FICHA TÉCNICA



Título obra Anastasia

Autoría Marcelle Maurette

Elenco Rita Macedo, Ernesto Alonso, Aurora Cortés, Nicolás Rodríguez, Fernando Mendoza, Carlos Bribiesca, Carlos Agosti, Ricardo Moreno, Ana María Blanch (Anita)

Espacios teatrales Teatro Sullivan

Notas de espacios teatrales Ernesto Alonso y Rita Macedo / empresarios




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Anastasia en el renovado teatro Sullivan". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Anastasia en el renovado teatro Sullivan

Armando de Maria y Campos

Hace poco más de un año encontré en un diario de Nueva York una nota que recorté y guardé como una ficha que en su oportunidad podría ser útil. Es esta:

"Cerca de Stuttgart, en un ambiente miserable, como si estuviera enclaustrada y con las terribles huellas de bayonetazos y golpes, vive la que dice ser la Gran Duquesa Anastasia, última hija del Zar Nicolás II.

"En Broadway se representa su vida con gran éxito y una productora de Hollywood ha comprado los derechos (cerca de un millón de pesos) para la adaptación cinematográfica.

"Para la mayoría de los historiadores, Anastasia murió en 1918 cuando fué asesinada la familia imperial en Ekaterimburgo. Esta mujer que vive en Stuttgart, sostiene que escapó salvada por un soldado polaco, y que se casó con él. Luego marchó el matrimonio a Bucarest, donde el marido fue asesinado por los comunistas. Después se marchó ella a Berlín e intentó hacer valer su título. El prefecto de policía de Berlín reunió en 1922 a los supervivientes de la Corte Rusa para ver si reconocían a Anastasia. Unos dijeron que sí y otros la consideraron una polaca que se había vuelto loca. De todos modos, el éxito actual de Anastasia en Nueva York salvará de la miseria a esta mujer, pues Hollywood se ha interesado por ella inmediatamente."

En esta breve información está contenida la corta historia del melodrama de Marcelle Maurette que Rita Macedo y Ernesto Alonso, figuras del Ecrán que se aventuran en el difícil arte de Talía, eligieron para inaugurar una larga temporada de comedia que se proponen realizar en el por ellos renovado teatro Sullivan. El melodrama sigue paso a paso la curiosa versión sobre esta mujer cuya identidad aún se desconoce, situada la acción del primer acto en Berlín, en 1926, un mes más tarde la del segundo acto y tres semanas después la del acto tercero. La obra, como pieza de teatro para públicos serios y con responsabilidad, carece en absoluto de valor. Su interés, en lugar de aumentar desciende conforme la anécdota avanza, y si no fuera por el tono trágico que le imprimen algunos de sus personajes (Anastasia o María Feodorowna), esperaría uno las arias, los dúos o los concertantes de una opereta alemana o vienesa. Contribuye a dar esta impresión la muy cuidad postura escénica en la que se reproduce un bazar de muebles y objetos antiguos, que no redime la elegancia, bien operetesca, de los trajes de los rusos blancos refugiados en Berlín. Convengamos, porque es justicia, que la presentación es fastuosa y hasta epatente.

La interpretación por el grupo de actores que hace marco a Rita Macedo y a Ernesto Alonso es, para decirlo usando de un término ambiguo, desconcertante. Ana María Blanch, actriz con más de treinta años de experiencia escénica, hace gala de su oficio y de su responsabilidad artística como la emperatriz Feodorowna. Una breve intervención de Aurora Cortés revela lo que una actriz profesional puede hacer durante un corto tránsito por la escena. La protagonista, Rita Macedo, en la plenitud de su hermosura, derrocha estudio y buena voluntad, sin lograr una actuación digna de un personaje central. Nadie duda que está en camino de convertirse en una buena actriz, pero la perjudica la prisa en llegar, olvidando que más vale buen paso que dure a trote ambicioso que canse. Del grupo de actores destacan por su profesionalidad Nicolás Rodríguez, que abusa del viejo estilo español, y Fernando Mendoza. Ernesto Alonso, demasiado ondulante y muy inseguro, apenas roza el varonil y audaz tipo que se supone es el príncipe Bounine. Carlos Bribiesca, Carlos Agosti y Ricardo Moreno acentuaron su inseguridad con una dicción deficiente. Al concluir la obra hubo flores para Rita, ovaciones para Anita Blanch y aplausos de cortesía para el resto de los intérpretes.