FICHA TÉCNICA
Título obra Por Lucrecia
Autoría Jean Giraudoux
Dirección Celestino Gorostiza
Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes
Notas Comentarios sobre el tema de la obra Por Lucrecia
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Por Lucrecia de Jean Giraudoux, en el Palacio de las Bellas Artes. I". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Por Lucrecia de Jean Giraudoux, en el Palacio de las Bellas Artes. I
Armando de Maria y Campos
El Departamento de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, que cuenta para su desarrollo y lucimiento con un estimable presupuesto que emplea muy bien por cierto, y que para sí quisieran otras actividades no menos interesantes de este organismo, que es depositario oficial de la cultura mexicana, ha presentado como primera parte del programa que se ha trazado para el presente año, el gran espectáculo que supone la representación de Por Lucrecia, obra en tres actos, de Jean Giraudoux.
Por Lucrecia es una tragedia. Una tragedia con raíces griegas. Don Celestino Gorostiza no ha vacilado en montarla y dirigirla con los elementos más destacados en la línea dramática de nuestra familia teatral.
Toda tragedia que se estime verdaderamente, procede de Grecia. La importancia de este espectáculo se mueve a difundir los orígenes remotos del gran poeta y dramaturgo francés. Existe una frase figurada sobre Lucrecia. "Ser una Lucrecia", dícese de la mujer de relevante castidad, aludiendo a la célebre dama romana Lucrecia, esposa de Tarquino Colatino. Desmenucemos esta frase figurada. Lucrecia fué hija del romano Lucrecio Tricipitino y esposa de Tarquino Colatino, muy celebrada como tipo de mujer hacendosa, diríamos ahora, de su hogar. Violada por Sexto Tarquino, quitóse la vida, y ello fué causa de la expulsión de los Tarquinos de la ciudad de Roma; esto ocurría nada menos que 510 años antes de Jesucristo, y los Tarquinos no participaron de la fundación de la república romana. Tito Livio narra este hecho diciendo que durante el sitio de Arrea, los hijos del rey Tarquino y su primo Lucio Tarquino Colatino quisieron saber en qué ocupaban el tiempo sus mujeres durante su ausencia, a cuyo efecto abandonaron el sitio y se presentaron en Roma, en donde residían ellas, muy tranquilas y confiadas. Parece que sólo Lucrecia estaba ocupada en una tarea provechosa, pues se entretenía hilando lana en unión de sus esclavas; las otras mujeres se dedicaban exclusivamente a las diversiones. La laboriosidad y hermosura de Lucrecia hicieron impresión en Sexto Tarquino, que se sintió presa de impúdico deseo, por lo que trató de violarla, para lo cual algunos días después se trasladó a Roma y pidió hospitalidad a Lucrecia, y aprovechando, el muy taimado y ansioso, la oscuridad de la noche, introdújose en la cámara de la matrona romana... y la violó. Al día siguiente hizo llamar Lucrecia a su padre y a su marido, contóles el ultraje de que había sido objeto, y en presencia de ellos se dió muerte atravesándose el pecho, suponemos que con filoso puñal.
Desde entonces, y ya ha llovido, Lucrecia se ha convertido en el símbolo de la pureza femenina y ha servido de inspiración a pintores, poetas y dramaturgos de todos los tiempos. Como se sabe, con este tema William Shakespeare escribió uno de sus más bellos poemas: La violación de Lucrecia.
También con este tema Jean Giraudoux compuso su tragedia, situando la acción en los más deslumbrantes años del reinado de Napoleón III, impregnándola de la poesía característica que él, con Paul Claudel, ha llevado como pocos a la escena francesa. El lector enterado sabe bien que Jean Hippolyte Giraudoux nació en Bellac en 1882 y murió en París en 1945. Antes de continuar –en otra crónica– el amplio comentario que merece la representación en Bellas Artes de Por Lucrecia, deseo recordar una anécdota de Giraudoux relacionada con México. Durante los más crudos años de la guerra última, Giraudoux, que ocupaba un alto puesto en el Ministerio de Relaciones de Francia, de paso para los Estados Unidos estuvo en nuestra metrópoli unas cuarenta y ocho horas. Alguna de estas fué cubierta con una cena que le ofreció el ministro de Francia en México. La concurrencia fué seleccionada por el anfitrión, y la persona que estaba en la mesa a la derecha de Giraudoux, le preguntó ingenuamente:
–Y usted señor, ¿escribe?
–¡Pssch! De cuando en cuando –contestó Giraudoux, con una de sus más amables sonrisas.