FICHA TÉCNICA



Título obra Debiera haber obispas

Autoría Rafael Solana

Dirección Luis G. Basurto

Elenco MarÌa Teresa Montoya, Luis AragÛn, Felipe Montoya, Luz MarÌa N˙Òez, Carmen Sagredo, Fernando Mendoza, HÈctor LÛpez Portillo, Emma Fink

Escenografía Roberto Galv·n

Espacios teatrales Sala Chopin




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Debiera haber obispas de Rafael Solana, en la sala Chopin". Novedades, 1954. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Debiera haber obispas de Rafael Solana, en la sala Chopin

Armando de Maria y Campos

Confieso sentirme cohibido, pero no acomplejado, cada vez que me encuentro frente a un estreno de una nueva pieza del fecundo autor compatriota Rafael Solana, y creo que hay motivo por la opinión pública que él tiene de mí como cronista de teatro.

Durante un breve discurso leído por Solana en alguna comida de la Agrupación de Críticos de Teatro, dijo algo refiriéndose probablemente a mí –y perdóneseme la vanidad si no resulto el aludido–. Dijo Solana, aludiendo a la crítica de teatro de casa: "...y a los críticos mismos que consideran que es más importante el que ellos en determinado momento luzcan su erudición, su buena memoria o su biblioteca, pulverizando al pobre autor... con un alud de referencias, concordancias, similitudes y coincidencias, y no extiendan una mano generosa y brinden un calor amistoso a quienes quizá necesiten de eso para definir su vida", etcétera, etcétera.

Sí; seguramente yo soy uno de esos críticos. Gusto, como saben bien mis lectores, de disertar y aun de divagar sobre teatro retrospectivo cuando escribo sobre teatro contemporáneo, no para lucir una erudición de que carezco, simplemente para ambientar y aun para ilustrar en la medida de mis alcances a los nuevos aficionados al teatro con moderadas "referencias, recuerdos, concordancias, similitudes y coincidencias". Pero, a lo que estamos...

Está a punto de levantarse el telón para que dé principio la nueva pieza de Rafael Solana Debiera haber obispas, escrita especialmente para nuestra actriz María Tereza Montoya, a petición de la eminente trágica, y, lo que son las manías, no puedo arrojar de mi memoria alguna referencia de Solana a propósito de la Montoya y los autores nacionales. Escribió Solana hace un año, precisamente en vísperas de la inauguración de otra Temporada de los Autores Mexicanos: "Gran recibimiento a la Montoya, que regresa a México en triunfo, llamada por los autores mexicanos, a quienes siempre había despreciado. Sus éxitos con obras francesas o españolas, sin embargo, no la retenían en los teatros de México sino cortas temporadas; ahora los autores se acuerdan de ella, que de ellos se acordó tan poco, y la llaman para que presida, como una diosa, su nueva temporada... La Montoya hizo algunas cosas mexicanas; la recordamos, por ejemplo, en algunas obras de Xavier Villaurrutia; pero sin mucho entusiasmo ni mucha fe..."

María Tereza comprendió, y... le pidió a Solana le escribiera una pieza. Solana aceptó el encargo, y recordando cómo había visto por primera vez a la Montoya, tuvo la primera idea para escribir una destinada a ser protagonizada por María Tereza. Fue en un banquete de gente de teatro –acaba de revelar Solana–, al ver aparecer a "una señora" (que después resultó ser María Tereza), estrepitosamente vestida de morado, con una como túnica. Le dijo al poeta Neftalí Beltrán, su vecino de mesa, que esa señora "iba disfrazada de obispa". Entonces decidió escribir una comedia en la que la Montoya actuara como obispa...

Solana ha compuesto una divertida pieza de teatro que es como un coctel, con ingredientes de comedia, de sainete y de farsa, en la que María Tereza se pasa toda la obra en escena haciendo una especie de obispa, por virtud de una bien intencionada broma de un monseñor. El personaje empieza por ama de llaves de un anciano sacerdote chiflado –que no aparece–, moribundo al levantarse el telón. La acción de la obra irrumpe dramática, deriva en seguida a la farsa, y se queda en sainete. El personaje de la ama de llaves convertida en especie de obispa,, porque el pueblo supone que el cura loco le ha hecho confidencias durante su enfermedad, violando el secreto de confesión, es pintoresco, divertido –algo así como una "gesticuladora" usigliana–, pero no a la medida de la profunda calidad de gran actriz de María Tereza. Le queda "chico", no es de su "talla". Abrigo la sospecha de que Rafael Solana no tiene la más vaga idea de lo que es la Montoya como excepcional actriz dramática, su verdadera y privilegiada cuerda, ni –simplemente– como gran actriz a secas. Muy probablemente la Montoya no se atrevió a "devolver" un papel que sabía escrito especialmente para ella, y se avino a habitar un personaje, que naturalmente saca muy bien, pero que nada tiene que ver con su rico pasado o su radioso presente. La "obispa" Matea es un magnífico papel para cualquier actriz cómica.

Sujeto al pie forzado de un personaje convencional, como tantos argumentistas de cine mexicanos que construyen sus películas obligados por un título previo, Solana compuso su divertida pieza dialogándola caudalosamente, creando personajes típicos, aunque convencionales. Algunos, como el del obispo, pueden ser identificados. El Jaime político de pueblo, está o parece estar arrancado de la galería usigliana. Con todo, Debiera haber obispas resulta una divertida pieza, en la que la acción se traslada al diálogo exuberante de ingenio, pero peligrosamente frondoso, y viene a enriquecer el ya numeroso y estimable repertorio de teatro mexicano contemporáneo. Algunas escenas del tercer acto son realmente magníficas; en cambio la última y fundamental del primer acto, tiene que soportar el peso de una larga exposición convencional. Gustó mucho la nueva pieza de Solana, ya nuestro mejor autor cómico, por el ingenio muy del momento que cabrillea a lo largo y a lo ancho de un diálogo que inunda la acción. El público de estreno aplaudió al final de cada acto, y muy fuerte después de una escena entre María Tereza y Luis Aragón, principalmente por éste, que resultó el intérprete triunfador de la noche.

María Tereza está bien y cumple ampliamente, ¡claro! Luis Aragón se nos presentó hecho un actorazo, dominando la intención, la dicción y el gesto, y Felipe Montoya confirmó que ya lo es desde hace tiempo. Luz María Núñez está cuajando en excelente actriz. El resto –Carmen Sagredo, Fernando Mendoza, Héctor López Portillo y Emma Fink– sacaron adelante sus divertidos y convencionales tipos. Mendoza, muy seguro y desenvuelto; Carmen Sagredo, convincente, y Emma Fink exagerando... Una dirección discreta de Luis G. Basurto y una limpia y estimable escenografía funcional de Roberto Galván, son factores esenciales en el favorable conjunto de esta nueva jornada teatral mexicana.