FICHA TÉCNICA



Título obra Una mujer para los sábados

Autoría Federico S. Inclán

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Magda Guzmán, Luz María Núñez, Héctor López Portillo, Julio Alemán, Guillermo Zetina

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro El Globo

Productores Antonio Haro Oliva

Notas Obra inaugural de temporada organizada por la Unión Nacional de Autores




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Una mujer para los sábados inaugura la nueva temporada de los autores mexicanos". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Una mujer para los sábados inaugura la nueva temporada de los autores mexicanos

Armando de Maria y Campos

La Unión Nacional de Autores no se para en pintas –como vulgarmente se dice– para fomentar la producción dramática nacional. Entendamos por pintas, lugares para representar un tema de las producciones. Para la temporada correspondiente al presente año 1956, se redujo, como siempre que el mexicano trata de hacer ecomonías, a un local menos caro que en ocasiones anteriores. En cuanto a la obra, no vaciló en decidirse por una pieza del género de vaudeville, tan en boga ahora en México por los resultados económicos con que han sido beneficiados otros empresarios de este género en ocasiones anteriores y recientes.

El local en que este año de desarrollará la temporada de la Unión Nacional de Autores y únicamente con obras de mexicanos, es el llamado teatro del Globo, en el interior del hotel para turistas que se encuentra instalado en el número 27 de la calle de París. Es de los de más reducido cupo entre todos los teatros llamados "de bolsillo". En cuanto a la obra, el comité de lectura optó por un vaudeville –en los programas se afirma que es comedia–, del afortunado comediógrafo Federico S. Inclán, que lleva por título Una mujer para los sábados. La temporada está auspiciada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y en la nómina de patrocinadores con cuyas aportaciones se montó esta obra, se montarán las que se estrenen durante la temporada, y aun se cubrirán los previstos o probables déficits, figuran, como de costumbre, secretarías de Estado, Bancos, instituciones descentralizadas y particulares; secretaría de Educación Pública, de Hacienda y Crédito Público y de la Economía Nacional; Petróleos Mexicanos, Banco de México, Financiera Industrial Azucarera, CEIMSA, Banco Nacional de Crédito Agrícola, Instituto Mexicano del Seguro Social, Nacional Financiera, Azúcar, S. A., Fundidora de Fierro y Acero Monterrey; don Ernesto Couttolenc, Instituto Nacional de la Juventud Mexicana, Banco Nacional de Comercio Exterior, Asociación Nacional de Fabricantes de Cerveza y Ricardo Toledo, gerente de la casa de publicidad Máxim's. Todo esto forma, o formará, historia. Por eso se menciona y se detalla.

La pieza de Federico S. Inclán se inicia como comedia romántica y poco a poco se va deslizando por la rampa del género vaudevillesco, hasta convertirse en uno de los más crudos y cínicos, concluyendo con una anécdota que sirve de asunto central al viejo vaudeville francés titulado Las píldoras de Hércules. Inclán cuenta su historia con desenfado y la desarrolla con indudable habilidad. A ratos parece que se propone hacer la crítica de este género tan francés, en el que los austriacos y los húngaros han logrado estupendas creaciones, pero en seguida se deja arrastrar por la facilidad del tema que cuenta con cientos de precedentes y se abandona a la intriga picaresca y audaz común en cualquier ejemplar del género. Metido hasta el cuello en las situaciones que le va brindando la historia por él inventada, está a punto de ahogarse en el lugar común de una historia tantas veces contada por los creadores del género. Sus personajes se contradicen con frecuencia porque el autor no mantiene la realidad de los mismos, atento al juego de las situaciones equívocas y de los vocablos de doble y aún de triple sentido. El amante viejo entra y sale sin motivo justificado, como si la mujercita que le entretenía los sábados no hubiera decidido casarse con un jovenzuelo tan tonto como inexperto. La "mujer para los sábados" que desea tener un marido para todos los días de la semana, tampoco se muestra como una u otra cosa, y zozobra entre la curiosidad de una vida pobre al lado de un marido joven, o el lujo convencional que le proporciona el hombre maduro que la visita únicamente los sábados. Interviene una mujer fácil, digamos de la vida, e impresionantemente corriente, a la que se le confía el aspecto cómico de la trama. Nos resistimos a creer que en la vida exista mujer de ese tipo. A cargo de la actriz encargada de interpretar este personaje está el deslumbrante efecto final de la pieza de Inclán: un desnudo integral apenas disimulado por la espuma de velos negros; actúa como elemento de enlace para las escenas que provocan la versatilidad de Graciela (la mujer del caso) y un modista que se supone de origen francés, único personaje bien trazado y sostenido de principio a fin, aunque éste no logra darle lógica a las caprichosas escenas en que interviene.

Con Una Mujer para los sábados, Federico S. Inclán, revela las aptitudes de éste para componer piezas de teatro de cualquier género, y con cualquier tema, por absurdo o pueril que éste sea. En Una Mujer para los sábados le falla fundamentalmente la verosimilitud en la motivación principal del tema, y no acertó a infundirles realidad a los principales personajes de la trama, excluyendo al modista Pierre y a la sirvienta, que cruza dos o tres veces la escena y pronuncia en total una docena de palabras.

La dirección de Luis G. Basurto logró darle animación a todas las escenas, pero un director no puede hacer milagros con personajes que carecen de profundidad humana, así se trate de peleles para un vaudeville. Magda Guzmán tiene que vencer una voz atractiva rebelde al matiz. Como mujer luce hermosa y elegante y actúa ya con extraordinaria naturalidad. Luz María Núñez nos pareció demasiado afectada, pero exhibe su belleza espléndida al final de la obra. Héctor López Portillo se muestra como un profesional responsable y estudioso y Julio Alemán está inseguro en un papel que carece de apoyo para mantenerse en pie de lucha. Guillermo Zetina logró una verdadera creación del personaje difícil por lo fácil que es derivar en la caricatura, que compuso con finura, frivolidad y buen gusto. Para él los más cordiales parabienes del cronista, la escenografía de David Antón, haciendo uso de dos planos para el mejor lucimiento de los movimientos, muy sencilla y femenina, como corresponde al budoir de una muchacha alegre que tiene un amigo para los sábados...