FICHA TÉCNICA
Título obra Militares y paisanos
Autoría Emilio Mario LÛpez Fenoquio, hijo
Elenco Gerardo del Castillo, Miguel Maci·, Leopoldo OrtÌn, JosÈ G·lvez, Bugarini, Florencio CastellÛ, Emilia Gui˙, Kippy Casado, Carmen CortÈs, Micaela CastejÛn, Lola JimÈnez, Carmen Pel·ez
Espacios teatrales Teatro Ideal
Productores Carlos Ortega
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El pasado vuelve: estreno de Militares y paisanos de Emilio Mario, la última noche del año". Novedades, 1954. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
El pasado vuelve: estreno de Militares y paisanos de Emilio Mario, la última noche del año
Armando de Maria y Campos
El ya viejo, sucio, destartalado teatro Ideal –al que cronistas de origen español, añorantes de sus salas madrileñas de espectáculos dieron en llamar "la bombonera" de Dolores, en recuerdo de un coquetón teatrito de la ex corte de Alfonso XIII– ganó muy bien ganado, el mote de "teatro de la risa", porque durante muchos años acogió el repertorio cómico que preferentemente llegaba de España. Todo México sabía que al Ideal iba a reírse con obras de corte cómico, astracanesco y aun bufonesco, interpretadas por una compañía conjuntada a base de actores que no carecían de vis cómica, tan difícil de poseer. Desde Luis G. Barreiro hasta Angel Garasa, pasando por Manuel Tamez y el "Chato" Leopoldo Ortín, todos los actores cómicos que un día fueron alguien en la escena nuestra encabezaron largas temporadas de este género fácil, regocijado, entretenido y divertido, que contó con partidarios por legión. ¿Quién no recuerda La venganza de don Mendo y La casa de salud, estrenadas la primera nada menos que por María Tereza Montoya y Julio Taboada, y la segunda por Ángel Sala y Leopoldo Ortín? El primer gran éxito del género fue ¿Quién te quiere a ti? por Manuel Tamez e Isabelita Blanch, con la que la actriz valenciana descubrió su verdadera línea de trabajo, de la que vivió largos lustros...
Una vez cuando el repertorio cómico parecía agotarse, el estoico e invencible empresario Carlos Lavergne se inclinó por otros géneros, y el teatro Ideal vino a menos, hasta quedar en nada. Otros empresarios no lograron que obras de corte serio hicieran huesos viejos, y el que en todas sus crónicas seguía llamando "la bombonera de Dolores". ¡Cómo podía prolongarse en el cartel una Sinfonía doméstica donde había reinado, como rey absoluto de la risa, el astracán de Muñoz Seca! ¡Y el teatro Ideal estuvo a punto de desaparecer del mapa del México que se divierte!
Ahora el viejo autor y reincidente empresario Carlos Ortega –cuya fecundidad teatral sólo halla un rival en la obra múltiple de Lope de Vega– ata el cabo suelto de la tradición cómica del teatro que fue de Barra Vilela, y anuncia una nueva temporada a base exclusivamente de obras para reír, que no tienen la pretensión de llamarse arte, ni se atribuyen transcendentalismo ninguno, ni aspiran a conmovernos el corazón ni la mente.
La temporada cómica del Ideal se ha iniciado –la noche última del año– con la reposición, estreno en verdad para las últimas generaciones de la comedia en cinco actos y en prosa Militares y paisanos de Emilio Mario, hijo del actor español del mismo nombre, popularísima en toda España y en Hispanoamérica hace más de sesenta años, tan recordada aún que ahora tuvo la virtud de llenar la sala del viejo teatro y proporcionar al público sano que acudió al reclamo de Carlos Ortega dos horas del más sano y regocijado esparcimiento. El público rió hasta troncharse, como en los mejores años del "teatro de la risa" de Pepe y Braulio Junco.
Conviene recordar, brevemente, quien fue Emilio Mario. Hijo del actor español Mario López Chávez, que cubrió una etapa del teatro español que abarca de 1860 a 1899, el autor de Militares y paisanos creció en el teatro; nació en Madrid el año 68, cuando su padre era ya gran actor. Su primera obra fue ésta, Militares y paisanos que les estrenó Emilio Mario, su padre, y fue tan rotundo y espontáneo su éxito, que el joven autor, que ya era abogado, colgó la toga y afiló la pluma, y ya no hizo otra cosa que escribir para el teatro, con éxito siempre. Como era costumbre entonces, tradujo, adaptó e hizo cosas originales con y sin colaboradores. Algunos títulos de sus obras, todas representadas en México, encenderán gratos recuerdos a muchos viejos aficionados al teatro; citaré a algunos: Al mejor cazador, Los gansos del Capitolio, El director general, El crimen de la calle de Leganitos, El libre cambio, La verdadera tía Javiera, Tocino del cielo, El revisor, Carambolas de amor, El abanico y cincuenta más. Murió en Madrid en 1911. Militares y paisanos fue estrenada en México por la actriz cubana Luisa Martínez Casado en el papel de Tula, y a fines del siglo pasado Virginia Fábregas la representaba con pimpante picardía...
Bien, Militares y paisanos es ahora y fue siempre, una comedia intrascendente. Ocurre en España, figuraos, cuando el pretendiente don Carlos mantenía en pie y en armas a algunos cientos de ilusos partidarios, y, lo que es más, en una escondida provincia española. Se habla en ella mucho de Cuba, se toca una huaracha, y se menciona a un "inglés" de Nueva York con un conmovedor desconocimiento de la geografía.
Pero es divertidísima, inocente hasta el pudor, y entretenida para todo aquel que no busque más; abunda en situaciones no por inverosímiles menos teatrales, y todavía es un raro ejemplo de hábil construcción de situaciones cómicas y de tipos entonces tan indispensables como inconfundibles, que se embrollan entre sí sin más objeto que quedar resueltos a satisfacción de todos al final de la obra.
No se le hizo corte de importancia, representándose los actos cortos como cuadros para hacer sólo dos intermedios. Una planta de actores profesionales en este género, tan modestos como estimables, interpretó con desenfado responsable la divertida comedia: Gerardo del Castillo, nieto de nuestro fabuloso actor de igual nombre; Miguel Maciá, Leopoldo Ortín –que exageró un poquillo, pero de casta le viene al galgo– ; José Gálvez, Bugarini, Castelló de ellos, y de ellas, Emilia Guiú –de voz abaritonada y sin matices; por cierto no vistió a Tula como una "señorita de provincia", sino como una vedette de cine–; Kippy Casado, muy desenvuelta; Carmen Cortés; Micaela Castejón, muy en carácter como característica; Lola Jiménez y Carmen Peláez, que debe ser mejor aprovechada, pues ya demostró en El baile, al lado de Andrea Palma, que es excelente actriz.
La escena pobrísima, pero la voluntad de todos incalculable. Y el público, ese que nada sabe ni quiere saber de otra cosa que divertirse, contentísimo...