FICHA TÉCNICA
Título obra Los desarraigados
Autoría Humberto Robles
Dirección Xavier Rojas
Elenco Judy Ponte, Luis Bayardo, José Alonso, Dolores Tinoco, Luis Aceves Castañeda, Marta Patricia
Escenografía Jorge Contreras
Espacios teatrales Teatro El Granero
Notas de espacios teatrales Pedro Ramírez Vázquez / arquitecto
Notas Obra inaugural del Teatro El Granero de la Unidad Artística del Bosque de Chapultepec a cargo del INBA
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Inauguración del Teatro del Granero con el estreno del Los desarraigados, de Humberto Robles". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Inauguración del Teatro del Granero con el estreno del Los desarraigados, de Humberto Robles
Armando de Maria y Campos
Para inaugurar el nuevo y atractivo teatro El Granero que forma parte de la Unidad Artística del Bosque de Chapultepec que gobierna el Instituto Nacional de Bellas Artes, se tuvo el acierto de elegir la pieza dramática Los desarraigados, del autor mexicano Humberto Robles, que fuera laureada con el Primer Premio en el concurso para obras de teatro organizado por el diario local El Nacional.
El teatro de El Granero ha sido construido de acuerdo con los sistemas de teatro circulares que en algunos lugares de los Estados Unidos han venido a resolver el problema de poder representar en cualquier salón, situado el escenario en el centro del mismo y colocando sillería más o menos en declive alrededor de la pista o escenario, o en forma cuadrangular. Cualquier sala de regulares dimensiones puede servir para instalar en ella un teatro como el de El Granero; el foro se monta, en el centro de ella y consiste tan sólo en una plataforma circular, o cuadrangular, de unos diez centímetros de altura. Se sitúa a los espectadores rodeando este escenario, dejando pasillos en diferentes niveles para cuidar de la visibilidad y facilitar el tránsito de los espectadores. No existe el telón, naturalmente. La escenografía tiene que ser convencional, como el mobiliario. La iluminación depende de los elementos técnicos con que se puede contar. Los intermedios se logran a base de oscuros, que sustituyen los movimientos del telón.
El teatro del Granero, obra del arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez es, sin duda, uno de los mejores en su género en el mundo. Está ideado y construido con el mejor gusto, es funcional en todos sus aspectos y de gran comodidad y visualidad.
Las obra Los desarraigados, elegida para inaugurar este curioso teatro, no se escribió pensando en el local de esta índole. Sin embargo, la habilidad y el buen gusto del joven director Xavier Rojas lograron que la acción de este drama luciera aún más que el tradicional teatro de las tres paredes.
Los desarraigados, drama en tres actos, cuya acción se desarrolla en la época actual en una población al Sur de los Estados Unidos es, sin regateos, una gran pieza de teatro que honra a la producción nacional y que desde luego coloca a su autor, Humberto Robles, en uno de lo sitios cubreños de la dramaturgia nacional. Desde la aparición de Rodolfo Usigli no he presenciado otra revelación tan cuajada, y tan mexicana por los cuatro costados, como la que significa el estreno de Los desarraigados. En una población del Sur de los Estados Unidos del Norte vive una familia mexicana integrada por el padre y la madre, mexicanos de nacimiento que emigraron durante la Revolución, y tres hijos; dos hombres y una muchacha, nacidos ya en aquel territorio. Otros hijos del matrimonio, mexicanos como los padres, murieron en acciones de guerra, uno en Corea, el otro en Guadalcanal. (Por cierto que el autor vivió horas trágicas en Guadalcanal). El mayor de los hijos que vive es mecánico de oficio y tiene plena conciencia de su drama: para los mexicanos es un pocho; para los norteamericano, un greaser. El hijo menor vive más acomodado a su situación. Sueña con México, pero como un país lejano que nada le dice. La muchacha es una perfecta descastada, que jamás se considera mexicana y pretende gozar de los privilegios que en los Estados Unidos protegen a las muchachas de aquel país. Los padres, bonachones, poco cultivados, continúan siendo mexicanos, añorando la Patria abandonada y no decidiéndose a regresar a ella, porque creen que los hijos se podrán abrir paso en la vida en los Estados Unidos, mejor que en México. No voy a relatar, el argumento, porque, lleno de incidentes nos robaría más espacio del que habitualmente disponemos. Baste decir que los tres muchachos son víctimas de las leyes de los Estados Unidos, tan parciales para quienes no llevan sangre norteamericana pura. Padre y madre y, por lo menos los dos hijos menores, materialmente quedan triturados por las implacables e inflexibles costumbres de nuestros primos del Sur del país vecino. Desarraigados los cinco de su patria de origen, están condenados a vivir entre dos situaciones igualmente angustiosas; no son de allá porque nacieron de este lado del Bravo; no son de acá porque fuera de una costura sentimental nada los liga a la gran República del Sur. La obra está cargada de angustia, pero no de angustia miserable. Es la dramática angustia de no poder adaptarse a medios extraños, igualmente el que vivieron antes de emigrar a los Estados Unidos, y el que no podrían vivir si pudieran regresar a la patria abandonada.
El autor ha sabido construir una obra sincera, realista y de un hondo y estremecedor patetismo y sabe conducir la acción con naturalidad y resolverla con lógica. El lenguaje que usa tiene exactitud gráfica. En cuanto a los personajes, los cinco desarraigados están trazados de una pieza y tienen vida propia. La huésped, ligeramente convencional en sus reacciones, sirve a maravilla para ligar y justificar la efectividad de la acción.
La interpretación es excelente, sin regateos. Si no estuvieran tan manoseados el termino, diría que Judy Ponte en la hija y Luis Bayardo en el hermano menor, están eminentes. José Alonso cumple con una discreción que rebasa los límites de este término. La veteranía de Lola Tinoco, y su gran talento, se muestran claros a lo largo de su actuación. Luis Aceves Castañeda, muy sobrio y emotivo, completa con responsabilidad el quinteto de los desarraigados. La hermosa y estudiosa Marta Patricia, cumple desempeñando con soltura su personaje convencional. La dirección de Xavier Rojas es también, excelente, y muy propia y funcional la escenografía de Jorge Contreras.
Una gran jornada, en resumen, para el teatro mexicano.