas, pecados y errores.
La obra de Basurto planteará seguramente en México un tema que ya ha dejado de ser de actualidad en Francia o en España. ¿Existe un teatro católico? ¿Paul Claudel en Francia, Pemán, Calvo Sotelo y otros, en España, han creado un género de teatro católico, porque católicos ellos, escriben teatro? No; no hay un género dramático católico. El teatro es comedia, drama, farsa, tragedia o sainete, pero su condición de católico es una cualificación esencial que afecta, positiva o negativamente, a todo teatro y que, en cualquier caso, viene determinada ya por la posición que adopta el autor, no al trazar el esquema de su obra sino al plantear el fondo de su problema. Se ha dicho, y con razón, que "será teatro católico todo aquel que esté escrito con fidelidad a la doctrina católica", por supuesto tanto si se trata de solemnes tragedias como de alegres farsas; tanto si está producido por escritores católicos como por autores de otra confesión; tanto si plantea problemas de fe o de moral como si se limita a reflejar aspectos de cualquier circunstancia humana. La obra de Luis G. Basurto trata de analizar, ya lo dije problemas morales de su propia religión católica. Y en último término, que es el primero desde el punto de vista de una pieza de teatro, los plantea con sobra de psicología, atacando de cara el ángulo social, y lo resuelve con gran dignidad. Miércoles de ceniza, es una obra bien pensada, planteada con dominio del oficio, desarrollada con valentía y serenidad, y muy bien escrita, lo que equivale a decir que muy bien dialogada, porque el teatro bien hecho, el buen teatro, es, aparte de situaciones, diálogo, nada más que diálogo. La situación escénica puede ser, y lo es con frecuencia, técnica y aún trucos; el diálogo en el teatro sólo es válido si es reflejo de la vida, porque en él está no sólo el pensamiento sino el alma del personaje. Basurto maneja el diálogo con maestría en Miércoles de ceniza.
Los intérpretes encontraron a sus personajes. Ofelia Guilmain que ha escalado las cumbres reservadas a las actrices legítimas, crea su personaje con gran verdad y emoción y lo proyecta al público cargado de humanidad. Así Carlos Navarro, como el sacerdote líder apóstol, que actúa con difícil naturalidad y con evidente profundidad. Hortensia Santoveña, también ya excelente actriz, alterna con dignidad al lado de la dueña de la mancebía (la Guilmain). Héctor López Portillo actúa discreto y profesional. Luz María Núñez, en otro personaje, o de tipo, que los directores se empeñan en confiarle por uno de tantos secretos de encasillamiento tan frecuentes en el teatro, se supera a sí misma, y está deliciosa en lo anecdótico y muy comediante en los ricos matices característicos de estos tipos que nuestros autores ya empiezan a escribirle con su episódica intervención a que la interpretención de Miércoles de ceniza, se resuelva con dignidad.
Dirigió la obra el veterano Ricardo Mondragón y a él debe abonársele el mejor porcentaje del éxito que alcanzar Miércoles de ceniza, presentada con un buen busto y una suntuosidad –escenografía de David Antón, muebles y objetos de arte– digna de los mejores escenarios y de los públicos más exigentes.