FICHA TÉCNICA



Notas La autora explica los motivos del jurado para otorgar el Premio Juan Ruiz de Alarcón a Jaime Chabaud, en medio de una polémica

Referencia Alegría Martínez, “Sobre el premio JR Alarcón”, en Laberinto, núm. 518, supl. de Milenio, 18 mayo 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Sobre el premio JR Alarcón

Alegría Martínez

Transcurridas 25 emisiones del Premio Juan Ruiz de Alarcón, el reconocimiento otorgado este 2013 a Jaime Chabaud por decisión unánime del jurado –conformado por el dramaturgo José Ramón Enríquez, el director José Caballero y por quien esto escribe en calidad de crítica teatral–, ha desatado una agria polémica que contrasta con la sensibilidad de una parte de la comunidad artística, integrada por quienes invierten cada instante de su vida en la escena.

Por vez primera, este galardón abrió su convocatoria a las propuestas emitidas por dramaturgos, actores, compañías, escuelas e instituciones. En las emisiones anteriores, los jurados proponían a los dramaturgos que consideraban merecedores del premio sin que hubiera participación externa.

El día de la deliberación, los tres jurados nos encontramos únicamente con cuatro propuestas. Una de éstas, apoyada con una enfática carta en tono de ultimátum, como justificación de la candidatura del dramaturgo Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, mejor conocido como LEGOM.

La misiva, firmada por el periodista Fernando de Ita, llegó acompañada de firmas de adhesión de importantes miembros de la comunidad teatral del país y del extranjero, a partir de la solicitud publicada en el sitio teatromexicano.com que dice: “Aprovechamos la publicación de la siguiente convocatoria para pedir nuevamente el apoyo de la comunidad cultural para que el Premio de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón se le otorgue a Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, primero porque tiene todos los merecimientos como autor dramático; segundo en virtud de que está en proceso de trasplante de riñón y no cuenta con seguridad social”. “Solo hay que poner aquí nombre y oficio del apoyante y decir: ´me adhiero’.”

La reacción natural tras esta lectura, es unirse de inmediato como muchos lo hicieron. Sin embargo la convocatoria no estipula que el premio se daría a quien obtuviera más votos.

No obstante, el jurado tomó en cuenta estas manifestaciones y consideró que debía guiarse por el criterio que define la naturaleza del premio expresada en la convocatoria.

Es imprescindible destacar que ni la situación económica o la salud, la amistad o enemistad, las actitudes pasadas o presentes de los candidatos, son criterios de decisión en el otorgamiento de este premio. Asimismo se tiene noticia de que en el 2012, durante la pasada administración el Conaculta aportó para la atención médica de LEGOM, un monto similar al que entrega este reconocimiento, sobre el cual el beneficiado debiera dar cuenta a la comunidad que ahora lo apoya.

Lo que sí se discutió y ponderó, fue la trayectoria dramatúrgica de cada persona. Es falso que este jurado desconociera el trabajo de uno de los candidatos como lo afirma Fernando de Ita, quien se autobautiza “El labriego del teatro”.

Tras las imputaciones y agravios hechos en la red por el periodista De Ita y su sobrino Enrique Olmos, es importante una reflexión. La afirmación calumniosa de que el jurado –cuya trayectoria está a la vista–, fue influido por el director artístico de la Compañía Nacional de Teatro, Luis de Tavira, resulta ofensiva y ridícula. Una muestra más de la liviandad paranoica y el delirio de unas aseveraciones que por lo visto, proyectan la lógica de quien las emite.

Después de un fallo, es explicable que surjan inconformidades y conjeturas, pero difamar sin fundamento, no solo al jurado, sino a terceros que nada tienen que ver con la decisión, es una falta de respeto al teatro, a las personas, instituciones y candidatos.

El Premio Juan Ruiz de Alarcón que hoy recibirá Jaime Chabaud Magnus en la ciudad de Taxco, Guerrero, tiene como objetivo, “otorgar el mayor reconocimiento a la labor creadora de la dramaturgia nacional, cuya trayectoria haya contribuido a enaltecer el teatro mexicano”. A partir de dicho objetivo se tomó la decisión.

La ocasión hoy, llama al despojo de las rencillas por motivos añejos y ajenos al premio, a la solidaridad de facto de una comunidad resquebrajada por el resentimiento, al reconocimiento de las diferentes virtudes que posee la obra de los dramaturgos, a la lectura de sus textos y la observación de sus montajes, a la reflexión y el cuestionamiento respecto a la manipulación guiada por la animadversión que ha ocupado el lugar y la energía de la sensatez.