FICHA TÉCNICA



Título obra La venda en los ojos

Autoría José López Rubio

Dirección Joaquín Bernal

Grupos y Compañías Compañía de Marilú Elízaga

Elenco Marilú Elízaga, Micaela Castrejón, Manolo Nogales, Mario Delmar, Antonio Raxel, Malena Dorai, Guadalupe Legorreta

Escenografía José Gómez

Espacios teatrales Teatro El Caballito




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La venda en los ojos de José López Rubio, por la Cía. de Marilú Elízaga, en El Caballito.". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La venda en los ojos de José López Rubio, por la Cía. de Marilú Elízaga, en El Caballito.

Armando de Maria y Campos

Esta comedia de José López Rubio es una de las más bellas, limpias de influencia, entretenida y no por esto menos poéticas que otras suyas. Airosa prueba de lo que puede hacer un autor con ingenio, inspiración y sensibilidad que sabe construir de nada una pieza de teatro y crear personajes que lo son más que otros, porque tienen que actuar como peleles, y en el fondo son tan humanos, reales y transeúntes como usted lector, como yo, como aquel amigo nuestro como aquella mujer "un poco rara" que siempre hay en el grupo de nuestras amistades...

Qué sensación de frescura y naturalidad produce la comedia de José López Rubio en estos momentos tan cargados de piezas artificiales, en las que se dan vueltas y más vueltas a los temas de mujeres fáciles y cornudos ridículos. La venda en los ojos es una comedia de humor, no se si nuevo –en España se habla de un "nuevo humor"– o viejo, pero evidentemente de buen humor. Se inicia como una farsa, con escenas convencionales que mantienen al lector en constante hilaridad. Poco a poco vamos descubriendo de cada loco aparente, está el verdadero personaje, cuerdo y equilibrado; en esto radica el encanto de la sorpresa y el mérito del autor que en todo momento derrocha ingenio y habilidad. Ya muy avanzado el tercer acto, el autor nos conduce a la verdad: Nadie está loco. La venda en los ojos es para ocultar un dolor tan íntimo como profundo. La protagonista, Beatriz, en dramática escena con el marido que escapó quince años antes, da la clave de todo. Nunca estuvo loca. "Bueno –dice– medio loca... eso que ni siquiera da lástima a nadie, que se dice sin dramatismo, hasta con una sonrisa: 'Estar así...' Ni dentro ni fuera. Pájaros en la cabeza, viento en los sesos. Un tornillo de menor, por cuya falta la máquina no se descompone del todo. ¿Qué podría hacer, después de ir a esperarte tres, cuatro, cinco días, de buena fe, creyendo en un retraso explicable, en cualquier imprevisto fácil?... Seguí llendo a buscarte, aunque sabía muy bien que tu asiento en el avión estaba ocupado por alguien... y que, en el hueco de sus alas, no llevaba ningún equipaje con mi retrato en un marco. Volví todos los días.

"Quintana (el marido que se fue): Había otros caminos

"Beatriz–Sí, dos: el de ser mala...o demasiado buena. El de vestir santos. o el de desnudar demonios. Mala, no quería ser. Para ser beata era demasiado pronto, me quedé en eso...Cambié el cielo y el infierno por el limbo. En los tíos nació la esperanza; cambiaron su vida de siempre para ponerla al ritmo de la mía. Me daban la razón aun a riesgo de quedarse sin ella...Nos hicimos un mundo particular, a nuestra medida.

El marido regresa por donde llegó, se desvanece una peligrosa aventura sentimental con otro hombre; Beatriz vuelve a fingir "pájaros en la cabeza, viento en los sesos", los tíos tornan a su marido imaginario y convencional, y el público continúa divirtiéndose ; pero ya con una espinita sentimental clavada en el pecho...

Doña Marilú Elizaga crea una Beatriz medio loca, medio cuerda, llena de gracia y de encanto. No alcanza el dramatismo que le brinda la escena principal de la comedia, tal vez porque aún no logra dominar los nervios y no acierta a darle al diálogo ese temple –para decirlo con un término taurómaco– detrás del cual se encuentra siempre el drama. Acaso le perjudica cierto aire de dispersión frívola que muy bien puede contener para que, espontáneo, brote el acento dramático que toda mujer con temperamento lleva dormido en el corazón.

Los veteranos actores Micaela Castrejón y Manolo Nogales están magníficos en sus tipos, y no les va en zaga Mario Delmar en el suyo. Antonio Raxel compone muy bien y con sobriedad un difícil galán maduro, y cumplen discretamente Malena Dorai y Lupe Legorreta, ambas muy guapas.

Por necesidades de reparto fueron suprimidos dos personajes –Carmen y Matilde–. La dirección a cargo de Joaquín Bernal no desmerece al lado de tantas presuntuosas como vemos, lo que demuestra que dirigir teatro no es precisamente descubrir la piedra filosofal. La escenografía de José Gómez es elegante y propia.