FICHA TÉCNICA
Título obra El deseo llega al amanecer
Autoría Federico S. Inclán
Dirección Simón Armengol
Elenco Ema Grissé, Germán Robles, Rafael Beltrán,Eduardo Alcaraz, José Muñoz
Escenografía Artis Gener
Espacios teatrales Teatro de Los Compositores
Productores Ángel Estivil
Notas Teatro de Los Compositores en Ponciano Arriaga 17, edificio de la Agrupación de Compositores
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Inauguración del Teatro de Los Compositores con una pieza dramática y cruda de Federico S. Inclán". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Inauguración del Teatro de Los Compositores con una pieza dramática y cruda de Federico S. Inclán
Armando de Maria y Campos
En el edificio social de la Agrupación de Compositores calle de Ponciano Arraiga número 17 –a una cuadra del monumento a la Revolución–, en la ciudad de México, se construyó un local para sus sesiones y actos sociales que, con algunas adaptaciones, se convirtió en otro nuevo local para espectáculos teatrales de comedia o drama. Ni teatro propiamente, ni salón de actos como se llamaba antes a estos locales, resulta útil para representaciones de teatro sin música, situación paradójica si se tiene en cuenta que es un construido por los compositores. No es cómodo llegar a él, porque se tiene que cruzar un pasillo frontero a las oficinas de la agrupación. De cualquier manera, la ciudad cuenta con un nuevo teatro de bolsillo.
Para inaugurar el llamado teatro de Los Compositores se eligió una pieza del fecundo autor mexicano Federico S. Inclán, hábil y afortunado constructor de comedias, porque muchas de ellas han sido premiadas. Los premios que han merecido tres comedias de Inclán, ¿deben considerarse como un estímulo o como una consagración? Yo creo que mitad y mitad. A pesar de estar laureado tres veces, creo que Inclán es un autor todavía en formación que no encuentra su camino definitivo. Posee singular instinto para llegar al público no obstante la diversidad de temas, géneros y estilos que ha abordado. Yo encuentro en él a un concienzudo constructor de escenas, pero disparejo en el resultado final de sus funcionales arquitecturas teatrales. Al lado de eficaces escenas que poseen los fulgurantes relámpagos de la sorpresa y de la emoción teatral, el observador encuentra otras falsas, convencionales o apagadas. Lo mismo le ocurre con los temas que elige y desarrolla. Todos son excelentes, en principio. Analizados, resultan discutibles. Lo curioso es que ninguno ha conocido el fracaso. Sus piezas tienen garra, se apoderan de la atención del espectador y dan oportunidad de lucimiento a los intérpretes. Sin embargo, el artículo, el arte convertido en oficio, impide que sus piezas remonten un libre y ambicioso vuelo. Creo que Inclán aun no ha escrito obra definitiva, no obstante los laureles que festonan su afortunada carrera de autor hábil y espectacular.
La pieza dramática –en tres actos–, El deseo llega al amanecer, es inferior a otras de él que ha aplaudido México. Su tema crudo, audaz, realista en esceso, limitará su repercusión. Inclán declará que se inspiró para escribirla en un caso del doctor Wilhelm Stekel, neurológo freudiano. Para darle mexicanidad al escabrozo asunto en el que el sexo juega papel fundamental, sino la acción en el penal de las Islas Marías; pero igualmente pudo haberse fijado en otro penal cualquiera gobernado por un individuo con una hija hermosa, doncella y ardiente. ¿Es lícito referirse en crónica dirigida al gran público al caso que expone Inclán en su pieza, una desviación sexual reprimida que a capricho del autor se manifiesta en forma dramática? Creo que no. El sistema de prevención que se usa para anunciarla está de nuestra parte; "Obra que plantea un hondo problema sexual. Son para adultos. Estrictamente para mayores, hombres y mujeres". Yo me limito a considerarla como simple obra dramática, rica en recursos para interesar al auditorio. Alguno de sus personajes me parecen que deben existir en las realidad; me refiero, claro está a los que sufren traumas que los convierte en neuróticos, víctimas de aberraciones sexuales. Algún doctor español, de apellido Medrana si no me equivoco, llevó a la escena, contando con la colaboración del eminente Enrique Borrás, temas semejantes al que trasladó a la escena nuestro autor. No tuvo éxito de público. Posiblemente Inclán lo alcance, habida cuenta las polémicas que dicen han despertado su obra. De cualquier manera ha dado un paso difícil.
La interpretación, teniendo en cuenta el género realista a que la obra pertenece, tiene puntos sólidos en qué apoyarse. Los actores extreman la nota dramática y de perversión y logran interesar al espectador. La dirección de Simón Armengol acentuó el tono realista de la pieza. La escenografía de Artis Gener es, más que mediocre, corriente. La joven y estudiosa actriz Ema Grissé procura dar la nota de mujer fatal, ingenua y perversa a la vez, producto del medio en que vive y alcanza momentos brillantes. Los incipientes actores Germán Robles, español, y Rafael Beltrán, cubano, se entregan materialmente y, en su entrega, logran convencer al público de que vive realmente en un dramático suceso. El argentino Eduardo Alcaraz compone con mucho oficio un tipejo de nacionalidad italiana, y José Muñoz no desentona en el conjunto de tan empeñosos actores. La crítica seria sigue con interés esta audaz experiencia del autor, Inclán y del empresario el catalán mexicano Ángel Estivil.