FICHA TÉCNICA



Título obra Edipo rey

Autoría Sófocles

Notas de autoría Ulises Petit de Murat / version

Dirección Francisco Petrone

Elenco Francisco Petrone, Enrique Díaz Indiano, Ricardo Fuentes, Jorge Landa, ángel merino, Álvaro Matute, Luis Lomelí, Yerye Beirute, Hortensia Santoveña

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Auditórium, del IMSS

Productores Teatro Universitario

Referencia Armando de Maria y Campos, “Sobre el Edipo rey del Teatro Universitario. II”, en Novedades, 19 diciembre 1954.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Sobre el Edipo rey del Teatro Universitario. II

Armando de Maria y Campos

Dando por hecho que don Ulises Petit de Murat se sirvió en gran parte de la versión de Edipo rey, del P. Ignacio Errandonea, S.J. (Madrid, 1942), precisa reconocer que la suya, que representa el grupo teatral que se acoge el Teatro Universitario, quedó muy teatral, clara y acccesible a todos, cultos y "pueblo espeso, municipal". Es obra difícil de leer y más de representar. Y no se diga entre nosotros, donde toda audacia encuentra reparos, murmuraciones y hasta "chistes". Porque los mexicanos padecemos "chistomanía" para enjuiciar, comentar todo, forma destructiva de lamentar que las cosas no se hacen como uno quisiera, si uno se decidiera a hacerlas. Abundan las opiniones adversas a la puesta en escena, por el Teatro Universitario, porque lo dirigió y protagoniza un actor argentino, porque la traducción es argentina –ya digo yo que, al contrario, es muy española clásica, si resulta que está originada en la del jesuita español; porque el coro baila, porque el escenario es inadecuado, porque el escenógrafo no fue demasiado simple, porque la actriz que hace de Yocasta usa una falda demasiado estrecha...

Dígase lo que se diga, de buena, mediana o mala fe, el Edipo rey que presenta el Teatro Universitario, resulta un espectáculo de divulgación cultural digno, muy estimable, útil, y, como es lógico, nada comercial. Se discute la fidelidad de la presentación: escenario y vestuario. No estoy ni en pro, ni en contra. Creo que no tratándose de una reproducción histórica, el director y el escenógrafo deben usar de libertad en la interpretación. Ciertamente, los griegos de la época de Sófocles –o de Edipo– no vestían como lo hacen en la representación del auditórium del Seguro Social, pero también de espaldas a la fidelidad histórica se representó durante años en Francia. Tengo a la vista el tomo IX del Théatre de P. Corneille, con comentarios de Voltaire (París, Chez Bossange, Masson et Besson, 1797), con preciosas ilustraciones, una de las cuales reproduce una escena con Edipo, Tiresias y el mensajero corintio, y más se asemeja a cualquiera de las que vistió la refinada fantasía de Miguel Prieto, que a lo que ahora sabemos de cómo lo hacían los griegos de aquellas calendas. Y también un dibujo de Talma en Edipo y otro de Máiquez en el mismo personaje, y una fotografía más reciente –1907– de Salvini en el rey de Tebas, y todas presentan distinta indumentaria; cada una en su tiempo revelaba que "los griegos eran así". No es frecuente representar Edipo, y por eso no hay documentación abundante, ni en suntuaria, ni en escenografía. Tengo fichadas una representación en Londres en 1912, otra en Cambridge en 1920 y otra en Quito, en el Colegio de los Jesuitas de Cotocollao, en 1935. Digo esto, no como pretexto para lucir erudición discreta; sencillamente para insinuar cuán difícil es llevar a escena teatro tan comprometedor. ¿Cuántos conocen la acotación de Sófocles sobre el escenario de su tragedia? Basta leerla –me refiero a la traducción de Errandonea– para saber lo difícil que resulta para cualquier director o escenógrafo meter tanto en generalmente tan poco espacio. Ahora téngase en cuenta lo que permite el del escenario del teatro del Seguro Social. Por todo esto resulta hábil y del mejor gusto, siempre sirviendo a la obra, la escenografía de Prieto, atenta siempre a ocultar todo lo que no tiene de teatro el así llamado del IMSS.

La interpretación no pasa de discreta. Petrone, excelente actor, pero frío, demasiado moderado para personajes trágicos, lucha con su dicción siempre marcadamente argentina. Por eso, creo, está más que contenido en sus arrebatos, particularmente en las últimas escenas, ante el temor de que su acento natal le traicione. Y así, nunca alcanza la trágica grandeza que requiere la pavorosa tragedia que protagoniza. En el mismo caso, toda proporción guardada, está el español Díaz Indiano, quien también está frío en el Tiresias. El corifeo de Ricardo Fuentes luce ampuloso, porque canta demasiado. Así debe ser, entiendo, el coro, y en consecuencia el corifeo, voz cantante de aquél, tiene que producirse en tono musical, y ... danzando. Así se hacía en su tiempo, y así lo aconseja la tradición, de donde se produce innumerable interpretación que va desde el tono musical sin reservas a la danza, con evoluciones, porque el coro sofocleo es personaje real y consciente, es personaje dramático bien caracterizado y adopta posiciones variadísimas. En el caso de Edipo rey, se trata de un coro de ancianos, porque van a hablar de sucesos muy antiguos; con esto queda explicado que todos lleven máscaras con barbas. (Chiste oportuno, sin embargo, el que comenta que en sale de Santa Claus, porque estamos en vísperas de Navidad).

Género muy difícil de representar ahora el trágico griego, más que nunca falto de sorpresa para el espectador –el enterado, por supuesto–. Ya lo era en su tiempo. Y lo decía Ateneo, autor contemporáneo de Sófocles: "Es cosa linda esto de escribir Tragedias, porque, en primer lugar, los espectadores se saben ya de antemano toda la leyenda aun antes que el actor diga esta boca es mía. Así que no tienen sino mencionar sus nombres. Digo yo: Edipo, y ya ellos se saben todo lo demás: Su padre se llamaba Layo, su mujer Yocasta, las hijas fueron tal y tal, los hijos fulano y zutano, hizo esto y lo de más allá. En cambio nosotros los cómicos, ya es otra cosa: todo debemos de inventarlo: los nombres nuevos, lo que precedió a la acción, lo que ahora está pasando la catástrofe, el prólogo, todo. ¡Y pobres de nosotros si un Cremes o un Fedón se olvidan de algo de esto! Nos viene la rechifla. Los Péleos, Los Teucros (de la Tragedia), éstos sí pueden hacer lo que deseen". Género difícil de repesentar, repito, y más que en ninguna parte, entre nosotros, porque en cada espectador hay un Catón, y no se diga qué clase de Catones se refugian entre los comentaristas del suceso teatral periódico.

¿Y de crítica –se preguntará el lector– qué?... Pues de crítica –como dice un personaje zarzuelero, casi un corista–..., ¡náa! Quédese todo en comentario sano y estimulante para el Teatro Universitario, para Petrone y Prieto, para Ricardo Fuentes, Díaz Indiano, Jorge Landa, Angel Merino, Alvaro Matute, Luis Lomelí, Yerye Beirute, y hasta para Hortensia Santoveña, todos empeñosos, entusiastas.