FICHA TÉCNICA
Título obra Chéri
Notas de autoría Colette / autor de la novela homónima; Leopold Marchand / adaptación teatral; Brígida Alexander / traducción
Dirección Ricardo Mondragón
Elenco María Teresa Montoya, Javier Massé, María Teresa Mondragón, Andrea Palma, Amparo Villegas, Amelia Robert, María Cecilia Leger
Escenografía David Antón
Vestuario Lucile Donay
Espacios teatrales Sala 5 de diciembre
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Chéri de Colette, por María Tereza Montoya, en la sala Cinco de Diciembre". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Chéri de Colette, por María Tereza Montoya, en la sala Cinco de Diciembre
Armando de Maria y Campos
Por tercera vez en los últimos seis años se representa en un teatro de México una producción de la famosa novelista francesa Sidonie Gabrielle Colette. Hace muchos años, tantos que da un poco de rubor confesarlo, Mercedes Navarro estrenó en el teatro Ideal La vagabunda, drama en cuatro actos sacado de una novela de Colette. Recuerdo con cariño este estreno porque tuve, en unión de mi entrañable amigo José Manuel Ramos, la satisfacción de ser vehículo como traductor de esta pieza para que Colette fuera conocida por el público teatral mexicano. Fue el sábado 4 de agosto de 1923. Pocos años después se representó por primera vez en nuestros teatros la comedia Chéri, que el miércoles último recreó en la sala 5 de Diciembre nuestra ilustre trágica María Tereza Montoya.
Chéri, como La vagabunda, como Gigí, fué primero novela antes de convertirse en teatro. Su publicación, el año de 1920, causó el consiguiente escándalo que provocaron todas las novelas de esta exquisita y muy leída novelista francesa que popularizó en el mundo con el seudónimo de Colette Villy. En ocasión del estreno en México de Entre camaradas, en la sala Moliére, en mayo de 1950, compuse una breve silueta de Colette, escritora que cultivó un género sui generis de novela picaresca, atrevida, sensual, alegre, con ciertos y finos matices de ternura, de escepticismo y de melancolía. Tal maestría demostró en dicho género, que sus novelas –a partir de Claudine a L'école, publicada en 1900– multiplicaron las ediciones y fueron traducidas a nueve o diez idiomas. También tentaron a autores de teatro a llevarlas a escena, siempre con éxito, porque argumento y tipos son propicios a encerrarlos en las cuatro paredes de un escenario.
Chéri es la historia de una cocotte otoñal que cultiva con mimo y ternura, voluptuosidad y egoísmo, a un adolescente, hijo de una compañera de profesión, y que lo pierde por la más sencilla y simple de las causas, porque se casa con una mujer joven, por cierto, también hija de otra compañera suya de aventuras galantes. Nadie como Colette para pintar con colores de pasión y amargura este ambiente, estos tipos. Chéri es un documental del otoño de un grupo de mujeres galantes que estremecieron al mundo de principios del novecientos con sus aventuras galantes, escandalosas, en las capitales europeas entregadas al placer. Nadie como ella, que conoció tan de cerca a estas mujeres que hacían de su profesión un arte, para reproducirlas, con singular vivacidad, color anecdótico y amargura sentimental. La adaptación de Leopold Marchand, seguramente revisada por Colette, es excelente y muy teatral.
Toda la obra es la pasión, la amargura y la resignación de Lea de Lonval, la cortesana crepuscular, personaje de prueba y que sólo es accesible a quien posea dominio de oficio, profundidad en la profesión, riqueza de matices, y pueda, en su momento, emitir ese grito trágico de la escena última –la mujer concluida para el amor frente al espejo– que equivale al do de pecho de los tenores, o al si natural de las sopranos. María Tereza Montoya, en la plenitud de su temperamento y de su profesión, mina inagotable de dramaticidad, creó otro personaje de antología, suma de ternura, síntesis de amargura, dialéctica de principio a fin.
Un magnífico elenco rodea a María Tereza Montoya. Javier Massé –francés de nacimiento– tiene una actuación en verdad magnífica, no obstante que rebasa un poco la edad requerida. Pero un auténtico galán joven no puede ser auténticamente joven. María Teresa Mondragón se afirma como excelente dama joven, manejando la sencillez y la ternura tan difíciles en el teatro, con exquisita naturalidad. Andrea Palma, como Madame Peloux –madre de Chéri–, logra una de las mejores creaciones de su fecunda carrera artística, y Amparo Villegas, Amelia Robert, María Cecilia Leger, como las otoñales mujeres de la vida que crean, dan vida a cuatro tipos distintos que precisan de actrices que lo sean sin truco ni trampa; como son ellas.
Dirigió la obra, con la maestría profesional que le es característica, Ricardo Mondragón, y David Antón supo darle a sus dos escenarios un delicioso carácter de época, uno muy barroco y otro muy aéreo y gentil. El vestuario diseñado por Lucile Donay, contribuye a darle carácter a la deliciosa comedia de costumbres de principio de siglo, que es la novela de Colette, teatralizada con certera visión por Marchand y traducida discretamente por Brígida Alexander.