FICHA TÉCNICA



Título obra Un campo

Autoría Louise Bombardier

Notas de autoría Boris Schoemann / traducción

Dirección Boris Schoemann

Elenco Alejandro Calva, Alejandro Morales, Leonardo Ortizgris, Olivia Lagunas

Escenografía Jorge Kuri

Iluminación Jorge Kuri

Música Joaquín López Chas

Vestuario Pilar Boliver

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Alegría Martínez, “El secreto del cazador”, en Laberinto, núm. 399, supl. de Milenio, 5 febrero 2011, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

El secreto del cazador

Alegría Martínez

Un campo es una obra de animales, humanidad, existencia, muerte, compasión y disparos. Escrita por Louise Bombardier con traducción y dirección de Boris Schoemann, es escenificada por cuatro actores que habitan esperanza y barbarie desde el rincón de un territorio en el que la paz ha sido agujerada.

El presente trabajo, como muchos hechos por Shoemann, creado para niños, jóvenes y adultos, es parte de esta ardua labor que realiza un puñado de hacedores de teatro en nuestro país, por abrir el espectro de este arte a un espectador atento y dispuesto a observar una propuesta compleja que nos remita a lo que de la vida tememos y amamos.

Este director, se ha volcado a traducir para el escenario historias contemporáneas que muestran la aflicción de personas comunes, de seres que nos rondan y de quienes también somos parte.

A Boris le es fundamental desentrañar al ser humano en lo que nos une y desde ahí, con una mirada franca y alerta, indagar tanto en lo que nos angustia y asfixia, como en lo que nos libera, para lo cual elige textos cuyas acciones y palabras van mucho más lejos de lo que en la superficie plantean.

Louise Bombardier, también actriz, nacida en Quebec en 1953, propone su obra, un guión de acciones más que de diálogos, en el que los sonidos, los silencios y las reacciones entre un hombre con escopeta, un joven que viene de ninguna parte, una especie de adolescente salvaje y algunos animales, crean confianza en una comunidad donde el terror les ha llevado a guardar silencio.

Cada vez sucede menos que una puesta en escena genere asombro, produzca silencio y calma en los niños, o impida que sus papás se duerman la función entera. Sin embargo, Un campo lo consigue, aunque los espectadores de menor edad puedan quedarse a la orilla de la intuición sobre el tema que se desarrolla.

Quizá haya padres que no quieran que sus hijos vean sobre un escenario a un cazador que gruñe a todo el que le habla, a una especie de joven desarrapado que balbuceante se desplaza en cuclillas, o a un chico que no recuerda de dónde viene ni quién es, porque todos son personajes complejos que anuncian conflictos y obstáculos reconocibles que se nos antojaría evadir.

Sin embargo, en el mismo escenario, entre ruidos ensordecedores de helicópteros y bombas, hay lugar para curar a alguien, para compartir comida, para escuchar las primeras frases de lectura en una voz grave, casi rota; para acercarse de verdad, a partir del descubrimiento de una ardua labor mantenida en reserva.

Alejandro Calva, actor de primer nivel, crea a un personaje enigmático, hermético y repelente para descubrirlo después en la fragilidad de un instante que paraliza el aliento hasta la ternura; él construye al cazador que esconde un secreto.

Alejandro Morales, quien después de algunos años demuestra haber trabajado en la riqueza interna del personaje y en su proyección, interpreta al chico sin identidad que consigue comunicarse, entenderse y poder convivir, al lado de desconocidos incomprensibles que pronto dejan de serlo.

Leonardo Ortizgris, crea en esta ocasión al personaje llamado “La Bestia” a partir de un inmenso trabajo corporal, gestual y de totalidad expresiva que produce una mezcla de repugnancia y ternura. Su mirada y su capacidad de juego se funden en la hechura de un personaje de dificultad mayor que se desarrolla en equilibrio.

Olivia Lagunas, libre y desenfadada en su rol de personaje manipulador de animales que además del muñeco que anima, interactúa con el entorno y reacciona a la circunstancia, resume en su trabajo ese guiño de juego, humor y misterio que realiza un ser poseedor de la capacidad, cuando se requiere, de ser neutral.

La escenografía e iluminación de Jorge Kuri, realizada con carrizos amarillos de diferentes largos, plantea un campo de dimensiones cambiantes que bien puede extenderse o acortarse a partir de estas empalizadas al tiempo que contiene una puerta como evocación de una hermética cabaña, espacio adecuado para esta obra sobre el acoso violento, que invita a la cercanía.

La música de Joaquín López “Chas” es imprescindible en la sonoridad de este campo en que la voz humana, el canto, el rumor de los animales y el espacio de silencio, crean todo un lenguaje que el espectador percibe con agrado porque le permite llenarlo de preguntas, de información, de expectativa y esperar la siguiente sorpresa.

Con diseño de vestuario de Pilar Boliver, que tomó prendas cotidianas para dos personajes masculinos, e imaginativas para la chica y “La Bestia”, acordes dentro de esta ficción en la que nos ensordecen los estruendos de la realidad cotidiana, al tiempo en que nos abraza el humor y el juego, el equipo de este montaje, para el que se diseñaron unos animales planos en madera, cuya autoría no se mencionó, se dispuso a trabajar con rigor para hacer un teatro que empieza a cobrar fuerza: aquél que abre su puerta a todo el que deseé dar dentro un paso.