FICHA TÉCNICA
Título obra El hombre del paraguas
Notas de Título The late Edelvina Black (tÃŒtulo en el idioma original)
Autoría William Dinner y William Morum
Notas de autoría Eleazar Canale / traducciÛn
Dirección Juli·n Soler
Elenco Liliana Dur·n, Carlos Navarro, Ignacio Retes, Hortensia SantoveÒa
Espacios teatrales Teatro Arena
Notas El autor tambiÈn comenta sobre los derechos de traducciÛn de la obra The late Edelvina Blackcon motivo del conflicto entre Ceferino R. Avecilla y Eleazar Canale
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Realidad cinematográfica de la interpretación de El hombre del paraguas, en el teatro Arena". Novedades, 1954. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Realidad cinematográfica de la interpretación de El hombre del paraguas, en el teatro Arena
Armando de Maria y Campos
Para muchos no tiene importancia el prólogo jurídico-sindical-constitucional de El hombre del paraguas, que representaron los traductores Canale y Avecilla, y aquellas agrupaciones de la Federación de Espectáculos Públicos –la Unión Mexicana de Autores, la Asociación Nacional de Actores–, responsables o afectadas en este conflicto que viene a establecer una situación jurídica respecto a las representaciones en México de piezas de autores extranjeros.
Nos quedamos en que la Federación Teatral, atendiendo por primera vez mandatos constitucionales antes que acuerdos sindicales, resolvió dar su apoyo al traductor –Canale– que estuvo siempre dentro de la ley. Con el motivo anterior y para evitar en lo futuro toda clase de problemas como éste (aún está vivo el que hace diez días planteó a la Lotería Nacional patrocinadora por televisión de la Telecomedia-Fábregas, la traductora Magda Donato, naturalizada mexicana, al oponerse que Fábregas representara la versión española de José López Rubio de la comedia en tres actos Sombra querida, de Jacques Deval, estrenada en Madrid en 1953 y publicada por las ediciones Alfil en su número 82, que no presentó para su registro en la Secretaría de Educación Pública, aunque sí en la Unión Mexicana de Autores), los representantes de la Federación Teatral interesados en estos problemas que han venido a plantearnos los nuevos mexicanos de después de la guerra, tomaron el acuerdo de no registrar, ni por tanto dar su apoyo para la representación de ninguna traducción al castellano de una obra extranjera, cuando, dentro de los tres años siguientes a su estreno en su idioma original, no se acompañare por el socio de la Unión de Autores al solicitar su registro, la autorización del autor de la obra primigenia.
La razón que tuvo el legislador, según la exposición de motivos, las disposiciones de la ley y la teoría que establece la disposición del Artículo 9o. a que aludí, se encuentra en la necesidad de que se amplíe hasta donde sea posible la cultura nacional y extranjera, aunque cuidando el pago de derechos autorales, que es el deseo fundamental del legislador y que la difusión de la cultura nacional pueda llegar hasta las mayorías populares, en el menor tiempo posible y no se pretenda, con supuestas exclusividades, quitar de las masas populares una posible fuente de cultura, otorgándola únicamente para una minoría selecta. En resumen, una necesaria y oportuna lección de derechos constitucionales a aquellos dirigentes de la Federación Teatral que hasta ahora venían aplicando únicamente acuerdos sindicales.
En representación de la empresa del teatro Arena y en previsión de algún "albazo", el coempresario Luis Aldás obtuvo de la justicia federal oportuno amparo. No tuvo necesidad de usarlo, y aunque alguna autoridad se hubiera alcanzado la "puntada" de tratar de impedir la representación, ésta se hubiera celebrado de cualquier modo, porque el cuerpo del delito: el libreto, no pudo haber sido recogido por la autoridad, ya que los autores tenían memorizada la pieza en litigio. Así ocurrió, hace más de cincuenta años, en el teatro Riva Palacio, cuando la empresa Austri-Palacios se propuso estrenar, y lo hizo –de memoria–, una zarzuela cuya exclusiva pretendían tener las Moriones, empresarias del teatro Principal. Cuando las autoridades irrumpieron en la salita del Riva Palacio para recoger de los atriles los "papeles" de música, se encontraron con que éstos estaban vacíos y los músicos tocaban "de memoria".
Muy bien memorizada por los actores que dirigió Julián Soler la representación de El hombre del paraguas, adoleció de ese defecto de nuestro teatro experimental contemporáneo: "de memoria". Todo está memorizado: palabras, gestos, actitudes, movimientos; pero casi todo carece de matiz. La memorización mecaniza; el conocimiento profundo de la obra, el estudio de la psicología del personaje, el desborde del temperamento que es la esencia de la personalidad, es lo que les da naturalidad a los actores, humanidad a las representaciones e impide que los intérpretes se conviertan en títeres, sobre todo cuando éstos poseen condiciones suficientes para no dejarse manejar como marionetas, a las que si se les trunca uno de los hilos que les dan vida, se descuajaringan. Claro que, en este caso, la dirección tendría que escoger otros caminos.
Julián Soler es, y nadie lo pone en duda, un excelente director cinematográfico, con escasa experiencia en dirección teatral. Su dirección... cinematográfica de El hombre del paraguas no amerita reparos; le ayuda, incluso, la escena abierta, con dos escenarios, del teatro Arena, que permitió la construcción, con absoluta propiedad, de una sala inglesa de fines del siglo XIX. No le falta detalle a la escena, y si una cámara cinematográfica estuviera lista para esta o aquella "toma", le resultaría perfecta, con o sin actores. Teatralmente, la acción se desarrolla lenta, como reclamando este o aquel "corte" y, en último término, un experimentado "montador". Con todo, es digna de elogio.
La interpretación satisface plenamente, si tenemos en cuenta que casi todos los protagonistas son, antes que actores profesionales de teatro, elementos destacados del cine. Liliana Durán, la protagonista, que ha lucido tanto en pequeñas interpretaciones en nuestro ecrán, no alcanza a habitar el difícil personaje confiado a su escasa experiencia cinematográfica. Está fría, por mecánica; sus parlamentos carecen de matiz, por memorizados. Luce juvenil y bellísima. Carlos Navarro, arrogante galán de cine, no está aún maduro para personaje de tal envergadura como es Gregory Black. Se muestra empeñoso, pero sin dominar la naturalidad en el hablar; exhibe pobreza de matices y se mueve sin la flexibilidad que da el oficio. El joven actor Ignacio Retes cambió –o así le fue puesto el personaje– la severa y honda psicología del viejo detective de Scotland Yard, y lo convierte en un "agente de la reservada" muy "abusado" y picarón. Hortensia Santoveña se entrega llena de fe y voluntad a su personaje; no alcanza los tonos dramáticos que la obra exige.
¡Qué lástima que esta pieza tan interesante, pero nada extraordinaria no esté interpretada por actores profesionales! Si así fuera, estoy cierto que alcanzaría incontable número de representaciones.