FICHA TÉCNICA



Título obra Un cuarto para vivir

Notas de Título The living room (TÃŒtulo original en inglÈs)

Autoría Graham Greene

Notas de autoría Ulises Petit de Murat / traducciÛn; JosÈ RemÃŒrez / adaptaciÛn

Grupos y Compañías Pro Arte

Notas de grupos y compañías Felipe Montoya / organizador

Elenco Francisco Petrone, Silvia Pinal, Fedora Capdevilla, Prudencia Grifell, Magda Haller, Luis Berist·in

Escenografía Manuel Fontanals

Espacios teatrales Teatro Sala Cinco de Diciembre anteriormente SalÛn de Actos de la FederaciÛn de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Un cuarto para vivir de Graham Greene. Teatro sala Cinco de Diciembre". Novedades, 1954. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Columna El Teatro

Un cuarto para vivir de Graham Greene. Teatro sala Cinco de Diciembre

Armando de Maria y Campos

La discutida pieza dramática del escritor inglés Graham Greene The living room, traducida por el escritor argentino Ulises Petit de Murat como Un cuarto para vivir, y adaptada –¿por qué adaptada?– por José Remírez, autor mexicano, se viene representando en el flamante teatro sala Cinco de Diciembre, que originalmente fuera salón de actos de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, por la compañía Pro Arte que organizaron dos actores profesionales, uno de ellos el reputado muy estimado Felipe Montoya.

Ya referí en crónica anterior quién es Graham Greene y cuál es el argumento de ésta su primera producción dramática, extraordinario suceso teatral en Londres.* Antes que en la capital del Reino Unido The living room había sido estrenada en Estocolmo, y luego se representó en Edimburgo, antes de llegar al escenario de Londres, del que saltó a los de Nueva York, de París, de Buenos Aires, de Madrid –el 11 de enero de este año–, y finalmente, a uno de México.

Una versión teatral de una famosa novela de Greene había introducido a este gran novelista en el mundo de la farándula: La puissance et la glorie, que tuvo enorme éxito en el teatro de L'Oeuvre, de París, hace dos años. Por cierto que esta novela desarrolla un tema que ocurre en México durante el garridismo, en Tabasco, y el principal papel es el de un sacerdote borracho y padre de una niña, fugitivo, perseguido, que acaba por acudir a la celada que le tiende el mestizo, su Judas, por los 30 dineros de los 500 pesos que se ofrecen por su captura. No conozco la obra dramática versión de la novela, pero la sé llena de tipos magníficos: un dentista inglés, un teniente, un cantinero, etc., etc., y en los informes que de ella tengo se mencionan escenas estupendas, una en la cárcel, y la del fusilamiento, a la que precede un gran monólogo de prueba para grandes actores. No creo que llegue a representarse en México, a menos que se pusieran a prueba dos tolerancias: la del gobierno y la de la Iglesia. Y aún así, tendría que someterse a la candente prueba de fuego que significa la madurez de un público capaz de justipreciar una obra sin exceso de color local, y, tan reciente, que su cercanía hace difícil dominar sus verdaderas proporciones estéticas o dramáticas.

Un cuarto para vivir –en España se tituló más propiamente, vertida al castellano por Alvaro de Zárate, El cuarto de estar–, me parece obra estupenda como tal obra, por su tema y su ejecución sin dejar de reconocer que adolece de faltas graves, a saber: la "grisura" del sacerdote en sus discusiones y con el profesor racionalista como si el autor se propusiera apagar al ministro del Señor precisamente en el momento para que la religión no pueda hablar por sus labios. El aspecto religioso de la pieza de Greene falla, falla en absoluto a mi modo de ver, porque la religión es allí –así lo advirtió también Eleanor Farjeo, del Catholic Herald– mero y pobre testigo, no actor. En consecuencia no es éste como han querido ver muchos, un drama católico, porque no da solución al tremendo problema de la joven seducida, no acude en su socorro cuando más lo necesita la desventurada huérfana, y la empuja, en su desesperación al suicidio.

Es evidente que el drama alcanza, en algunas escenas, caracteres de tragedia al buscar el hombre desesperado consuelo para una situación angustiosa, y como no acude a la fe, la fe cristiana por supuesto, no lo encuentra.

Aceptado que The living room no es un drama católico y considerando con ello que su poder edificador, que apenas apunta en discusiones siempre inconclusas, queda el desnudo como tal drama: articulado con gran maestría, fuerte, certero, pleno de escenas tan vivas y sobrecogedoras, que parecen arrancadas de la vida misma. Profundamente interesante, pero, es de justicia decirlo, ajeno a la sensibilidad del público mexicano medio. Como pieza de teatro resulta excelente, y, también otro, pero, para público verdaderamente aficionado al espectáculo dramático. El que asistió a la noche del estreno, integrado por la "crema y nata" del mundillo cinematográfico, se quedó frío ante el desarrollo del imponente conflicto que ya conocen nuestros lectores. En noches posteriores, un público menos "cristalizado" ha escuchado con mayor atención esta interesante pieza dramática, pero no ha acabado de interesarse como corresponde a obra precedida de controversias y comentarios, y eso que está admirablemente presentada y muy bien actuada.

El acierto de la presentación debe abonarse, aparte de a los directores de este espectáculo, al gran escenógrafo Manuel Fontanals, cuya escenografía siempre funcional halla su punto de madurez en el buen gusto, la economía de recursos, y la exquisita entonación de los elementos que el gran artista español emplea.

La interpretación es excelente, sin rodeos. Francisco Petrone, gran actor argentino, logra una magnífica composición del sacerdote inválido. ¿Qué a veces parece demasiado gris? Así lo formó el autor. Silvia Pinal, de gran temperamento y refinada inteligencia, habitó con propiedad y justeza a la joven enamorada y desesperada, y en todo momento dio la noble impresión de estar sintiendo al personaje, simpático e ingrato a la vez. Dos tipos de tías solteronas chocan sus caracteres y contrastan certeramente la acción. Una, voluntariosa y absorbente; dócil y tímida la otra. Aquella excelente encarnación en Fedora Capdevilla, sobria y consciente actriz de origen cubano. Doña Prudencia Grifell creó un tipo trémulo de simpatía y ternura. Magda Haller, en la mujer casada y desairada, cubre dos escenas con responsabilidad. El menos afortunado en la interpretación, por lo menos la noche que le vi fue Luis Beristáin, galán muy desenvuelto en otras ocasiones, pero esta vez sin sitio, inseguro, indeciso...


Notas

* Se refiere a la crónica publicada el 11 de marzo de 1954.