FICHA TÉCNICA



Título obra Los enemigos no mandan flores

Autoría Pedro Bloch

Notas de autoría Efraín Huerta / traducción

Dirección Julián Soler

Elenco Lucy Gallardo, Carlos Navarro

Escenografía Xavier Torres Torrija

Espacios teatrales Teatro Trianón




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Los enemigos no mandan flores de Pedro Bloch, en el teatro Trianón". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Columna El Teatro

Estreno de Los enemigos no mandan flores de Pedro Bloch, en el teatro Trianón

Armando de Maria y Campos

Escribir teatro –para el teatro– es un arte o un oficio difícil. Cualquier escritor con talento y con inspiración puede escribir para el teatro, pero no todos los escritores que escriben teatro son autores. El autor nace, o se hace, pero siempre es preferible el autor que nace con el don de escribir para el teatro. Cada vez que me encuentro con el caso de un escritor que escribe para el teatro y no es autor, recuerdo a Aristóteles cuando insiste incesantemente en el hecho de que el teatro imita a personas en acción. Dice: "La tragedia no imita a los hombres, sino a una acción y a una vida". Todo lo que no sea esto, será una representación por actores ante el público de un hecho forjado al capricho de quien lo ha escrito, porque dos causas naturales determinan las acciones: el carácter y el pensamiento. La acción teatral corresponde a personajes que tienen tal o cual carácter, estos y los otros pensamientos. Por consiguiente, llamo fábula –dice el maestro Aristóteles– al conjunto de acciones realizadas; llamo carácter a lo que nos hace decir de las personas que vemos actuar que tienen estas o aquellas cualidades; entiendo por pensamiento, todo aquello que los personajes dicen para mostrar cualquier cosa o declarar lo que resuelven". Tenemos, pues, tres partes de la obra. La más importante es la acción, porque en efecto, sin acción no puede haber tragedia; pero hay tragedias sin caracteres y una fábula conmovedora es preferible a largas tiradas morales por bien torneadas que estén. "La fábula es el principio y como el alma de la tragedia". Primacía de la acción sobre la psicología y las ideas, tal es la pura doctrina aristotélica, que practican únicamente los verdaderos autores. Aristóteles añade una cuarta parte a la fábula, los caracteres y los pensamientos: la elocución o estilo, interpretación en prosa o en verso de lo que los personajes tienen en el espíritu.

Todo esto viene a cuento con motivo de la innovación que un autor recientemente estrenado en México –Pedro Bloch, su obra: Los enemigos no mandan flores– pretende haber logrado al escribir y llevar a la escena un problema de psiquiatría. El autor Pedro Bloch es un médico cirujano, especializado en psiquiatría, escritor y periodista, y que se ha propuesto realizar un teatro que él considera original, a base de monólogos o de diálogos en los que predomina el monólogo a cargo de una actriz, contando con un actor don Pedro Bloch son, hasta donde alcanzan mis informes, Esta noche llovió plata y Las manos de Eurídice. El diálogo entre dos personajes, con base de un largo monólogo, es Los enemigos no mandan flores, que ha sido dada a conocer al público de México en el teatro Trianón, con la participación de la actriz Lucy Gallardo, del actor Carlos Navarro, del director Julián Soler y del escenógrafo Xavier Torres Torija.

Los enemigos no mandan flores es, propiamente, una farsa cortada en tres actos y exhibe el caso de una mujer casada que padece el complejo de fealdad, vive en un estado de angustia, se siente fuera del mundo atenta únicamente a retener al marido dentro de las cuatro simbólicas paredes del hogar, porque teme perderlo. Es un desnudo caso de histeria interesante y digno de estudio dentro de la psiquiatría. El marido es un hombre joven, guapo, sin carácter y que se deja mover, como un pelele por los hilos de la histeria que sufre su mujer. El doctor Bloch presenta el caso, lo desarrolla a su antojo y al fin no lo resuelve. ¿Se propuso demostrar que un hombre puede ser o llegar a ser un don Nadie en manos de una mujer que logre apoderarse de su voluntad? No lo sabremos nunca, porque atento a presentar el caso como muy teatral, no le halla un final que corresponda al teatro. Por principio de cuentas o de escenas, el autor prescinde de la cuarta pared ideal e indispensable en el teatro. El decorado de Los enemigos no mandan flores solamente tiene tres lados para nosotros, y no posee un cuarto para los que se hallan en la escena. Esto puede ser una innovación, pero rompe la unidad elemental de la acción. La farsa comienza precisamente cuando el actor piensa más en el cuarto lado que en los otros. Olvida que la esencia de toda actuación en el teatro consiste en dar apariencia de realidad a una escena imaginada. El procedimiento de obligar a la actriz a dirigirse al público para justificar la farsa en que interviene su marido, inmóvil cuando a ella le conviene para explicar lo que él hace, él piensa o de él hace, es pueril, porque carece de base psicológica simplemente realista. Pero esto es lo de menos. Lo fundamental es que la pieza de Bloch, que tiene un primer acto divertido, y hasta original, se desliza en una rampa de falta de técnica en los dos restantes, durante los que las escenas se repiten y no se llega a una solución satisfactoria. Teatralmente, se queda en el primer acto. Como autor, Bloch se frustra en los dos restantes, monótonos e ilógicos.

Por cuanto a la versión que ofrecen al público mexicano intérpretes, decorador y director, tiene sus más y sus menos.

El director Julián Soler sacó cuanto provecho pudo de una situación inconexa y aprovechó los toques de originalidad que contiene el primer acto. El decorador entendió que nadie más que él debía figurar en escena, antes que la obra y los intérpretes, y conservó una sala de estar de modo perfecto, pero tan cargada de detalles, que distrae la atención del espectador durante las primeras escenas que son las mejores de la pieza, atento a comprobar cuántas cosas útiles e inútiles lograron reunir estos esposos inadaptados para vivir cotidianamente la tragedia de su absoluta falta de entendimiento. Es magnífica la escenografía de don Xavier Torres Torija, pero en el elogio está el reproche.

Interpretan Los enemigos no mandan flores, Lucy Gallardo y Carlos Navarro. Para imponerse e impresionar al público, el actor cuenta, como se sabe, con su físico. Su arte se proyecta a través de su voz, a través de sus movimientos y de sus gestos como también a través de su inteligencia e imaginación. Lucy Gallardo, como la esposa, sacrifica la belleza de su físico, pone a prueba su voz, que no es rica en acentos dramáticos y emplea sus gestos con abundancia. El resultado es que logra impresionar y hacernos sentir la personalidad de una enferma histérica. Mejor que el juicio de un cronista de teatro, su labor merece la opinión de un psiquiatra, de todas formas merece un elogio como comedianta animada por una inteligencia viva y una disposición notable al servicio de una afición disciplinada. Carlos Navarro resuelve con sobriedad su personaje de marido pelele, sin voluntad, atormentado y frío como es en realidad su temperamento. El poeta Efraín Huerta tradujo con buen gusto y pulcritud esta pieza del portugués, porque el doctor don Pedro Bloch es originario del Brasil.