FICHA TÉCNICA



Título obra Un hombre de otro mundo

Autoría Juan Miguel de Mora

Grupos y Compañías Compañía Teatro Plaza de México

Elenco Tito Junco, Angelines Fernández, Eduardo Vivas, Guillermo Rivas, Norma Lazareno, Gerardo del Castillo, Roberto Reséndiz, Yerye Beirute

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro La Rotonda




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Un hombre de otro mundo en el teatro de la Rotonda". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Un hombre de otro mundo en el teatro de la Rotonda

Armando de Maria y Campos

Vamos a empezar planteando alguna afirmación, que si el espacio no nos permite probar, habrá que tomar bajo nuestra responsabilidad. Un hombre de otro mundo, pieza en tres actos, de Juan Miguel de Mora, es una de las buenas obras teatrales de nuestro tiempo, que puede hacer mucho camino por el mundo de los hombres libres. Y al decir lo anterior, nos acordamos de Kafka, de Sartre, de Camus, de Wilder y de Unamuno. Dicho lo anterior, sobre que hablemos en una nota, de una sobria arquitectura teatral y de la gran calidad de estilo, a más de la ambición del tema, perfectamente explanado. Así como en la novela cervantina de El curioso impertinente, el personaje de Juan Miguel de Mora, "un hombre de otro mundo", porque es un Redentor de multitudes que no necesita de ningún "partido" para ser guía de hombres que aman y luchan por la libertad, hace en el curso del melodrama teatral en que interviene como protagonista "notomía de sus entrañas", con lo que se da en la pieza de teatro brutalmente realista lo que en la novela psicológica de Cervantes, la investigación de las reacciones conscientes. En Un hombre de otro mundo, su protagonista está haciendo disección de su conciencia ante nuestros ojos y nuestra sensibilidad retensada.

La Compañía Teatro Plaza de México, que presenta e interpreta esta pieza, declara que: "Sin folklore y sin tipismo y con independencia del lugar en que se sitúa la acción, es una obra fundamental y esencialmente mexicana, porque lleva en sí el carácter indómito del mexicano y porque el espíritu que la inspira y la tesis humanísima que sustenta son las que caracterizan a México en el mundo y las que le han dado el prestigio y el respeto de que goza internacionalmente"; porque, digámoslo de una vez, el protagonista es el líder ideal que vive y morirá por defender a sus semejantes, los humildes. Esta es la esencia del personaje. El autor lo presenta huyendo acosado por las policías, refugiado a media noche en un teatro y –aquí entra el melodrama– corriendo una aventura sentimental con una actriz que siente por él súbito amor irrefrenable. La compañía que interpreta esta obra agrega: "En lo que respecta a su desarrollo escénico y a su técnica,Un hombre de otro mundo es, sin duda, una innovación en nuestro medio y constituye un ejemplo de verdadero teatro experimental, que no es el que hacen los grupos de aficionados que representan teatro común y corriente, sino el de los profesionales que se lanzan en busca de nuevos caminos o formas distintas del arte dramático", afirmación que no nos convence ni nos conforma. Original dentro del fárrago de comedias corrientes que vemos, sí lo es la De Mora, pero también es cierto que cuanto intenta o realiza, ya lleva tiempo de hacerse en el teatro. Lo que coloca en lugar aparte al melodrama de De Mora es que hay en él una preparación psicológica muy puesta al día, manejada con agudeza estética convertida en vida artística que nos permite instalarnos en la conciencia del protagonista. Esta pieza es la obra de un autor maduro y de gran aliento, a más de ser la obra de un buen escritor, dotado de un poder singular de fabulación que le libera del crudo realismo reporteril –incapacidad de sueño.

La interpretación lleva como protagonista al estimable actor Tito Junco, quien la noche del estreno bracéo desesperadamente para permanecer a flote en situación tan comprometida. Sentíamos cómo lo ahogaba el personaje y se ahogaba él mismo en él, gesticulando, gritando, estregado siempre a una realidad impresionante. Angelines Fernández exhibió su veteranía y salió airosa del trance. Eduardo Vivas cumplió con la responsabilidad del actor profesional, y Guillermo Rivas no desentonó al lado de los protagonistas. Norma Lazareno, Gerardo del Castillo, Roberto Reséndiz y Yerye Beirute se comportaron con discreción y responsabilidad. Julio Prieto, anunciado como escenógrafo de esta producción teatral, se sirvió únicamente de trastos de utilería para dar una impresión realista de lo que es un escenario deshabitado.