FICHA TÉCNICA



Título obra Trucos de amor

Autoría Paul Nivoix

Notas de autoría Julián Duprez / traducción

Dirección Rafael Banquells

Grupos y Compañías Compañía de Comedias Internacional

Elenco Rosario Granados (Charito), María de Carmen Salido (La Chula Prieto), Nono Arsu

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre

Productores INBA




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Trucos de amor de Paul Nivoix, en el teatro sala Cinco de Diciembre". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Trucos de amor de Paul Nivoix, en el teatro sala Cinco de Diciembre

Armando de Maria y Campos

La empresa que tiene contratada la sala teatro 5 de Diciembre de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, acostumbra celebrar un ensayo general de las obras que presenta al público la víspera de la fecha señalada para inaugurar sus breves temporadas a base de una sola obra, dedicado a la prensa y a la llamada "familia cinematográfica" que siempre tiene uno o varios parientes entre los comediantes que integran cada nueva temporada. Es una función informal, para la que no se ponen boletos a disposición del público y a la que se invita con liberalidad a periodistas, cronistas y columnistas, a actrices y actores de cine, directores y parientes de todo esto. Generalmente, se sirven cocteles. Y siempre reina un ambiente de euforia y benevolencia... que engaña a todos, incluso a los cronistas.

Confieso mi pecado. Asistí a varias de estas "avant premiers" (sic) de la sala 5 de Diciembre. Pero me tengo hecho promesa firme de no volver a concurrir a "premiers" con cocteles. Al día siguiente, como un espectador más, sin "localidades apartadas", sereno y tranquilo, disfruto mejor la verdadera primera representación, frente al único espectáculo que en verdad me interesa como cronista, el que se desarrolla en la escena y no el otro, frívolo y deslumbrante, de las actrices o directores que se aburren sin remedio; de las pieles, de las joyas, de los perfumes, las sonrisas y los saludos en plena representación.

Cada salita o teatro pequeño va teniendo su público. Ya tiene el suyo la 5 de Diciembre. Como en todos los repartos figuran estrellas o astros del cine, el público del teatrito de Lucerna y Lisboa es un poco cinematográfico. Para este público elige el empresario, actor y director Rafael Banquells las obras que presenta periódicamente. A veces se equivoca de obra, porque no le viene a la medida a aquel público –como en el caso de Ana Christie o de La sonrisa de la Gioconda–, pero rápidamente rectifica y vuelve a la obra de carácter comercial. Porque Banquells es un empresario interesado en la taquilla, cual debe ser cuando se hace el teatro por negocio. Busca la obra taquillera, no importa el autor, ni el asunto. Y las intérpretes con gancho. En lo que hace perfectamente bien. El cronista debe tener presente todo, porque al único que se debe es al lector, mejor dicho, al público.

En realidad no hay más que dos clases de cronistas de teatro –creo poco en la existencia de críticos en la justa acepción del término– los que se comprometen y los que no se comprometen, los que se tiran de cabeza al agua y los que se quedan, de meros espectadores, en la orilla, los que buscan la verdad en los pliegues y repliegues de las escenas teatrales y de las interpretaciones y los que se contentan con buscarla, mejor dicho, con hallarla, según sus propios intereses. Porque, como se sabe, en México se da el cronista de teatro que a la vez es director, empresario, autor, actor, traductor, columnista de noticias breves y rumores y hasta publicista.

Como simple cronista –o tal vez como cronista simple– me sitúo en la butaca y opino con lealtad comprometiéndome si es preciso, tirándome de cabeza al agua. No tengo otros intereses que defender que los del lector al que informo, ni más servicio que cumplir que mi pasión por el teatro.

Reconozco que Banquells, como empresario que es, ha hecho bien en escoger un vaudeville de autor francés para la clientela que ha sabido formar para el teatro que regentea. Lo que no puedo reconocer es que ha acertado en la elección, y más adelante diré por qué. Reconozco, también, su derecho de erigirse en director porque, al fin y al cabo, él es empresa, y sabe lo que hace y cómo administra sus intereses. Reconozco, igualmente, su derecho a repartirse el primer papel de la obra, porque si no lo hace él, empresa y director, ¿quién podría hacerlo? También él elige a los actores que exige el reparto de la obra por él elegida. Está en su perfecto derecho. En conclusión, a él corresponde, sin regateos, el éxito o el fracaso del negocio que administra.

No acertó Banquells en la elección del vaudeville Trucos de amor –según el título que en español le dio a esta obra el traductor Julián Duprez– de Paul Nivoix. Es uno más entre tantos que Francia ofrece al turismo interior y exterior; porque los teatros de París se nutren con los provincianos franceses y con los turistas de las cinco partes del mundo. Luego, comerciantes ante todo, exportan. Trucos de amor, no plantea alguna situación verdaderamente nueva dentro del tema del adulterio entre amantes, ni apasiona por la fulgurante escabrosidad de sus escenas. Es, más bien, un vaudeville pesado. ¿O será que la traducción es corriente y facilona?

Banquells eligió a una bella e inteligente actriz que en México goza de prestigio como figura cinematográfica para la protagonista de Trucos de amor: Rosario Granados (a) Charito. Bella mujer de rico y fino temperamento, se halla en el meridiano de su vida como actriz y en sus mejores años como mujer, y revela que es capaz de más altos empeños. En esta piececillla interpreta un personaje –que permanece en escena durante casi toda la obra– ingrato, estéril para el lucimiento brillante. Supo dominarlo y salir airosa de esta prueba que la sitúa ante el público inteligente como comediante responsable y estudiosa. Para un personaje episódico se llamó a una actriz de gracia arrolladora y de sugestivo y delicioso temperamento: María del Carmen Salido (a) la Chula Prieto. Muy bella, subyugante y atractiva, dueña de gracia espontánea y fácil, vistiendo con elegancia y buen gusto, y sin detenerse en precios –en los corrillos teatrales se asegura que su vestuario para esta pieza vale $8,000.00–, está deliciosa en el personaje que interpreta, y al parecer le viene a la medida, porque quienes la conocen en la intimidad de la vida que públicamente hacen las actrices cinematográficas aseguran que ella es así precisamente: ingeniosa, versátil y locuaz. Las escenas en que interviene son un deleite para el espectador y, desde luego, la más regocijadas de la obra. Por verla actuar, vale la pena soportar Trucos de amor.

Debutó como actor cómico el que lo es del radio y la televisión, Nono Arsu, de origen chileno. No es propiamente un actor, sino un caricato. No carece de gracia, exhibe una desenvoltura que es síntoma de la autoridad que como animador de programas goza en la radio y en la TV, pero no tiene noción del respeto que se le debe a un público de paga y al texto de una obra en la que los personajes deben sujetarse a la palabra, detrás de la cual está su carácter, su razón de ser dentro de la historia que el autor narra.

Rafael Banquells, en un personaje también ingrato, pero no tanto como el de Charito, cumple como el excelente profesional que nadie pone en duda que es desde hace años. La escenografía de Julio Prieto, como suya, de buen gusto y funcional.