FICHA TÉCNICA



Notas El autor cita versos de la versión en zarzuela de Don Juan Tenorio, escrita por José Zorrilla

Referencia Armando de Maria y Campos, “El Tenorio cantado. La lectura de la carta convertida en romanza y las décimas del sofá en dúo de amor”, en Novedades, 29 octubre 1947.




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Columna El Teatro

El tenorio cantado. La lectura de la carta convertida en romanza y las décimas del sofá en dúo de amor

Armando de Maria y Campos

Todas las frases proverbiales de los principales personajes de su drama fantásticorreligioso parece empeñado en olvidarlas Zorrilla, en su Don Juan Tenorio, zarzuela. Don Juan se convierte en un personaje sosegado, reflexivo. ¿Os acordáis de aquella escena que empieza: ¿Esta silla está comprada, hidalgo...? En la zarzuela ocurre de manera distinta. Esta silla está guardada, hidalgo, dice don Juan; y don Luis le responde: –De las dos, una la ha de estar sin duda alguna para mí...– Guardáis tapada la faz mientras lo decís, observa Don Juan, etc., etcétera.

Pasemos unas cuantas hojas. Esta escena es la del convento. Doña Inés, en el reclinatorio de su celda, ¡canta! la carta que le ha enviado don Juan:

que lo que siento y quiero
–¡No puedo! No puedo
leer ni rezar.
No sé por qué miedo
de todo me da.
Como novia el hábito
me van a dar mañana.
¡Novicia!... Pero monja
no lo seré jamás.
Como alas nuevas siento
que en mí brotando están,
y lejos del convento
mis pensamientos van.
Libértame, Dios mío,
de tan extraño afán,
o suéltame las alas
y déjame volar!
¡Ay, ay de mí!
que lo que siento y quiero
no me lo sé decir.

El siguiente número musical de la pintoresca zarzuela Don Juan Tenorio es el dúo de amor con que Zorrilla sustituyó las décimas del sofá. Es larga la cita, es decir, la escena; pero no resisto el deseo de darla íntegra, seguro de que el lector la leerá con gusto:

Don Juan.– Ven, cálmate, vida,
reposa sin temor,
y del convento olvida
la triste reclusión.
Doña Inés.– Cesa por Dios,
que resistirte
no puedo ya

Don Juan.– Suave el murmullo
te da aquí el viento,
trina el acento
del ruiseñor;
te da aquí el arrullo
la agua que pasa,
todo en mi casa
respira amor.
Con tu presencia
todo revive,
todo recibe
luz y calor;
todo existencia
cobra este día,
todo, alma mía,
respira amor.

Doña Inés.– Son fuego tus palabras
que me devora,
ámame, te lo ruego,
mi alma te adora.
Y río y lloro
de mí sin darme cuenta
porque te adoro.
El alma se me escapa
tras de ti en pedazos;
¿qué hacer, sino lanzarme
ciega en tus brazos?
Tu amor imploro;
Don Juan, ámame o mátame.
porque te adoro.

Don Juan.– ¡Qué porvenir tan fausto!
Dios abre ante mis ojos;
mañana ante él de hinojos
diré al Comendador:
da a Inés el holocausto
de mi vida convertida;
y, o quítame la vida
u otórgame su amor!

Doña Inés.– ¡Qué porvenir tan fausto
Dios abre ante mis ojos;
mañana tú de hinojos
dile al Comendador:
da a Dios en holocausto
mi alma convertida,
y, o quita a Inés la vida,
u otórgala mi amor!

Zorrilla asegura que "pasó esta zarzuela, haciendo el primer chinchón al drama; a pesar de una parte del público, que entró resuelta a convertir el teatro en "café flamenco", y a pesar de los entreactos de cuarenta presentaciones consecutivas de ordenanza, como el drama, quedando ya en el repertorio de la Zarzuela, y siendo aplaudidas las piezas más salientes de su discreta música... Los autores fuimos llamados todas las noches, y aprovecho esta ocasión para advertir a los que me han criticado mi presentación en el proscenio, que no han tenido en cuenta al decírmelo, que el maestro Manent, forastero en Madrid, merecía los honores de una buena hospitalidad, y habiéndose resistido a presentarse al público sin mí, yo me he presentado con él, en el escenario y en el libreto, como su obligado y modesto comparsa".

Los cuadros "La sombra de Doña Inés" y "La estatua de don Gonzalo", es decir el que ocurre en el cementerio y el de la escena en casa de Don Juan, desconciertan con nuevas... sorpresas, como veremos mañana.