FICHA TÉCNICA



Título obra Entre mujeres

Autoría Santiago Moncada

Dirección Marcos Miranda

Elenco Rosa María Bianchi, Nuria Bages, Macaria, Silvia Mariscal, Raquel Olmedo

Escenografía Cristina Marínez de Velasco

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Entre mujeres... Cinco premios por actuación”, en El Día, 13 abril 1993, p. 20.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Entre mujeres... cinco premios por actuación

Malkah Rabell

Son cinco mujeres en el escenario, vistas y enjuiciadas por un solo hombre, el dramaturgo español Santiago Moncada, quien despliega una extraordinaria habilidad en el manejo nada fácil de su obra: Entre mujeres. Habilidad heredada de una escuela dramática vieja de siglos, de generaciones de autores de teatro. Se hace extraño que Moncada llegue a nuestro país sin mayor fama, de la cual tal vez goza en su tierra natal. Sólo sabemos que la obra tuvo un clamoroso éxito en Buenos Aires, Nueva York y Los Ángeles.

El título nos engaña. Creemos en un principio que se trata de una de esas comedias frívolas realizada para el goce de un público sin pretensiones. Nos equivocamos. En realidad se trata de Una comedia de múltiples facetas, que abarca una infinidad de géneros, uniéndolos todos en una totalidad monolítica. A veces parece que la comedia va a dar a luz un misterio policial. Otras veces simplemente descorre el velo íntimo de un internado de señoritas donde la moral, la religión y la estupidez de los maestros y de la dirección crean infinitos problemas que persiguen a las ex alumnas por el resto de sus vidas. Entre mujeres nos ofrece un cuadro de caracteres, de vidas, de destinos, que nos señalan que cuanto más alto trepa un carrierista tanto más ciega y sorda se vuelve su conciencia y su sensibilidad; tanto más desaparece toda piedad por el sufrimiento ajeno. Y este texto, en manos de cinco excelentes y conocidas intérpretes femeninas, conquistó en los últimos meses el interés del público de nuestra capital. Indudablemente tienen razón los teatristas que niegan la crisis y aseguran: "Den una buena obra y el público asistirá..." Sin duda el publico sabe lo que quiere.

En el escenario tenemos a Rosa María Bianchi, a Nuria Bages, a Macaria, a Silvia Mariscal y a Raquel Olmedo. Cada una elegida con mucha inteligencia, para el papel que corresponde a su físico y a sus dotes psicológicos. Silvia Mariscal, con su rostro de niña y sus ojos puros, es Hortensia, la víctima –con su confianza y entrega– de la maldad humana, así como de las ambiciones de algunas de esas ex condiscípulas del internado que ya manejaban en su adolescencia el desprecio para los demás, con toda la libertad de los adultos. Nuria Bages como Luisa es la cortesana que se vende al mejor postor y tiene razón al decir después de asistir al enjuiciamiento de las otras que ella al fin de cuentas tan sólo es una "putita" sin mayor pecado. Y el público indudablemente piensa igual.

Los cinco personajes femeninos, son absolutamente todas, excelentes. Tal vez esa gran actriz que es Rosa María Bianchi, que supo darnos en el pasado a una Alma buena de Sechuan y a una Sarah Bernard inolvidables, tiene un papel algo seco, algo falto de matices, es el rol menos lucidor del quinteto. Es la dueña de la casa donde se reúnen las ex alumnas para recordar viejos tiempos, en esa noche fatal, y su personaje es más dedicado a observar y juzgar a los demás que a crear un carácter propio. Pero la perfección de la intérprete se impone al ambiente que crea en su torno durante toda la actuación.

También son excelentes Macaria como Carlota la intelectual del grupo y Raquel Olmedo como la más sencilla Amelia. Pero ya no debemos dar mayores detalles para no quitar las sorpresas del espectador.

Y esas cinco actrices fueron consideradas como las mejores intérpretes de comedia del año de 1992. Y tal vez nunca fue tan acertado el juicio de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro, la veterana de las organizaciones de esta índole, que acaba de cumplir los 50 años como en esta oportunidad Un galardón colectivo, sella más que merecidamente un espléndido trabajo colectivo.

En cuanto a la escenografía, es modesta artísticamente, pero no tiene mayor importancia para el valor de toda la representación. Se debe a Cristina Martínez de Velasco, poco conocida, o desconocida en el ambiente netamente teatral. Esta misma decoración la pudo realizar cualquier otra persona ajena al profesionalismo. Aunque no es nada fácil trabajar en el arreglo de la escena en un teatro circular como el Polyforum Siqueiros, que para la presente oportunidad ha sido arreglado como un teatro italiano, es decir con un foro tradicional, que hacía perder para su uso acostumbrado a varias tilas de asientos. Más, lo bueno del caso fue que el escenario resultó agradable, y servía bien al texto.

Mucho más importante fue la labor del director de escena, Marcos Miranda, aunque algunas voces digan lo contrario y pretendan dar todo el valor de la representación a la obra y al reparto. En lo que no les faltaba razón. Pero no debe olvidarse que una mala dirección puede arruinar la obra y el trabajo del reparto. No fue éste el caso, sino todo lo contrario. Marcos Miranda supo darle todo el mérito tanto el texto como a sus cinco intérpretes femeninas.

Y nos queda la interrogante: ¿Cuánto del valor de esa deliciosa comedia, que puede a menudo transformarse en desgarradora, se debe a la Dirección de Proyectos de Televisión? A la televisión por lo general se la acusa de los máximos crímenes artísticos, es la villana del teatro, y que en el presente caso es la coordinadora de la representación, por lo menos lo es la Dirección de Proyectos de Televisión. La respuesta se la dejamos a los espectadores.