FICHA TÉCNICA
Título obra La mujer de mi vida
Notas de Título La femme de ma vie (tÃŒtulo en el idioma original)
Autoría Louis Verneuil
Notas de autoría Eleazar Canale / traducciÛn
Dirección VÃŒctor O. Moya
Grupos y Compañías Teatro Estudio de MÈxico
Notas de grupos y compañías VÃŒctor O. Moya / director
Elenco Nadia Haro Oliva, Carlos Riquelme, JosÈ SolÈ, Peralta, Roberto Rivero, Graciela Peralta
Escenografía Julio Prieto
Coreografía Guillermo Keys Arenas
Espacios teatrales Teatro RÛdano o Teatro de la ComisiÛn Federal de Electricidad
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de La mujer de mi vida de Louis Verneuil, en el teatro Ródano". Novedades, 1953. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de La mujer de mi vida de Louis Verneuil, en el teatro Ródano
Armando de Maria y Campos
Se reprocha, y con razón, al teatro francés contemporáneo que todas sus obras explotan el eterno triángulo: la mujer, el marido y el amante, cuando no el marido, la mujer y la amante
No se puede negar la razón de tal reproche. Pero desde luego hay que advertir que, contra lo que parece a primera vista, las relaciones entre estos tres simples personajes, ya clásicos, da lugar a una serie inagotable de situaciones dramáticas o cómicas que ofrecen una variedad incomprensible, e incluso, en ocasiones, cierta novedad. (Eduardo Bourdet llevó al teatro este triángulo en forma audaz y poco común: el marido, la mujer y la amante de ésta. Recuérdese La prisionera. Al ingenio de André Roussin se debe la innovación más atrevida. La mujer mete al marido y al amante, los dos enfermos, en la única cama de la casa, para cuidarlos con solicitud, con lo cual se invierten los términos de la ecuación considerados eternos. No recuerdo el título de esta pieza. Jean Bernard en Nuit des hommes ha buscado una fórmula también original. El trío se reduce a dos. La mujer queda entre bastidores y sólo aparecen en escena el marido y el amante, para un diálogo que dura cerca de hora y media. ¿Qué dicen en tan larga conversación? Lo que dicen los hombres de las mujeres cuando están solos, cuando las mujeres no les pueden oír. El juego con el eterno triángulo ofrece posibilidades de travesura e ingenio insospechable. Louis Verneuil –su verdadero nombre fue Louis Colín du Bocage– lo explotó con mucha agilidad de autor cómico ducho en manejar los resortes escénicos).
El Teatro Estudio de México se ha aventurado por el camino fácil de las obras francamente comerciales, y el éxito de público que está alcanzando en la sala de Ródano 14 un delicioso vaudeville de Verneuil prueba que no ha elegido mal camino. La mujer de mi vida, traducida por Eleazar Canale, desconociendo sin duda la que para los teatros argentinos hizo Julio Escobar con el título de Te amo y serás mía, es una gallarda muestra del ingenio picaresco de Verneuil, de quien el público de México conoce, entre otras las muy graciosas y vodevilescas comedias Mi hermana Genoveva, El tren de Venecia, El señor Lambertier, El amante de Madame Vidal; Mi crimen, que hizo con mucha gracia, la deliciosa actriz Paulina Singerman. Verneuil fue un hombre de teatro, y toda su vida la entregó a la escena y a algunas diosas de la escena. No fue un escritor inquieto, de esos que aspiran a renovar el teatro francés. Se conformó con ser un autor de los bulevares de París. En esto nadie le aventajó en su tiempo. Muy joven casó con la nieta de Sarah Bernhardt, y ya más allá de la madurez rescindió en el casorio con Elvira Popesco, actriz rumana que nunca pudo hablar un francés correcto y de cuya graciosa pronunciación se dijo que era lo más característico de su trabajo. Algo de esto ocurre con Nadia Haro Oliva, francesa de nacimiento, actriz en castellano, cuya clara y traviesa pronunciación en nuestro idioma la denuncia parisiense de cepa.
Rompió Verneuil intempestivamente con la Popesco y vino a residir a los Estados Unidos, después de haber publicado en París La vida maravillosa de Sarah Bernhardt, para la que escribió, como se sabe, obras a la medida de su edad y de... su única pierna. Concluida la guerra, volvió Verneuil, solo, a París. Pero París ya no se acordaba de Verneuil. Otros autores cubrían las carteleras de los teatros del Boulevard; Elvira Popesco representaba una comedia en un teatro de los bulevares, y ésta era, precisamente, del autor que sucedió a Verneuil en este rango: Roussin. Otras actrices eran las reinas de la escena frívola, y Verneuil resultaba un extraño en el propio corazón del París que lo había llevado al triunfo. Entonces, se suicidó.
La divertida y original comedia que representan en el teatro de Ródano los discípulos de Víctor Moya, es prima hermana del vaudeville. Corresponde a la segunda época de Verneuil. Fue estrenada por la Popesco en 1938. El tema es sencillo, picaresco y audaz. Dos amigos desde la infancia casados los dos, cambian sus respectivas consortes; la novedad radica en que los amantes abandonan a sus respectivas medias naranjas, huyendo de ellas, e ignorando que los que se quedan entablan un dúo amoroso. Los que se van no congenian como amantes y vuelven a sus respectivos hogares. Los que se quedan, que no se entienden como marido y mujer, reciben a los prófugos y reanudan, después, sus relaciones como amantes. La situación, palpitante de picardía, entretiene y hace reír. Nada más. Lo malo es que en la adaptación de Canale y Moya, se desvirtúa el espíritu frívolo de esta comedia, haciendo que los prófugos e inadaptados amantes, continúen siéndolo. Esto la hace, desde el punto de vista del hallazgo de la anécdota, totalmente diferente al original.
Los dos protagonistas fueron interpretados por Nadia de Haro Oliva y por Carlos Riquelme. La señora Haro Oliva, muy bien vestida por cierto, logra una feliz interpretación de su personaje. No así Riquelme, que lo caricaturiza en extremo: un hombre como él representa a este ingenioso amante, resulta ridículo e incapaz de provocar una aventura. Desde el punto de vista cómico, lo sacó muy bien e hizo reír, y no otra cosa se habrá propuesto el actor. José Solé entendió muy bien su personaje; lo desempeñó con agilidad y talento. La señorita Peralta se mostró discreta, y sobrio Roberto Rivero en su anecdótico papel de criado comprensivo.
La dirección de Moya se mostró cuidadosa de todos los detalles. La traducción de Canale, correcta. La presentación, en general, muy decorosa. Resumen: el público pasa un rato divertido con La femme de ma vie.