FICHA TÉCNICA
Título obra Martina
Autoría Rodolfo Álvarez
Dirección Luis G. Basurto
Elenco María Douglas, Isabela Corona, Yolanda Mérida, Silvia Caos, Elodia Hernández, Héctor López Portillo, Héctor Gómez, Julio Alemán
Escenografía David Antón
Notas Segunda Temporada de la Unión Nacional de Autores
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Martina, en la nueva temporada de la Unión Nacional de Autores". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de Martina, en la nueva temporada de la Unión Nacional de Autores
Armando de Maria y Campos
La Unión Nacional de Autores continúa desarrollando su programa de organizar pequeñas temporadas para presentar una sola obra del autor del país. La segunda breve temporada del presente año ha sido organizada exclusivamente para presentar a un joven y entusiasta autor, Rodolfo Álvarez, del que no obstante que hace sus primeras armas como escritor dramático, tiene una ficha interesante como aficionado al teatro en diversas actividades. Como de su comedia dramática Martina hay poco que decir, según se explicará adelante, voy a ocuparme primero de la curiosa personalidad, de acuerdo con los datos que más o menos oficialmente se han publicado en la prensa diaria y semanaria a raíz del estreno de Martina.
"Rodolfo Álvarez nació en La Piedad de Cabadas, Mich., el 15 de septiembre de 1930. Allí mismo cursó su instrucción primaria, hasta 1945. Trasladado a la ciudad de México, ingresó al Colegio Francoespañol, donde estudió secundaria. La primera obra teatral que vió fué Don Juan Tenorio, de Zorrilla. En 1953 inició sus estudios de teatro en el Instituto Teatral y Cinematográfico de la ANDA. Doña Prudencia Griffel lo alentó a seguir escribiendo. Hizo una breve gira con la compañía de María Tereza Montoya, desempeñando, como actor, pequeños papeles; en El color de nuestra piel, de Celestino Gorostiza, logró que le dieran, por primera vez, un papel de cierta importancia. Martina es su primera obra teatral, escrita en 1952, sin conocer a Ibsen ni a Eurípides y –dice– 'sin haber tenido en mis manos un libreto completo de ninguna otra pieza'." Es autor de otras dos obras: El duende y la roca y Eva y los ángeles, que no ha estrenado.
No obstante lo que se afirma de Álvarez, en descargo de su exceso de lecturas no digeridas o de su falta de originalidad, es evidente que Martina –tres actos, el segundo dividido en dos cuadros–, cuya acción ocurre en una hacienda de Michoacán, en 1910, es una interpretación mexicana de Espectros de Ibsen, y de Fedra, de Racine, que no escapa a influencias heredadas de O'Neill. Álvarez revela, no obstante, suma habilidad para presentar los diversos conflictos que heredó su subconsciente de autor, y como dialoga con facilidad y fluidez, su pieza no carece de interés; ¡lástima que al final se deslice por la rampa peligrosa del melodrama efectista y convencional! Para hacer mexicano cuanto ocurre en escena se imagina y presenta un Michoacán convencional desde las reacciones que muy poco o nada tienen de la provincia mexicana de las postrimerías porfiristas, hasta el vestuario o el mobiliario que no corresponden, por la suntuosidad que denuncian, a la vida sencilla y cómoda de las haciendas mexicanas de hace cuarenta años.
Como se trata de una pieza dramática con aire de tragedia, se eligió para su protagonista a la estudiosa actriz María Douglas. Conviene aclarar, con este motivo, que no es lo mismo que una actriz sea dueña de rica e impresionante voz grave, que se supone digna de vestir pasiones dramáticas, a que por este don de la Naturaleza posea también temperamento dramático. Actriz trágica, lo que se llama trágica, solo tenemos una. No hay que mencionarla. Todos sabemos quién es. Y actrices que sean dueñas de voz grave y capaces de producir acentos dramáticos, aunque no abundan, no escasean: Isabela Corona, la ya mencionada María Douglas, Yolanda Mérida y, últimamente, María Teresa Rivas. Pero una cosa es la voz, y otra, bien distinta por cierto, el temperamento. Con voz de acentos menos dramáticos quién sabe qué sería de María Douglas; pero, estudiosa e inteligente, aprovecha a maravilla su voz y su exquisito temperamento de comedianta, para salir airosa de las situaciones dramáticas en que por costumbre y hábito la encajan empresarios y directores. Como Martina revela cuánto domina ya el oficio de representar.
La interpretación de la pieza de Álvarez, confiada, con María a la cabeza, a la encantadora Silvia Caos, a la experimentada Elodia Hernández, a la habilidad mañosa de López Portillo y a la apasionada galanía de Héctor Gómez y Julio Alemán, no deja nada que desear, si se tiene en cuenta que todos –menos Elodia– se mueven dentro de personajes convencionales. La dirección de Luis G. Basurto aparece a ratos titubeante, y la escenografía de David Antón, también convencional, no es mejor que otras suyas más finas y más bellas porque están más cerca de la fantasía que de la difícil realidad de Martina.